“Hola. Vengo a retirar mi carga de cobre”.
“Lo siento. Hoy no podrá ser. Vuelva mañana”.
“¿Por qué? ¡Si mi cobre está aquí!”
“Es cierto, pero para sacarlo tengo que mover el zinc y el aluminio que están apilados antes”.
“¡Y hágalo!”
“No puedo. No tengo la autorización de sus dueños para moverlos transitoriamente”.

La conversación, real, transcurre en Nueva Orleáns. En la entrada de una bodega gigante que integra una red planetaria que se dedica a almacenar metales. Parece un chiste y podría ser nada más que un problema tonto de almacenamiento, pero es parte de un sistema muy sofisticado mediante el cual varios bancos de inversión globales incrementan sus ganancias y hacen subir el costo de materias primas como el aluminio, regulando a piacere cuellos de botella artificiales para crear escasez. Al menos eso es lo que afirman empresas como Superior Extrusion, fabricante de perfiles de aluminio, y varios productores de latas de aluminio para gaseosas y algunas empresas manufactureras de cobre de EE.UU. Para naciones mineras como Chile, Perú, Brasil y México el conflicto, que parece alejado, no es inocente: muestra cómo los mercados de sus materias primas están cada vez más contaminados con presiones de grandes jugadores financieros. Y, en el caso del cobre, anticipa señales de tensión entre jugadores de mercado que dependen de los precios y otros que apuestan a optimizar sus ingresos, aun a costo de crear “fricción” mediante mecanismos como los citados.

Verdades a medias. No se trata de opiniones. Superior Extrusion presentó una demanda contra Goldman Sachs y London Metal Exchange (LME), en Michigan, acusándolas de incurrir en conductas monopólicas. La voz de alarma la dio un artículo del New York Times que mostró cómo Metro International, subsidiaria del banco, arma un “juguemos a la ronda mientras el lobo no está”: hace que el aluminio gire entre sus bodegas, por medio de verdaderas caravanas de camiones, mientras sus clientes hacen colas de días para acceder a sus legítimas tenencias. 

Con ello aparentan cumplir con las normas estipuladas por LME sobre cantidades mínimas que deben estar saliendo de las bodegas de acopio y muestran que no están secuestrando los metales para cobrar más primas del almacenamiento. Pero ocurre lo contrario y, en el caso de las latas de aluminio, al decir de los fabricantes, este mecanismo llevó a que todos los estadounidenses tengan que pagar más en el precio final de las gaseosas. 

En su defensa, Goldman Sachs afirma que sus warehouses (bodegas) manejan apenas el 3% del total que procesa la industria mundial y que los precios actuales de ese metal son inferiores en 40% a los del 2006. Es cierto, lo que no quita que ese 3% es nada menos que 25% de lo que usa EE.UU. O que empujar los precios sea igual de ilegítimo, sean los precios altos o bajos respecto de la media histórica. En la práctica, en su último balance, el banco reveló ganancias de US$225 millones sólo por sus operaciones con aluminio.

Las ganancias de Goldman muestran que, irónicamente, es el gran exceso de aluminio en el mercado (que lo hace barato) lo que ha provisto los incentivos para mantener los stocks en las grandes bodegas mediante lo que en Latinoamérica se llamaría una “bicicleta”. Esto es, un negocio donde el control o peaje del acceso a un activo, en un ambiente de alta liquidez, se usa para generar ganancias. ¿Cómo? “El aluminio tiene un gran exceso de inventarios que se construyó a lo largo de 2008-09, durante la crisis financiera global”, recuerda Eoin Dinsmore, de CRU Analysis. Luego, el entorno posterior de “bajas tasas de interés ha creado un carry trade donde la venta de aluminio hacia adelante, menos el costo de la financiación y el almacenamiento, ha sido rentable”. 

Para este experto en aluminio, “esta situación ha permitido mantener ese gran exceso de inventario efectivamente bloqueado fuera del mercado”. El efecto en el mercado del aluminio en sus precios no es difícil de adivinar, ni es la excepción respecto de otros metales. “Ha habido una cierta acumulación de existencias de zinc en Nueva Orleáns y cobre en Amberes, Johor, Malasia”, revela Dinsmore.
Mientras tanto, en todos estos años de buenos precios y alta producción, los grandes actores latinoamericanos, Vale o Codelco, no han demostrado mayor apuro en entrar al mercado de almacenamiento.

Primas gravosas. Dinsmore explica el mecanismo exacto que explica el fenómeno, en apariencia contradictorio. “La prima de aluminio regional, por encima del precio LME del aluminio que un consumidor paga al recibir la entrega de metales, alcanzó niveles récord en 2012, y se ha mantenido elevada”. 

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La dificultad que enfrentan los consumidores es que la prima regional no se negocia y es difícil de cubrir. Por eso, “aunque se ha señalado que los consumidores de aluminio se han beneficiado de los bajos precios de la LME, la prima se ha movido desde 5% del precio total en 2007 a 14% en 2013”. El resultado final es que los fabricantes de latas y componentes para automóviles, entre otros consumidores de aluminio primario, ven mermados sus márgenes de beneficio. Un conflicto de poder clásico que hoy sale a la luz.

Si bien son Goldman Sachs, por medio de la citada Metro International, y JP Morgan Chase & Co., usando su subsidiaria Bath, los que han sido apuntados por productores manufactureros y la prensa, las denuncias amenazan con empañar el aura de neutralidad de la London Metal Exchange (LME) en un momento tan singular, como crucial, de su historia: a pocos meses de haber sido adquirida por la compañía china Hong Kong Exchanges & Clearing Ltd. (HKEx). 

