Buenos Aires. Tres palabras marcaron este año a la mayoría de los 40,1 millones de argentinos: inflación, dólar y energía, tres conceptos que se prevé tengan nuevos impactos el año próximo en el país.

El gobierno admite un índice inflacionario no mayor a 10,8% anual, pero la oposición lo estima cercano al 30%.

La inflación esperada en Argentina para los próximos doce meses es de 30%, "y se mantiene así en su máximo histórico", dijo Guido Sandleris, director del Centro de Investigación en Finanzas (CIF) de la Escuela de Negocios de la Universidad "Torcuato di Tella".

Sandleris sostuvo ante esta agencia que "las expectativas de inflación se mantienen en el máximo histórico".

La semana pasada, el gobierno de la presidenta Cristina Fernández reportó en cambio un índice de 0,9% interanual en noviembre, para un acumulado en los primeros 11 meses del año de 9,4%.

"El gobierno se enfrenta a un serio dilema de política económica,que ya se venía advirtiendo hace tiempo, pero se agravó en las últimas semanas", dijo por separado a Xinhua el analista Juan Seita, de la consultora Management & Fit (M&F).

Añadió que si el gobierno "desea reducir las tensiones cambiarias e inflacionarias para llegar al 2015 relativamente tranquilo, deberá moderar el sesgo expansivo de las políticas fiscal y monetaria".

Según Seita, una política de ese tipo "permitiría proteger, hasta cierto punto, las reservas internacionales y brindar cierto margen de credibilidad a un acuerdo de precios y salarios destinado a reducir la puja distributiva, pero a costa de un bajo crecimiento".

El economista advirtió que, por el contrario, "si decide apuntalar el nivel de actividad e intentar favorecer sus perspectivas políticas, el gobierno tendrá que estar preparado para enfrentar una inflación más alta, aumento de la brecha cambiaria y pérdida sostenida de reservas".

Un anticipo de lo que prevé hacer la administración federal el año que viene lo dio el titular de Banco Central (BCRA, autoridad monetaria), Juan Carlos Fábrega.

Según Fábrega, la emisión monetaria "estuvo en el 25%" en 2013, mientras que en 2014 se va a "trabajar para que este guarismo esté un poquito por debajo".

La emisión monetaria en Argentina es una de las causas, para expertos locales, de la inflación.

"Si miro al año que viene, me cuesta mucho pensar que la economía vaya a crecer y que la inflación vaya a bajar. Vamos a tener otra vez un año de muy poco o nulo crecimiento con inflación alta", advirtió a su turno el ex ministro de Economía Martín Lousteau (2007-2008).

Indicó que a la fecha la economía "está en una senda de estancamiento por los próximos dos años".

"Se puede parar la inflación sin generar un costo importante. El problema es que el gobierno no se anima que decir de cuánto es", dijo Lousteau, ahora en la oposición.

El dólar fue además de nueva cuenta un eje de idas y vueltas en el país ante la lenta pero progresiva devaluación del peso argentino, de 30,63% este año: arrancó con una paridad de 4,93 pesos y la última semana del 2013, cotizaba por encima de los 6,50, y se espera que supere los 7,30 pesos a lo largo de 2014.

Al comenzar el mes, el gobierno elevó el recargo para compras en el exterior con esa moneda de 20% a 35%, de modo tal que el denominado "dólar turista" pasó los 8,70 pesos, en un intento por acercarlo al "dólar paralelo", cerca de los 9,60 pesos.

"El Banco Central ha manejado en los últimos diez años un mecanismo, que es la flotación administrada, y como se ha demostrado, los períodos de fluctuación del tipo de cambio no han sido igual en todos los períodos", dijo Fábrega a periodistas.

"Este momento es similar a lo que ocurrió en 2009, pero claramente tiene que ver con la política de flotación administrada y acomodamiento del tipo de cambio", añadió.

La política oficial sobre el dólar, cuya compra está impedida para ahorro, y sólo se puede adquirir para viajes al exterior, no impidió la caída de reservas del país, que se ubicaron en US$30.647 millones, para una retracción de US$12.643 millones en el año, equivalente al 29,21%.

"El objetivo en 2014 es también atender el stock de reservas, y hemos logrado, con los mecanismos que se han utilizado en estos últimos 30 días, que el dólar se mantenga", aseveró.

Desde el 5 de diciembre "llevamos sin caída de reservas, y lo vemos como un hecho positivo", consideró.

Pero mucho tendrá que ver al respecto lo que ocurra con la energía, que Argentina debe importar cada vez más debido al déficit local en el materia, situación que queda puesta de manifiesto con los continuos cortes del suministro eléctrico.

"La generación de energía creció en los últimos años menos que la mitad del PIB, y ello derivó en el colapso del sistema", sostuvo el Instituto para el Desarrollo Social Argentino (IDESA).

El instituto observó además que las "tarifas fijadas en valores artificialmente bajos exacerban el consumo y desalientan la inversión".

"Las inconsistencias se disimularon durante mucho tiempo gracias a la expansión de la capacidad de generación de electricidad en años anteriores. Pero consumidas las inversiones acumuladas en la década de los '90 llegaron los cortes del suministro", expuso la entidad.

Para el IDESA, "la solución estructural es fijar las tarifas acorde a los costos de producción acompañadas por una tarifa social para los hogares de más bajos recursos. Esto va a alentar las inversiones que permitirán evitar los cortes", cree.

Esas salidas del suministro, con el consecuente perjuicio para los usuarios, se han convertido en habituales cada fin de año en Argentina, cuando el consumo se multiplica debido a las altas temperaturas.

"Cuando la temperatura supera los 32 grados promedio" durante varios días consecutivos, el "sistema eléctrico entra en tensión", se sinceró días atrás el jefe del Gabinete de ministros, Jorge Capitanich.

El funcionario pidió "inversiones" a las empresas distribuidoras de energía; pero las empresas en cambio reclaman una "adecuación" de tarifas para entonces sí invertir.

Atrapadas en un círculo para nada virtuoso, las palabras inflación, dólar y energía fueron clave durante 2013 en Argentina y, se prevé, volverán a serlo el año que inicia.