Universia Knowledge Wharton. La economía de la zona euro está experimentando una frágil recuperación desde que el presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, anunciara a finales del año pasado que la institución haría "lo que fuera preciso" para proteger el euro.

Durante buena parte del primer semestre de 2013, eso se tradujo en una economía que continuaba su caída, pero a un ritmo más lento. En la región se produjo finalmente un cambio de tendencia con un crecimiento del 0,2% en el segundo trimestre. No se debe esperar, sin embargo, que las cifras trimestrales superen de forma holgada el 0,5% durante el año próximo o en los siguientes dos años, lo que significa una probable recuperación sin generación de empleo. Knowledge@Wharton conversó con Mauro Guillen, profesor de Gestión de Wharton, para saber qué rumbo seguirá la economía.

A continuación, la versión editada de la entrevista.

-Parece que los 18 meses de recesión en Europa han llegado a su fin, por lo menos oficialmente. En el segundo trimestre, ha habido un crecimiento del 0,2%, una cifra modesta, pero desde luego mejor que una negativa. Además, la manufactura aumentó por primera vez en dos años. ¿Continuará esa tendencia? ¿Cuál es su opinión sobre el significado de esas cifras? Parece también que ese crecimiento aún no ha influido de forma significativa en el desempleo.

-Como es sabido, el indicador de desempleo es lento, y se necesita una cifra de crecimiento superior al 0,2% para rebajar la tasa de desempleo. Europa ha pasado por una recaída en la recesión. Hubo una justo después de la crisis financiera. A continuación, hubo una segunda, cuyos efectos, naturalmente, se sintieron más en algunos países que en otros, principalmente en los países periféricos del sur.

¿Ese escenario persistirá junto con la tendencia de crecimiento lento? Probablemente, sí. No creo que el crecimiento se acelere en los próximos dos o tres años. Tampoco espero una tercera recaída en la recesión. Creo que el crecimiento se situará, posiblemente, entre 0,2%, 0,5%, 0,6% más o menos el año que viene o en los próximos dos años hasta que todas las economías de la región hagan ajustes.

-Existe el temor de que la recuperación no venga acompañada de la generación empleo, de tal manera que algunos indicadores presenten mejoras económicas, pero aquel que realmente interesa a la gente común y corriente es el del desempleo. ¿Cuáles son las perspectivas de una recuperación sin empleo?

-¿Bien, no habrá empleo si tenemos una recuperación tímida, muy lenta, correcto? Si esas economías estuvieran creciendo hoy 2% o 3%, entonces creo que veríamos rápidamente un crecimiento mayor del empleo. Su pregunta es muy importante, porque antes de la crisis algunos países tenían sectores con un número elevado de empleados: comercio minorista, construcción, etc. La recuperación rápida del comercio minorista continúa siendo una gran incógnita. Se trata de un sector que emplea a mucha gente en Europa, así como en EE.UU.

Creo que otra gran incógnita está relacionada con el sector de la construcción o de los inmuebles en general. No se sabe si van a generar muchos empleos. Creo que es mejor ser cauteloso respecto a esas perspectivas porque, repito, no se han hecho todos los ajustes. No todos los países de Europa han recuperado la competitividad perdida en los últimos diez años antes de que golpeara la crisis.

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-La recuperación es bastante desigual. Francia y Alemania están en una situación bastante buena, mientras que los países del sur, muchos de ellos -principalmente España, Portugal y Grecia- continúan pasando por grandes dificultades. ¿Podría decir cuáles son las perspectivas para esos dos bloques de países?

-Yo dibujaría un mapa un poco diferente, y por las razones que voy a explicar. Más de la mitad de todas las exportaciones de los países europeos van hacia otros países de Europa, y la mayor parte de ellas a otros países de la zona euro. Sabemos también que todos compiten entre ellos en las mismas categorías de productos.

Hay una gran superposición, especialmente entre Alemania, de un lado, y Francia, Italia y España, de otro. Por lo tanto, de esas cuatro economías, que son las mayores de la zona euro, España ha sido la que ha hecho los mayores ajustes hasta el momento, sin embargo, no los suficientes, porque el país ha recuperado cerca de un tercio de la competitividad que perdió antes de la crisis en los últimos diez a doce años.