Suena razonable -y señal de los tiempos- que el trade market histórico de los minerales metálicos se encuentre bajo el control de una empresa ligada al mayor mercado consumidor planetario actual (como lo fue la LME al nacer). Pero no es menor que seis de los 13 miembros del directorio de la HKEx son nombrados por la Secretaría Financiera del gobierno de Hong Kong. No se trata de ser ingenuo y creer que Beijing vaya a tratar de manipular políticamente los mercados de metales, sino de evaluar la permeabilidad de las nuevas autoridades frente a las “zanahorias” financieras que les ofrece su posición.

En Londres, la LME es enfática en negar tanto conocimiento, como amparo o siquiera desatención, respecto de estas sospechas y la investigación en el Congreso estadounidense. Una fuente de la entidad, para esta nota, indica que un proceso de revisión anunciado para moderar y/o acabar con las colas denunciadas está en marcha, pero es independiente de las denuncias. “No hay relación (con ellas). Nosotros estamos comprometidos en revisar nuestras reglas de bodegaje cada seis meses y ya hemos hecho un número de cambios en conformidad con el presente ciclo de revisión”, afirma. Es más: “hemos hecho una serie de cambios en nuestra política de almacenamiento durante los últimos dos años. El primero fue introducido en abril de 2012, y elevó los requerimientos de la carga de salida dependiendo del tonelaje que la empresa de bodegaje almacena por localidad”.

Arde Londres. En vistas a mostrarse abiertos a nuevas modificaciones, la LME asegura que evalúa nuevos cambios: “La propuesta que está en consulta en este momento está diseñada para cortar las filas en las bodegas y prevenir la formación de éstas. Nosotros estamos incentivando a los participantes del mercado a que nos contacten”, aseguran las mismas fuentes. 

Para Paul Dewison, director de metales de base en la consultora especializada Intierra, “si las acciones (de la LME), después de las acusaciones, facilitan más el flujo de mercancías de los almacenes, es probable que afecten las primas spot y haya un efecto negativo en el precio”. Dewison es de los que estiman que los anuncios anteriores del tradicional ruedo londinense “no funcionaron, y la necesidad de una revisión más fundamental es evidente”. 

Una nueva oportunidad de transparentar la situación se abrió el pasado 1 de julio, cuando la LME anunció un período de consultas con respecto a las reglas de carga en las bodegas. “La idea es terminar con el estancamiento de metal detrás de largas colas en pocos lugares. Para almacenes con colas de más de 100 días, la carga de salida deberá exceder la carga de entrada por un importe estipulado, haciendo que las colas duren 100 días como máximo”, expone Dewison. La aplicación de las nuevas normas se prevé para el 1 de abril de 2014. Con estos cambios, “en teoría, una mayor tasa a las cargas de salida hará que el flujo de metal fuera de los almacenes sea más fácil, reduciendo así las primas elevadas y la escasez física”. 

Dinsmore cree que es buena idea, ya que “una disminución de la prima moverá el precio LME más cerca del precio final al consumidor de metal”. Por su parte, Dewison recuerda que Charles Li, el enigmático CEO de la HKEx, señaló que las altas primas son una “condición física saludable... que no es mortal, pero resulta altamente irritante y tiene el potencial de causar daño a largo plazo”. (Además de dirigir la HKEx, Li es presidente de JP Morgan China.) 

No obstante, a juicio de Dewison existe el peligro de que surjan efectos secundarios no buscados. Por ejemplo, “la renuencia de los almacenes de tomar el metal, por miedo a incurrir en compromisos onerosos en las tasas de carga de salida, podría significar más problemas para hacer la entrega física al vencimiento de los contratos”. El experto ve aquí un nuevo riesgo para los grandes demandantes del metal y más incentivo a una “financiarización” in extremis del mercado. 

Pero, tal vez más relevante, es el hecho de que las empresas de bodegaje “ya están promoviendo incrementos en los grandes alquileres”. Podrían surgir incentivos para que “se fije el precio fuera de la empresa de almacenamiento y los tenedores físicos de metales empiecen a preferir la transferencia entre almacenes, comprometiendo la función de búsqueda de precios eficientes en la LME”.

Dinsmore, de CRU Analysis, no cree que esto llegue a ocurrir. “Es poco probable que los precios Benchmark de los metales de la LME sean afectados, porque ninguna de las investigaciones apunta a limitar el comercio de futuros de commodities en la LME”, dice. El mayor impacto estará en otro lugar: una mayor regulación bancaria. “Los bancos en EE.UU. enfrentan más escrutinio regulatorio, con Goldman Sachs y JP Morgan Chase más dispuestos a reducir su actividad en los mercados de productos básicos”. De hecho, podrían ser obligados a hacerlo. “La Reserva Federal –agrega- también está revisando su decisión de 2003 que permitió a los bancos participar en los mercados de las materias primas físicas. Las compañías de trading igualmente podrían enfrentarse a una mayor regulación a partir de la demanda presentada en EE.UU.”.

De hecho, los dos bancos cuestionados ya han indicado estar dispuestos a salir del comercio físico de commodities, con JP Morgan Chase haciendo el anuncio oficial a fines de julio pasado. En ese contexto, se rumorea que BTG Pactual se encuentra interesado en entrar a jugar en las grandes ligas y podría adquirir parte de los activos en venta. Mientras tanto, , la llamada “banca de inversión demasiado grande para caer” está buscando una nueva piedra filosofal que convierta el más humilde negocio en oro.