Las restricciones cambiarias en Argentina, donde está vedada la compra de divisas extranjeras para el ahorro personal, han revitalizado las operaciones en el mercado local del arte, donde crecen las compras de quienes encuentran en las obras de arte una atractiva alternativa de inversión.

Según datos de la Asociación Argentina de Galerías de Arte (AAGA), la venta de obras de arte aumentó 30% el año pasado, pasando de las 12.000 en 2011 a 16.000 en 2012.

En el primer semestre de este año la tendencia se mantiene al alza pues "la situación cambiaria impulsó al arte a convertirse en una buena opción para el resguardo del valor de la moneda", según explicó la entidad en un informe.

Es un fenómeno atípico que encuentra al mercado de arte argentino, siempre valorado por los coleccionistas locales e internacionales, a precios "de oportunidad" debido a la devaluación del peso argentino tanto en el mercado formal y más aún en el informal.

Pero este cuadro se combina además con barreras para que los coleccionistas locales puedan girar divisas al exterior para comprar obras de arte, lo que hace que vuelvan su mirada al arte argentino, y con inversores que, al no poder destinar sus ahorros a la compra de dólares o euros, comienzan a ver en pinturas y esculturas buenas opciones para volcar sus recursos excedentes.

Como los apartamentos o los automóviles, también las obras de arte se cotizaban en dólares en Argentina hasta que a finales de 2011 comenzaron las restricciones cambiarias.

Solange Guez, dueña de la Galería Guez y miembro de AAGA, dijo a Efe que a partir de este nuevo contexto las galerías tuvieron que adaptarse y "pesificar" sus operaciones, que son "crecientes", especialmente en el segmento del arte contemporáneo.

"Con la pesificación, las obras se volvieron mucho más accesibles para los argentinos. Durante 2012 se han registrado ventas récords y este impulso había comenzado dos años antes", coincidió Amparo Díscoli, experta en arte.

El fenómeno no beneficia a todos por igual: las firmas de artistas ya afamados siguen cotizadas en dólares y las ventas de sus obras no son sencillas; por el contrario, los artistas jóvenes aprovechan la movida, con un "boom" de aperturas de galerías y espacio de arte enfocados en estos creadores.

Según Guez, el arte argentino, como el latinoamericano en general, está "en plano desarrollo y a nivel internacional tiene uno de los valores más bajos, por lo tanto, los precios en algún momento van a crecer y, de ahí, la gran oportunidad para comprar ahora".

Éste es un factor que el año pasado ya fue aprovechado por coleccionistas privados extranjeros que, con los bajos precios, hicieron importantes compras de arte contemporáneo en las ferias locales.

Los tradicionales coleccionistas locales, en tanto, se están volcando al arte contemporáneo argentino en la medida en que los precios en el exterior se vuelven inaccesibles y, para quien sí puede comprar afuera, el giro de divisas es complicado.

Pero los reales impulsores del mercado no son ahora los coleccionistas sino nuevos compradores que se asoman al mundo del arte, con la adquisición de obras por entre 5.000 pesos (US$935) y 50.000 pesos (US$9.350).

Según Guez, muchos optan por hacer pequeñas inversiones en arte pues pasar a dólares una pequeña cantidad de pesos ahorrados -5.000 pesos son unos US$625 en el mercado informal- no es significativo y el arte, además de generar un disfrute inmediato, trae consigo una "promesa a futuro de tener un valor resguardado".

Dado que el perfil de estos compradores es de personas jóvenes no expertas en el mundo del arte, saber elegir entre uno y otro artista y calcular valores presentes y a futuros de las obras no es sencillo.

"Más allá de que no son compras por sumas desorbitantes, en general no hay riesgo de depreciación, eso rara vez ocurre. Por lo demás, hay una regla que dice que de diez artistas contemporáneos que uno compre, uno es el que realmente va a generar un gran valor a futuro. Por eso, uno tiene que desarrollar un 'pool' de compra", señaló Guez.

La sugerencia de la galerista es primero comprar por gusto e intuición y luego recorrer muestras y ferias, informarse e indagar en las colecciones de otras personas para afinar el ojo.