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Elecciones en Estados Unidos 2020: ¿qué esperar para América Latina?

Tras una administración Trump caracterizada por el rechazo a los organismos y relaciones multilaterales y con una agenda en América Latina concentrada en política migratoria, la región está atenta a los resultados de las elecciones presidenciales del próximo martes 3 de noviembre. Y es que Biden podría representar un cambio frente a la indiferencia que ha parecido mostrar Trump frente a América Latina. AméricaEconomía entrevistó a cuatro expertos en política internacional y comercial para medir el impacto de los resultados electorales en Estados Unidos en la región.
Martes, 03/11/2020 Gwendolyn Ledger y Laura Villahermosa

A pocos días de unas nuevas elecciones presidenciales, América Latina se pregunta qué diferencias podría representar Joe Biden en las relaciones comerciales y políticas de la primera potencia mundial con la región. La agenda de Trump con América Latina, según los expertos, ha estado protagonizada por las políticas migratorias y las sanciones a los países de origen de los migrantes a su país, las amenazas a la Venezuela de Maduro y los vínculos de China con la región, cada vez más fuertes.

Biden, por su parte, ha asegurado estar especialmente preocupado por mejorar las condiciones en los países de origen de la migración y ha puesto énfasis en el problema medioambiental, con amenazas a Brasil si no pone coto a la deforestación del Amazonas.

En AméricaEconomía nos adentramos en las implicancias de las victorias de Trump o Biden para América Latina a través del punto de vista de cuatro expertos: Arturo Valenzuela, Subsecretario de Estado Adjunto de Estados Unidos para América Latina durante la primera administración de Obama; Farid Kahhat, profesor principal en el Departamento de Ciencias Sociales de la Pontificia Universidad Católica del Perú; Barbara Stallings, investigadora académica de la cátedra Wm. R. Rhodes del Instituto Watson de Estudios Internacionales, de la Universidad de Brown, en Estados Unidos, y Roberto Bouzas, profesor plenario de la Universidad de San Andrés, en Argentina.

LA RELACION DE TRUMP CON AMÉRICA LATINA

Para Arturo Valenzuela, hasta cierto punto, Donald Trump "ha tenido una política muy importante hacia América Latina y muy visible hacia la región que ha sido casi el centro de muchos de sus discursos internacionales: el tema de proteger las fronteras de esta invasión de gente criminal. De ahí sale el ‘Build the Wall’ (…) lo que ha hecho en la frontera con las familias. En el fondo, despreocupándose, a lo mejor, de los problemas terribles que tienen las familias en los países centroamericanos, pero echándole la culpa a esos países de que no manejan bien esa situación”, dice el analista, quien trabajó con Hillary Clinton en los temas relacionados con América Latina.  

Más ácido, Farid Kahhat lamenta que algunos en América Latina no terminaron de entender que el ‘America First’ no se refería al continente, sino que se refería a Estados Unidos, única y exclusivamente. “Ha tratado a América Latina como ha tratado virtualmente al conjunto del planeta, en el sentido de que prefiere negociaciones bilaterales a acuerdos multilaterales, porque cree, en parte con razón, que a nivel bilateral las amenazas de Estados Unidos surten un mayor efecto”, explica.

El ejemplo está en que su administración no ha tenido ningún problema en aplicar sanciones, “primero a países que supuestamente se consideran aliados de Estados Unidos, como al Brasil de Bolsonaro, al que se le aplicaron aranceles a su producción de acero y aluminio, igual que a Argentina. O en el caso de los países centroamericanos, que son altamente interdependientes de Estados Unidos en lo económico, tienen gobiernos cercanos a este y a quienes también aplicó sanciones. Allá los que creían que por cercanías ideológicas iban a recibir un mejor trato de Trump”, lamenta el analista, quien reconoce que "no consideraría la posibilidad de votar por Trump, ni siquiera ebrio".

“No hay escenario en el cual me parezca que sería una mejor opción. Mi punto sería que no habría que esperar mucho de Biden, pero sí hay razones para pensar que sería menos malo que Trump. Además, es probable gane con mayoría en las dos cámaras del Congreso. No es tan claro en el senado. Pero no veo cómo en las circunstancias actuales Trump puede revertir esto. Me sorprendería mucho que gane”, augura.

“Las relaciones de muchos tipos dependerán de quien gane la elección. La relación directa con China, la relación China-Latinoamérica y hasta el tratamiento del coronavirus también puede depender de quien gane la elección”, anticipa Barbara Stallings.

