La proliferación de empresas de mínimo tamaño y escasa productividad; la elevada informalidad y el autoempleo, así como un escaso desarrollo del sector exportador no tradicional y una baja profundización financiera, son los síntomas de un padecimiento común de la región andina, según un acucioso informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) -¡gratuito y descargable en formato digital aquí!- que tiene como misión entregar una agenda de crecimiento para la zona, basada en la productividad y la inversión.

Editado por Marta Ruiz-Arranz y María Cecilia Deza, el estudio presenta informes de expertos como Javier Beverinotti, Leandro Andrian, Rodolfo Stucchi, Guilia Lotti, Francesca Castellani, María Laura Lanzalot; Leopoldo Avellán y Paul E. Carrillo, entre otros, textos que también identifican las principales políticas públicas que han estado asociadas a dichos síntomas mencionados, profundizando las fallas de mercado o introduciendo nuevas distorsiones al comportamiento de los agentes privados, como son las restricciones impuestas por el mercado laboral, el sistema y la administración tributaria, la política macroeconómica y comercial y la baja disposición de los sistemas financieros para proveer financiamiento a emprendimientos con potencial productivo.

 Para conocer más detalles de esta investigación, AméricaEconomía conversó con una de las editoras, Marta Ruiz-Arranz:

-¿Cuáles son, grosso modo, los principales factores que inciden en la baja productividad y las principales recomendaciones de política para revertir esta situación?

-En el estudio "Creciendo con Productividad: una agenda para la Región Andina" ofrecemos un diagnóstico de los factores asociados con el estancamiento de la productividad en los países andinos. El primero es el "enanismo empresarial"; es decir, una base empresarial dominada por firmas de tamaño muy pequeño y que, a diferencia de lo que ocurre en las economías avanzadas, llegan a concentrar hasta 80% del empleo. Las llamadas "microempresas" en la región andina se caracterizan por escasa eficiencia y productividad y por una elevada probabilidad de morir o no crecer, que en varios casos supera el 40% y el 60% respectivamente. La importancia de este tipo de firmas en la economía de los países andinos indica que los recursos productivos no están siendo asignados eficientemente.

Un segundo factor que incide en la baja productividad son las tasas de informalidad laboral, que en la región andina superan el 50% del empleo total y en algunos casos llegan hasta casi 80%. El autoempleo es también importante en la región como alternativa al mercado laboral formal, especialmente en épocas de desaceleración económica. El autoempleo está asociado a menores salarios y productividad que en un puesto de trabajo asalariado. Encontramos que, en la región andina, en promedio, la mitad de los autoempleados actuales estaría en mejor situación económica si el mercado laboral pudiera absorberlos como asalariados.

Un tercer factor es el escaso desarrollo del sector exportador no tradicional. En la región andina la apertura comercial es todavía baja comparada con otras regiones del mundo, reflejo de la alta concentración de las exportaciones en productos primarios, en especial energía y minerales. Esta estructura exportadora hace a las economías andinas muy vulnerables a los choques externos de los precios de las materias primas y hay evidencia de que pudo haber desplazado a otros sectores más productivos, como la industria -fenómeno que se conoce como “enfermedad holandesa”. El bajo desarrollo exportador es un obstáculo para la productividad porque aísla a las empresas de las tecnologías y prácticas de gestión más avanzadas, además de desalentar la inversión extranjera directa.

Un último factor que identificamos es la baja profundización financiera que limita el financiamiento a emprendimientos con potencial productivo y la eficiente asignación de recursos. En la región andina, el crédito al sector privado como porcentaje del PIB es alrededor de 40%, inferior al de países de ingreso medio-alto y al promedio de América Latina, y se asemeja más al de países de ingreso medio-bajo.

Este entorno de baja productividad y sus manifestaciones son el resultado de fallas de mercado no atendidas por las políticas públicas o nuevas distorsiones introducidas por estas. Un mejor diseño de las políticas públicas podría resultar en ganancias importantes para la economía. En el reporte enfatizamos cuatro ámbitos. Primero, es importante revisar las normas que regulan el funcionamiento de los mercados laborales, enfocándose en aquellos aspectos que hacen rígida y costosa la contratación formal. Segundo, se debe evaluar el diseño de los principales impuestos, removiendo las distorsiones a las decisiones de ahorro, inversión y consumo, al crecimiento empresarial y a la contratación formal, así como fortalecer la capacidad institucional de las administraciones tributarias para combatir la evasión y facilitar el cumplimiento tributario. Tercero, debe impulsarse una mayor integración comercial, reducir los costos logísticos de comercio exterior y mantener políticas macroeconómicas y cambiarias saludables que permitan el desarrollo de un sector exportador de alta productividad. Finalmente, fortaleciendo el marco institucional en el que se apoyan los mercados financieros y promoviendo una política pública proactiva para disminuir las asimetrías de información podría impulsarse el financiamiento a emprendimientos con alto potencial productivo.