Italia, sin embargo, ha hecho muy poco. Y, como sabe, políticamente Italia está en una situación de gran confusión en estos momentos. Francia, por increíble que parezca, no ha recuperado nada del terreno perdido respecto a Alemania, aunque los dos países tengan una superposición del 70% en los mercados de productos en que operan. En otras palabras, las empresas francesas y alemanas compiten directamente en muchos frentes. Por lo tanto, hay más señales de mejora en España que en Italia y en Francia, aunque tiene razón al decir que la economía francesa, de forma sorprendente, dejó atrás la recesión y ahora está creciendo.

Cuando miramos entonces a países menores como Portugal, Grecia e Irlanda, la que más ha hecho ajustes ha sido Irlanda, de momento. Los griegos recuperaron tal vez la mitad de la competitividad que perdieron, viniendo a continuación Grecia y Portugal. Los portugueses, en realidad, tuvieron una recuperación muy pequeña. Es bueno acordarse de que esos países necesitan tiempo para ajustarse, porque no podían devaluar su moneda [...] Ante eso, esos países necesitan pasar por una devaluación interna muy lenta y dolorosa. Esto significa, por lo tanto, que necesitan ajustar los salarios y aumentar la productividad. Eso toma algún tiempo.

De momento, lo que observamos es que Irlanda y España fueron los países que más han avanzado en ese sentido. Portugal e Italia fueron los que menos avances lograron. Francia, en realidad, tampoco está muy bien, tampoco Portugal. Por lo tanto, ya es posible observar algunas diferencias. Esto no significa de ninguna manera que Francia tenga por delante enormes dificultades. Estoy diciendo simplemente que el país ha perdido tiempo. Todavía no ha hecho los ajustes que tenía que hacer. Y la brecha, digamos, entre Alemania y Francia, persiste. Esos dos países no fueron capaces de subsanar esa diferencia. Eso es lo que muestran las cifras más recientes.

-Los países que, según usted, se están enfrentando a dificultades, sin embargo han hecho avances –no tanto Portugal, pero sí Grecia e Irlanda–, han avanzado gracias a políticas de austeridad, ¿correcto?

-Sí.

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-Si esa austeridad funciona, esto permitirá que vuelvan a ser competitivos, ¿cuánto tiempo tardará en ocurrir? ¿Cuánto tiempo debería durar ese proceso? Lleva así bastante tiempo.

-Bien, las reformas que esos países han estado introduciendo no buscan sólo reducir el déficit presupuestario. En realidad, algunos países han conseguido mejores resultados en ese sentido que aquellos que mencioné. Por ejemplo, España no ha tenido mucho éxito con la reducción del déficit presupuestario. Sin embargo, ha tenido buenos resultados con la reforma del mercado laboral y la reducción de costes, hasta el punto de que España, antes de la crisis, ya registraba déficit en la balanza de pagos. En otras palabras, importaba mucho más que exportaba. Y ahora, por primera vez en 25 años, desde hace algunos meses, está exportando mucho más que importando. Eso es señal de que el país está volviéndose más competitivo, y las empresas están encontrando un medio de vender fuera del mercado doméstico. Y, evidentemente, el mercado doméstico está mucho más deprimido.

Por lo tanto, todo depende, realmente, de la parte de la economía que se esté analizando. Es muy importante para esos países recuperar su competitividad, porque perdieron buena parte de ella, no sólo para las economías emergentes, sino también para Alemania, Holanda y Austria, los países competitivos de Europa. Así, ellos necesitan recuperar el terreno que perdieron a lo largo de los últimos 15 años. En los últimos dos o tres años, con políticas de austeridad, consiguieron subsanar parte de esa diferencia.

Pero lo más interesante de todo eso, es que no consiguieron acabar con el déficit del gobierno porque la tasa de desempleo aún es muy alta. Por eso, hay un gasto muy grande en el seguro de desempleo. Sin embargo, al menos consiguieron cerrar parte de la brecha de la competitividad, y una vez más el país que más resultados consiguió hasta el momento en su empeño por cerrar esa brecha fue Irlanda. Los irlandeses consiguieron cerrar cerca de 50% de ella. En segundo lugar viene España. El tercero, curiosamente, es Grecia. Mientras que Francia, Italia y Portugal no consiguieron ningún resultado positivo en ese sentido, o muy poco. Por lo tanto, la desventaja que tenían hace tres o cuatro años aún persiste. No se hicieron ajustes. Hay varias cosas que necesitan ajustarse, no sólo las finanzas del gobierno, sino también el mercado de trabajo y los costes. Esto porque todas esas cosas ayudarán, a fin de cuentas, a esos países a ser más competitivos.