“Mi idea es que si Trump ganara de nuevo, efectivamente podría poner más requisitos a América Latina. Yo creo que todos piensan que, ganando una segunda vez, no habría ninguna barrera para sus acciones. Puede hacer lo que quiera. Puede presionar mucho más, en un segundo mandato, a lo que ha hecho en estos años”, dice Stallings.

EL MAL ANTECEDENTE: TRUMP Y EL COMERCIO

Si algo ha hecho consistentemente Trump estos cuatro años es disminuir el rol del multilateralismo, apostando por relaciones bilaterales y por adoptar una posición de predominancia y de autarquía, coinciden los analistas.

“Al seguir una política autárquica [Trump] solamente se ha ocupado de que no salga ningún empleo de Estados Unidos y de que no se compren cosas de otras partes. Es una cosa medio absurda en un mundo tan integrado como el de hoy, donde efectivamente América del Norte gracias al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA), pasó a ser una de las zonas más competitivas del mundo (...) Entonces, esa visión autárquica del comercio internacional, es lo primero que empieza a perjudicar enormemente a muchos países de la región” reseña Valenzuela.

Para el analista, la política exterior de Trump en temas de comercio internacional sí ha “impactado enormemente al resto de América Latina, pero se hizo al margen de la región. A diferencia de lo que estaba haciendo el presidente Obama, con el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP), por ejemplo, [la suya] es una visión muy autárquica de lo que debería ser la política comercial de Estados Unidos: que todo se haga en su país, que no haya cadenas de valor, o de producción”, recuerda.

“A México le ha ido mejor de lo esperado, entre otras cosas, porque Andrés Manuel López Obrador engavetó su discurso de campaña y prestó oído A Trump. Él logró renegociar el tratado de libre comercio de América del Norte (NAFTA) en términos que no son dramáticamente distintos de los del acuerdo original, salvo en reglas de origen para la industria automotriz. Aun así, Estados Unidos, una vez firmado el acuerdo, amenazó a México con sanciones por el tema migratorio y logró que este se comprometiese a mantener a los migrantes centroamericanos en su lado de la frontera mientras tramitaban su pedido de asilo frente al gobierno de Estados Unidos”, precisa Kahhat.

El tema es que, al dejar a Latinoamérica “olvidada”, las naciones americanas, con excepción de México, han mirado hacia China.

“El actual presidente de México hizo un muy mal negocio con Trump.  Más o menos Trump puso las reglas y el presidente de México dijo OK. Entonces México tiene casi cero exportaciones a China y muy poca inversión. Lo que sí tiene son muchas importaciones, tiene un déficit comercial enorme con ese país”, destaca Barbara Stallings.

Otro ‘mejor amigo’ de Estados Unidos era Colombia. “Pero Trump empezó a insultarla y el nuevo presidente conservador empezó a acercarse a China. Entonces han aumentado en forma interesante las relaciones China-Colombia en el último, con varias obras de infraestructura importantes. China ahora es el segundo mercado importante para las exportaciones de Colombia”, indica la académica.

A nivel global, Trump ha dañado el comercio internacional por años, considera el académico argentino Roberto Bouzas. “Estados Unidos, y especialmente la administración Trump, ha tenido en relación con el órgano de la apelación de la Organización Mundial del Comercio (OMC) una política muy agresiva, bloqueando la designación de nuevos jueces en el órgano de apelación. Este es un órgano que tiene siete jueces permanentes que son designados por periodos de cuatro años renovables por cuatro más. Estados Unidos ha bloqueado sistemáticamente el nombramiento de nuevos miembros, con lo cual hoy en día solamente hay un miembro en el órgano de apelación, lo cual implica que en los hechos este órgano no puede funcionar, de forma tal que eso ha puesto en crisis muy severa a todo el mecanismo de solución de controversias”, indica Bouzas.

¿QUÉ PASARIA CON BIDEN EN LATINOAMÉRICA?

En los temas vistos claramente va a haber un cambio, considera Valenzuela. “En el tema migratorio y de Centroamérica. No puede haber una política donde hay una violación tan salvaje de los derechos de las personas, aun si son personas que están buscando asilo en Estados Unidos. Segundo, tiene que haber un apoyo más fuerte y una posición bastante decidida en contra de la corrupción. Este es un gobierno que se apartó del Foreign Corruption Practice Act de Estados Unidos, que buscaba erradicar la corrupción. Por eso en el gobierno del presidente Obama el departamento de Justicia llevaba el tema de la FIFA, y de Odebrecht. Hay que volver a una política en ese sentido de apoyo hacia América Latina, basada en los estándares internacionales que son claves para el comercio internacional”, considera.

