Sao Paulo. ¿Presidente inesperado? Si Fernando Haddad llega a subir la rampa del palacio de Planalto, en Brasilia, el 1 de enero de 2019, para colocarse la banda presidencial, sería algo así como otro de los milagros realizados por el ex presidente brasileño Lula da Silva.

En 2010, Lula consiguió colocar en el cargo a su sucesora, Dilma Roussef, una tecnócrata sin experiencia política. Ahora podría volver a triunfar con un candidato que, hasta ahora, no había tenido demasiada fortuna en las urnas.

Hace menos de dos años, Haddad cayó derrotado en su intento de salir reelegido como alcalde de Sao Paulo. Entonces, los paulistas le castigaron con un mero 16% de los votos. Ahora es el "último mohicano” del Partido de los Trabajadores de Lula (PT).

El resto de posibles sucesores están involucrados en escándalos de corrupción o, simplemente, han abandonado el partido. Lula mantiene su popularidad y se le adjudica entre un 30% y un 40% de votos. Si Haddad consigue convencer a una gran parte del electorado potencial de Lula en las tres semanas antes de las elecciones, este alcalde fracasado podría convertirse en un triunfador como presidente.

De marginado a presidente. Tras su rotunda derrota en Sao Paulo, este hijo de inmigrantes libaneses destacó, sobre todo, por sus críticas reflexiones sobre los errores de su propio partido. Durante su época en el Gobierno federal (2003 -2016), millones de brasileños pobres pudieron ascender en el escalafón social.

El candidato del PT tendría posibilidades de conseguir la segunda plaza tras el ultraderechista Jair Messias Bolsonaro, en la primera ronda de las elecciones del próximo 7 de octubre. Tres semanas después, en la segunda ronda, Haddad podría partir como favorito debido a la impopularidad de Bolsonaro.

Como ministro de Educación bajo Lula y Dilma (2005 -2012), Haddad tuvo mucho que ver con esos éxitos. Pero los escándalos de corrupción de los últimos años se han convertido ahora en el eje de su discurso: la renovación ética de una clase política corrupta.

Uno tiene que ser responsable de sus propios errores, advertía Haddad en entrevistas y colaboraciones en periódicos. Pero a muchos de sus amigos del partido no les gustaba esa postura. En realidad, Haddad está considerado como un "marginado” dentro el PT, donde pertenece a la corriente "Mensagem ao Partido”, que aboga por una renovación ética del partido.

En el bando contrario está la fracción dominante "Consstruindo un novo Brasil”, a la que también pertenece Lula. Tras el Impeachment de la ex presidenta Dilma Roussef, a mitad de 2016, esta corriente  apostó por un enfoque populista, presentando al PT como víctima de un golpe de Estado, que también tenía que ver con la condena de Lula a más de 12 años de prisión.

En enero, el Tribunal de Apelación confirmó la condena de Lula por blanqueo de dinero y corrupción. Está en prisión desde principios de abril y sus abogados intentaron, sin éxito, que la candidatura fuese aceptada. Aparentemente, incluso se barajó la idea de llamar a boicotear las elecciones. El hecho de que Haddad tenga ahora el camino libre podría ser más doloroso para Lula que su propia detención. Así se le cae también el mantra de "las elecciones sin Lula son un fraude”.

En el punto de mira. Haddad, que hasta ahora tenía asignado el papel de leer las cartas que Lula escribía en prisión, tendrá que ir rápidamente a Brasilia. Solo se le conoce en Sao Paulo. En la más empobrecida zona del Noreste, donde el PT cuenta con mayores apoyos, al candidato de 55 años se le conoce como "Andrade”. Hasta su nombre libanés suena demasiado complicado por esas latitudes.

Además, Haddad tendrá que renovar su imagen de "tranquilão”. Durante su mandato como alcalde de Sao Paulo, su equipo lo presentaba como el "grande y tranquilo”.

 

Haddad tocaba la guitarra eléctrica, iba a trabajar en bicicleta o en autobús, y no dejaba que nadie lo sacase de su sosiego. Trataba con mucho respeto a sus adversarios políticos, y su idea de construir carriles para bicicletas en Sao Paulo le dio un cierto aura de ecologista. Pero también le costó apoyos, puesto que, entre el tráfico paulista, los carriles para bicicletas son algo así como un pecado mortal.

Política real en lugar de ciencia política. De acuerdo con la crítica interna del partido, Haddad es demasiado autónomo, demasiado intelectual. Mientras que Lula se convirtió en un tribuno del pueblo por su época en el sindicato, Haddad pasó toda su vida prácticamente en las aulas.

Tiene títulos de derecho, economía y un doctorado en filosofía. Su punto fuerte son los pensadores alemanes como Karl Marx y Jürgen Habermas, y la escuela de Frankfurt es su pasión. Además publicó estudios políticos sobre el socialismo y la Unión Soviética. Pero, a partir de ahora, tendrá que dejar la docencia en la universidad y aplicarse en política con más pasión: política real en lugar de ciencia política.

El candidato del PT tendría posibilidades de conseguir la segunda plaza tras el ultraderechista Jair Messias Bolsonaro, en la primera ronda de las elecciones del próximo 7 de octubre. Tres semanas después, en la segunda ronda, Haddad podría partir como favorito debido a la impopularidad de Bolsonaro.

Pero… ¿Cuán difíciles son los retos que le esperan en el cargo? ¿Podría liberarse de la omnipresente sombra de Lula o será solo una marioneta? ¿Gobernará Lula desde prisión con la ayuda de Haddad? Además, desde su primer día en el cargo, Haddad estará sometido a una enorme presión para liberar a Lula. Las tensiones internas del partido irán en aumento por cada día que el ex presidente pase en prisión bajo el gobierno de su hijo político. Un mal presagio para la presidencia de Haddad.