-En su opinión, ¿cuál debería ser el ritmo de crecimiento de la zona euro de aquí a dos años?

-En general, yo diría que eso dependerá de la existencia, o no, de la zona euro. Depende del tipo de política mixta de corto y de largo plazo que los gobiernos concuerden en introducir. Lo que sabemos es que para que la zona euro pueda crecer, ciertamente necesitamos que Alemania y Francia, que son las dos mayores economías de la región, así como Italia y España, crezcan. De momento, observamos algún crecimiento en Alemania, algo en Francia, aún muy poco en España, aunque la dirección del cambio sea la correcta.

Para ser sincero, el principal problema es Italia, porque el país no ha hecho los ajustes necesarios. Políticamente, la cuestión es bastante compleja. Italia, de todos esos países, es el que más presenta superposición respecto a Alemania. Los italianos producen automóviles, maquinaria, productos químicos; finalmente, todas aquellas cosas que los alemanes también hacen. Por lo tanto, a menos que el país cambie seriamente, tendrá muchas dificultades por delante, porque hay otro país miembro del mismo bloque comercial que es mucho más competitivo, y los dos prácticamente se superponen en aquello que venden en los mercados globales.

-Entonces, ¿Italia debería centrar nuestra atención en los próximos años?

-Yo diría que desde ahora mismo. De hecho, mi preocupación es Italia. Deseo lo mejor para la economía italiana, y creo que sería muy saludable para el resto de Europa si Italia avanzara y se volviera más competitiva. Pero para ser sincero, de momento las cifras no parecen buenas. Otro país que no ha presentado buenos resultados, a pesar del crecimiento reciente del PIB es Francia. Esto porque Francia –por otros motivos– no hizo los ajustes que debía haber hecho. El país no estaba tan presionado por los mercados como los demás. Ha sido lento en las reformas y en los ajustes para ser más competitivo.

-En Europa, la escasez del crédito continuará en la medida en que los bancos sigan con sus temores a prestar. ¿Existe alguna luz al final de ese túnel oscuro?

-Aún no. El problema es que, a diferencia de EE.UU., los europeos han sido demasiado lentos en la tarea de limpiar la balanza de pagos de los bancos – demasiados lentos, sea cual sea el país que se analice. Incluso en las economías saludables como, por ejemplo, Alemania, los bancos continúan sobrecargados porque hicieron numerosas inversiones equivocadas, no tanto en el sector inmobiliario, sino en valores mobiliarios y en algunos de aquellos instrumentos exóticos. Además, compraron también un gran volumen de títulos malos del sur de Europa.

Lo que tenemos en Europa es básicamente un conjunto de economías que dependen de forma excesiva del crédito bancario. La cuestión es que el problema de Europa es muy crítico e importante, porque las empresas europeas dependen de los préstamos de los bancos en un volumen mucho mayor que las empresas americanas, porque aquí en EE.UU. tenemos mercados bursátiles y de títulos mucho más desarrollados que en Europa. Las empresas europeas dependen de los bancos y de la financiación bancaria en mucho mayor grado que las empresas americanas. Pero los gobiernos europeos se han mostrado mucho más lentos en la limpieza de los bancos, asegurando así que puedan volver a su actividad principal de financiar empresas y conceder crédito. Por lo tanto, se trata de un gran problema.

Y hay otro que la zona euro necesita resolver a medio plazo, de aquí a tres o cinco años, y no de forma inmediata: crear una estructura fiscal que soporte la moneda común. Habría entonces una unión fiscal, según entendemos, del lado de las finanzas del gobierno. Sin embargo, es preciso que haya una unión de los bancos del otro lado del sistema financiero, es decir, una única autoridad supervisora. Esa estructura aún no existe. Se está hablando mucho sobre el asunto; hay muchas negociaciones. Se espera que la vuelta a la normalidad sea posible cuando esas instituciones entren en funcionamiento. Eso, sin embargo, debería llevar de tres a cinco años.