Con Biden a la cabeza, se volvería a ese enfoque, considera el analista chileno, quien apoya la candidatura del candidato demócrata. “Volvería al comercio internacional, también a las instituciones internacionales. La gente de Trump ha tenido un desprecio con Naciones Unidas, la OMC. Mira lo que pasó con la Organización Mundial de la Salud. Lo que pasa con la Comisión de Derechos Humanos. Incluso, el abrazo que tiene Trump con déspotas en otras partes del mundo. Entonces, toda esa política va a cambiar y la política económica va a estar encaminada a la Rules Pace World donde tenemos reglas claras y donde lo importante es tener transparencia y asegurarse de que, efectivamente, el tema de la corrupción no siga siendo el flagelo. Biden está comprometido a eso y conoce a América Latina, así que vamos a ver un esfuerzo de tratar de recobrar una relación de respeto mutuo entre los países. Fortalecer de nuevo la Organización de Estados Americanos (OEA) y otras entidades de ese tipo”, destaca.

Pero no es solo que Biden gane las elecciones. También importan los resultados del Senado.

“En un escenario en el que Biden es electo, y además obtenga mayoría en el Senado, le daría mucho más empuje para aprobar medidas de política interna, especialmente desde el punto de vista fiscal, tanto a través de metas de gasto como reducción de impuestos. En ese escenario la economía norteamericana crecería bastante más rápido que lo que crecería en un escenario en donde el senado sigue controlado por los republicanos, lo que sumado a senadores demócratas pero más austeros, haría bastante difícil que Biden pudiera pasar paquetes expansionistas como de algún modo está (dicho) en la campaña”, considera el economista argentino Roberto Bouzas.

Y si a Estados Unidos le va bien, a algunas naciones de Latinoamérica también, piensa el académico.

“El impacto económico sobre la región es muy heterogéneo: hay países para los cuales el vínculo con Estados Unidos y lo que pasa con la economía norteamericana es muy relevante, especialmente para México y América Central, versus otras para los cuales realmente relativamente secundario como los países del cono Sur. Por supuesto que hay consecuencias indirectas... lo que ocurre con las tasas de interés, y eso. Pero hay un vínculo a través del comercio mucho más tenue… en cualquier caso estamos por delante de un período relativamente prolongado de tasas de interés, tal vez no cero, pero bajas. Especialmente con los niveles de deuda que se han acumulado a partir de la pandemia”, recalca.

Además Biden tendría una marcada diferencia con Trump.“El programa económico de Biden vuelve a poner sobre la mesa algo que en Estados Unidos durante mucho tiempo fue una mala palabra: la política Industrial. Eso me parece para un país que venía de hace mucho tiempo asociando políticas productivas con mala palabra, me parece un reconocimiento de la realidad, o una adaptación a la realidad, bastante razonable. Si lo miras desde un punto de vista internacional, eso tiene sus problemas, porque necesariamente más activismo en el campo de las políticas productivas implica más potencial de conflicto con el resto del mundo. Lo quieras o no, algún componente de subsidio va a haber, y los subsidios son las prácticas peor disciplinadas en el sistema de comercio internacional, las más ambiguamente disciplinadas, por lo tanto, más activismo, más subsidios, más conflictos…”, reflexiona Bouzas.

LA INMIGRACIÓN

Aunque Biden no ha hablado mucho de la región, ha mencionado cosas puntuales respecto al problema migratorio.

“Él sí continuaría con el problema DACA, que para Perú implica que unos 8.000 jóvenes peruanos no serían deportados, y ya ha dicho que habría una vía de naturalización para los 11 millones de indocumentados que viven en Estados Unidos”, dice Kahhat.

“Desgraciadamente la corrupción en Centroamérica ha sido tan grande que a algunos de esos países se les ha dado, hasta cierto punto, una carta blanca para seguir con temas de corrupción, pidiéndoles que no manden más migrantes. Pero la gente está saliendo por la situación catastrófica en términos de violencia. La impresión que tengo yo es que se requiere un gobierno en Estados Unidos que ayude a liderar la recuperación que tiene que haber en este planeta. Estamos con la peor crisis que ha tenido la humanidad desde principios del siglo XX. En Estados Unidos con la pandemia ha muerto más gente que con todas las guerras en las que ha participado en país en el siglo pasado ¿Cómo no van a estar obsesionados con la muerte de 200.000 personas? Y se dice que podrían llegar a ser 400.000”, reflexiona Arturo Valenzuela. 

EL TEMA AMBIENTAL

Una de las esperanzas entre los fervientes defensores de tomar medidas contra el cambio climático en Biden es su política ambiental, contraria al negacionismo de Trump. Lo que pondría la atención en la actual destrucción del Amazonas.