-Varios países latinoamericanos poseen sistemas tributarios complejos. ¿Qué influencia tiene esta problemática ante el deseo de aumentar la productividad en la región?

-En el reporte estudiamos dos aspectos del sistema tributario de las economías andinas que influyen en la productividad: el diseño de los impuestos y la administración tributaria. El diseño de los impuestos ejerce una influencia poderosa sobre las decisiones de trabajadores y empresarios, y si dicho diseño no es el adecuado o es muy complejo, puede llegar a ser distorsionante para la eficiencia económica y la productividad. Asimismo, cuando la administración tributaria no combate eficientemente la evasión también se perjudica la productividad, porque se está otorgando un subsidio implícito a empresas, por lo general, menos productivas que de otro modo no serían rentables.

Por ejemplo, los altos impuestos a la nómina, a la renta personal y otras contribuciones determinan la decisión de los trabajadores y empleados de participar en el mercado de trabajo formal. Por ello, el foco de las políticas debe ser la eliminación de aquellos impuestos que pudieran encarecer la contratación formal. Por su parte, el impuesto a la renta de las empresas en la región andina se caracteriza por tasas elevadas en relación con la tendencia de economías avanzadas y generosos incentivos tributarios que complejizan su diseño y promueven la evasión. Proponemos considerar una reducción de las tasas del impuesto a la renta empresarial acompañadas de una racionalización de aquellos incentivos tributarios que no hayan mostrado tener los efectos esperados.

Una particularidad de las economías andinas es la existencia de regímenes especiales de tributación para pequeñas empresas que buscan reducir los costos de cumplimiento tributario y fomentar la formalidad. En el reporte analizamos los casos de Colombia y Perú y encontramos que estos regímenes parecen condicionar el comportamiento de las firmas e involuntariamente incentivar el “enanismo empresarial”. Por ello, estos regímenes deben rediseñarse e integrarse con los marcos laborales y la fiscalización por parte de la AATT (administraciones tributarias) debe fortalecerse para garantizar que ocurra una transición hacia los regímenes generales. Además, los regímenes especiales deberían incluir a empresas nuevas con potencial innovador que no puedan acceder a los incentivos tributarios estándar.

Finalmente, se debe fortalecer la capacidad institucional de las administraciones tributarias andinas para combatir eficazmente la evasión y facilitar el cumplimiento tributario. La mayoría de los países de la región andina ha dado un paso importante en la lucha contra la evasión en impuestos como el IVA al adoptar tecnologías modernas como la facturación electrónica desde hace algunos años. Este sistema, diseñado óptimamente, reduce significativamente el fraude al permitir la validación en tiempo real de las transacciones comerciales. Maximizar el potencial recaudatorio del IVA es importante en la región andina y América Latina en general, debido a la capacidad de este impuesto de amplificar las cadenas de producción formales y, con ello, de impulsar la productividad. Sin embargo, los desafíos persisten y la región debe trabajar en masificar la factura electrónica y extenderla a otros usos, como la nómina electrónica y el control de mercancías.

-¿Qué rol juega la fórmula de las asociaciones público-privadas como modalidad que genera un mejor aprovechamiento de los recursos productivos en A. Latina?

-En la región andina, ha sido la inversión y no la productividad la que ha impulsado el crecimiento elevado observado durante el ciclo alcista de los precios de los commodities. Sin embargo, las fuentes de dicha inversión difieren según los países. Mientras que en Colombia y Perú el principal motor fue la inversión privada, en Bolivia, Ecuador y Venezuela fue la inversión pública. Con todo, las necesidades de infraestructura son todavía importantes: en el reporte encontramos que la región andina requiere inversiones adicionales de entre 4% y 10% del PIB para cerrar la brecha de infraestructura hacia 2025. Esta mayor inversión no puede venir enteramente del sector público, pues los países andinos, en mayor o menor medida, necesitan hacer ajustes fiscales en el corto plazo para garantizar la sostenibilidad de su deuda. Por tanto, se deben buscar soluciones que faciliten una mayor participación del sector privado en la provisión de infraestructura, por ejemplo, mediante el cofinanciamiento de proyectos de infraestructura bajo la modalidad de APP. La región andina tiene diferentes grados de desarrollo de sus entornos para las APP; mientras que Colombia y Perú poseen marcos considerados "desarrollados", el resto de los países están en grado emergente o naciente. Sin embargo, los desafíos en esta labor son todavía importantes; por ejemplo, se deben fortalecer los marcos regulatorios e institucionales, procurar niveles de rentabilidad y riesgos atractivos, mejorar la capacidad de monitoreo y supervisión, incorporar a los gobiernos subnacionales y garantizar la transparencia en los procesos de adjudicación.