En un contexto en que el acceso a los medios de pago electrónicos es cada vez más reconocido como un bien para mejorar los niveles de inclusión financiera en la población, los esfuerzos de las compañías por masificar esta herramienta son crecientes. La innovación en las tecnologías y el trabajo en conjunto con otros agentes busca aumentar la confianza de las personas en ellos, lo que es clave para abarcar a un segmento mayor del mercado.

Mientras Master Card se esfuerza por establecer un mercado abierto al pago electrónico con distintas innovaciones, abriéndose a nuevos países y consolidándolo en otros, AméricaEconomía.com consultó con Ann Cairns, presidenta de Mercados Internacionales de la compañía, sobre las tendencias y la apertura de los latinoamericanos en cuanto al uso de las tecnologías de pago.

En este sentido, Latinoamérica es un reflejo de este proceso de crecimiento. Ann Cairns reconoce que la región “registra uno de los crecimientos más rápidos del mundo en el acceso al pago electrónico, lo que se explica en gran parte por tener una población joven y con buena salud económica”.

Respecto al crecimiento y el desarrollo de esta industria, el presidente de Master Card para Latinoamérica y El Caribe, Gilberto Caldart, sostiene que este es posible “debido a una evolución natural de los mercados, cuando empiezan a tornarse un poco más grandes del punto de vista de la participación del medio de pago y empieza el desarrollo de nuevas soluciones; ¡mira lo que está pasando en México y Brasil!, donde conectas el celular y aceptan las tarjetas de crédito”, países que además lideran en inclusión financiera en Latinoamérica.

Sin embargo, para dar el salto y que los medios de pago electrónicos abarquen a un segmento mayor del comercio y la sociedad se requiere más trabajo. El sistema de prepago, por ejemplo, tiende a ser uno de los más confiables para las personas, pues ya están acostumbrados a cargar tarjetas de este tipo para distintos usos, por lo que esta es una de las apuestas para mejorar la cobertura de Master Card. Por ejemplo, a través del pago de subsidios, transferencias de beneficios sociales o soluciones de pago.

En este marco, Cairns alude como ejemplo el caso del Líbano, donde se lanzó un bono electrónico, en conjunto con el Programa Mundial de Alimentos, que permitirá el acceso a comidas a cientos de miles de refugiados sirios y así, además, impulsar la economía local, pues las compras las podrán realizar en los establecimientos cercanos a sus hogares y cuando lo estimen conveniente.

Este trabajo colaborativo entre lo público y privado seduce a la compañía de las tarjetas para su expansión en América Latina, pues según reconoce Gilberto Caldart, existe un amplio margen de posibilidades para concretar alianzas, lo cual es una oportunidad muy grande y que se aprecia mejor considerando que en la mayoría de los países de la región la cobertura con pago electrónico no alcanza el 20%.

Por eso, la clave para concretar las opciones de coberturas más amplias y que los gobiernos se abran a estas posibilidades es, a juicio de Ann Cairns, que “vean al mundo, especialmente cómo terminan estas alianzas. Tenemos que ayudarlos a pensar en cómo funcionan y mostrar las mejores prácticas”.

Regiones como África pueden servir de referncia para Latinoamérica, pues Master Card junto al gobierno de Nigeria lanzó un programa de tarjeta de identidad que combina una solución de identificación biométrica con una funcionalidad de prepago, convirtiéndose así en la iniciativa financiera más amplia de su tipo en el continente.