“Mientras que Donald Trump sigue negando en lo esencial el cambio climático Biden, claramente tiene un programa de US$ 1,7 trillones para afrontar el tema. Es de suponer que si esa va a ser una prioridad en su política interna, probablemente sea un tema en la relación con Brasil, porque es obvio que el gobierno de Bolsonaro oculta la verdad en torno a la verdadera magnitud de la deforestación y de los incendios forestales bajo su gobierno”, subraya Farid Kahhat.

En eso coincide Bouzas. “La agenda Ambiental de Biden será mucho más agresiva que la agenda ambiental de Trump, y eso va a implicar un problema más en general: una administración con una política ambiental más activa más tarde o más temprano va a colocar la demanda de tener que tomar medidas en frontera para compensar la diferencia del impacto de las medidas de mitigación entre Estados Unidos y otros países que tienen conductas ambientales diferentes”, reflexiona.

De todos modos, para él “Brasil siempre va a ser un actor importante aún con Bolsonaro en el gobierno. No imagino que esto cambiaría radicalmente en un escenario de Biden”.

¿QUÉ PASARÍA CON CUBA Y VENEZUELA?

“Si hay algo que ha caracterizado a la política exterior de Trump hacia América Latina en general es el descuido de casi todos los países de la región para enfatizar dos cosas: cómo hacerle la “guerra” a Cuba y el tema de Venezuela. Prueba es que Mauricio Claver-Carone, propuesto por Trump para presidir el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y quien dirigió toda la política del Consejo de Seguridad de la Casa Blanca, es un cubano-americano con una trayectoria muy dura en su política con Cuba y todo lo demás”, considera Valenzuela.

A su juicio, fue un error gravísimo nombrar a una persona en un periodo de cinco años que viola toda la historia de la relación de la creación del BID entre Estados Unidos y América Latina.

“El problema va a ser serio, porque si hay un Senado demócrata y gana Biden este señor, que lo único que hizo como asesor del presidente es preocuparse por el tema de Cuba y Venezuela, va a tener una relación muy difícil con el nuevo gobierno, porque [Claver-Carone] es una persona que tiene una reputación bastante negativa en Estados Unidos, especialmente en todos los equipos que están apoyando a Biden. Incluso un gobierno como el de Chile, con un presidente de derecha, decidió finalmente no apoyarlo con este mismo argumento. Creo que es algo que va a perjudicar al principio la política hacia América Latina, pero veremos qué va a pasar”, indica.

Kahhat coincide en que el problema de esos dos países sigue siendo gravitante con un Biden presidente.

“En su documento sobre América Latina no cita ni una sola vez a Cuba, porque sabe que su posición respecto al país sería la misma que la de Obama, que es impopular en Florida. Respecto a Venezuela, creo que es más o menos obvio que Biden sí retiraría la amenaza del uso de la fuerza de cualquier eventual política hacia el país y tal vez levantaría las sanciones económicas que no afectan tanto a los líderes o empresas vinculadas a los líderes del régimen o a testaferros, como a la población civil”, señala.

Sí podría haber más injerencia con el BID. “En los 80, Estados Unidos utilizaba el poco más del 30% de poder de voto que tiene en el banco para, por ejemplo, vetar préstamos al gobierno sandinista de aquella época. Entonces, no me parece que esté fuera de lo posible que este tipo de prácticas se reediten más aún ahora que controlan la presidencia. Sí creo que va a ser un mecanismo de presión adicional con el que va a contar, por lo menos si se reelige Trump. No es tan obvio si gana Biden”, elucubra Kahhat.

PANDEMIA Y RECONOCIMIENTO DE LA DERROTA

El COVID-19 también es un actor relevante en estas elecciones, consideran los analistas.

Hay tres razones por las cuales creo que la pandemia no va a jugar a favor de Trump. Primero, no ha jugado a su favor en la campaña. Él no ha podido evitar que esta estuviera en el centro del debate político, pero, además, está el hecho de que ya han votado más de 60 millones de personas. Es una cifra muy por encima de los antecedentes históricos. Segundo, los indecisos son mucho menos que en 2016 y son más jóvenes y diversos étnicamente que la media. Entonces, si los indecisos a última hora se deciden por un candidato es poco probable que sea Trump. Tercero, las elecciones van a darse en plena segunda ola (de contagios) y, entonces, el que cuenta con más gente que acuda a votar el día de apertura de las urnas es Trump. Los votantes demócratas son los que están votando en una gran proporción de manera anticipada. Me es difícil creer que nueve puntos de diferencia bajo esas circunstancias se puedan revertir”, destaca Kahhat.

