El peso mexicano se encuentra, junto con el zloty de Polonia, el yuan de China y el won de Corea del Sur, entre las cuatro divisas menos expuestas a la aversión emergente en una primera y segunda línea de contagio. Pero sí tienen un riesgo de concentración a los flujos de cartera, alerta el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF, por su sigla en inglés).

“La gravedad de los recientes movimientos —en Turquía, Argentina y Sudáfrica— ha aumentado la ansiedad por un posible contagio. Y la acumulación de cartera no residente puede ser un canal de contaminación incluso en ausencia de desequilibrios macro significativos”, precisa el IIF, que es la institución que asocia al mayor número de instituciones financieras de operación mundial.

En un análisis, los expertos del instituto detallan que estos cuatro mercados, incluido el mexicano, “no están particularmente vulnerables por una condición de debilidad en sus cuentas externas o en el manejo de las finanzas públicas”.

Su vulnerabilidad radica en la importante composición de entradas de inversión de corto plazo por un tiempo prolongado, que se ha mantenido alrededor de 32% del total de las emisiones mexicanas. Una proporción que en una nueva escalada de aversión mundial en el episodio actual, los expone a una fuerte liquidación de posiciones emergentes, donde también podrían ser afectados, detallan.

En un análisis sobre mercados emergentes y las fronteras del contagio, los expertos del IIF resaltan que tras la caída de la lira turca, aumentó la aversión al riesgo contra emergentes.

Pero los inversionistas están actuando con selectividad. De manera que el instituto ha clasificado al resto de los emergentes, en función de sus vulnerabilidades, tratando de anticiparse a los que son susceptibles de nuevas liquidaciones de cartera.

“A pesar de contar con menos desequilibrios macroeconómicos de los observados en países como Turquía o Argentina, la velocidad de las entradas de capital de corto plazo los ha colocado en una posición de vulnerabilidad al riesgo de concentración”, detallan.

Lejos de línea de riesgo, pero expuestos. En la primera línea, la que originó esta ola de aversión al riesgo emergente, los primeros caídos han sido la lira turca y el peso argentino.

En un segundo orden de aversión, según el grado de exposición, el IIF encuentra a las divisas de Sudáfrica, Líbano, Egipto, Colombia, Perú e Indonesia.

Según su análisis, estas economías han tenido una fuerte intensidad de flujos de capital y cuentan con un menor flujo de capital productivo, así como vulnerabilidades en el manejo de políticas económicas, certidumbre de sus autoridades monetarias, y/o experiencia para responder a choques externos.

Lejos de la línea de riesgo de primer orden, de impacto o contagio, ubican a las que pese a tener flujos de capital de corto plazo, cuentan también con entradas sostenidas de Inversión Extranjera Directa (IED) que de alguna manera proveen de buffers o colchones para defenderse. En este segmento se encuentran el peso mexicano, el zloty de Polonia, el yuan de China y el won de Corea del Sur.

No obstante la identificación, los estrategas del IIF, liderados para el análisis por Robin Brooks, jefe de economistas en el instituto, agregan que la composición del financiamiento externo, donde las entradas de la IED son más estables, puede proporcionar un colchón incluso si el riesgo de concentración es importante.