Pero para la académica Barbara Stallings, la cosa no está totalmente dicha, a pesar de la ventaja que registra sostenidamente Biden.

“Las encuestas dicen una cosa; pero las encuestas dijeron la misma cosa hace cuatro años. Las encuestas nacionales cuentan por cero en Estados Unidos. Hillary Clinton ganó la elección nacional, pero perdió en el colegio electoral, por eso no fue presidenta.

Peor aún, la duda de que Trump no acepte una derrota ya está instalada.

“La posibilidad de que lo haga es real. Hay que recordar que Trump dijo que hubo un fraude en su contra incluso cuando ganó, porque no podía soportar la idea de que había ganado por obra y gracia del colegio electoral, habiendo perdido el voto popular. Si no lo aceptó cuando ganó no dudo de que vaya a hacer lo mismo cuando pierda. Su relación con la realidad es bastante frágil. Que él sea capaz de plantear que hubo fraude, no tengo la mayor duda. Creo que juegan en contra dos cosas: la posibilidad de que la ventaja de Biden sea amplia –una posibilidad que me parece real– y la segunda es que pese a todo Estados Unidos tiene instituciones relativamente independientes: prensa, sociedad organizada, y no es como intentar eternizarse en el poder en un país latinoamericano. No creo que prevalezca, pero creo que lo podría intentar”, teme Kahhat.

*Fotos/: Reuters 

LAS RELACIONES DE AMÉRICA LATINA Y CHINA

“Una de las críticas que se hace es que los gobiernos anteriores de Estados Unidos se descuidaron en su relación con América Latina, pero es una óptica equivocada. Es muy cierto de que las exportaciones de materias primas de América Latina subieron en forma espectacular con China y en varios países, como Chile. Ahora, eso en sí ¿es malo? No. Si uno piensa, a Estados Unidos le convenía mucho más venderle máquinas a la región. Si en América Latina se puede vender más materia prima, obviamente, hay más dinero para comprar los productos de las inversiones norteamericanas, que son de un nivel mucho más alto en ese sentido. Por eso mismo fue un error salirse del TTP, porque era una alianza de países que, efectivamente, estaban buscando cómo ir fortaleciendo los estándares internacionales”, dice Arturo Valenzuela.

“Básicamente, [la estrategia de Trump con China] es la ‘del perro del hortelano’, porque lo que les interesa es que sus socios comerciales no tengan acuerdos con China. En general, claramente hay una actitud estadounidense contraria a la presencia china en la región”, agrega Kahhat.

“Trump quiere mostrar es que ha tenido algunos éxitos en términos internacionales y el que podría ofrecer es el acuerdo que hizo con China de la Fase 1. Él quiere mantener una ficción o una realidad que tiene este acuerdo. Y que China va a estar comprando muchos productos de Estados Unidos, especialmente productos agrícolas, que económicamente ha sido malo, especialmente para sus seguidores”, lamenta la profesora Barbara Stallings.

No solo en el agro. “Si miras las resultados de la Fase 1, no ha mejorado la balanza comercial con China; las restricciones que ha aplicado sobre el acero, sobre el aluminio, han tenido como contrapartida una retaliación por parte de otros países, con lo cual también ha perdido competitividad en sus exportaciones a otros mercados”, subraya el profesor Bouzas, quien considera que si el continente americano se transformara en un espacio de competencia Estados Unidos-China, “sería más por el lado de los incentivos negativos, que por el lado de los incentivos positivos. Habría polarización y la región, o algunos países de la región, se verían obligados a tomar posiciones, o bandos”, lamenta.

Es que la presencia de China no es tan benigna como Beijing la presenta. “No es del todo cierto que no tenga una agenda política. Si te pronuncias en contra de sus intereses, puedes sufrir consecuencias. Estados Unidos amenaza a Alemania con sanciones si permite que Huawei participe en el tendido de su red 5G y China a su vez amenaza al país europeo si no cumple con los compromisos asumidos. El tema se está planteando en Brasil y ya vemos como Estados Unidos amenaza a sus propios aliados europeos y hay amenazas recíprocas de China contra el país que se someta a la presión. China está aprovechando la debilidad de algunos gobiernos de la región, como el ecuatoriano y el venezolano, para extraer condiciones muy favorables a sus intereses en la eventualidad de que entren en default. La región no tiene muchas opciones y menos en un contexto de pandemia, cuando la única economía que va a tener crecimiento positivo es China”, puntualiza Kahhat.