Tan cerca pero tan lejos. Desde Montevideo hasta el centro de la sierra gaúcha, en el noreste del estado de Río Grande del Sur, un viaje en auto puede demorar unas 10 horas. 

Desde Artigas, Rivera o el Chuy, bastante menos. De Montevideo a Porto Alegre hay unos 900 kilómetros. Hasta la sierra son unos 100 kilómetros más. 

¿Cuáles son las cercanías, aparte del kilometraje? Las hay culturales, como el mate, el churrasco, el fanatismo futbolero, un idioma portugués muy españolizado y una ascendencia europea (sobre todo italiana) muy importante.

 Las hay en el clima: en primavera las noches y las mañanas son frías, y el mediodía y la tarde son muy cálidos. Y en la fauna: los horneros (llamados joao do barro) hacen sus nidos en árboles y postes. 

Las distancias están en el paisaje. Las sierras son altas (llegan a los 8.000 metros sobre el nivel del mar) y la vegetación de “floresta”, como le dicen los gaúchos, muestra una abundancia de especies que rara vez se ven en Uruguay en un bosque, como araucarias y plátanos, y a la vez muy alejada del matorral selvático tropical que se puede ver en Río de Janeiro.

Los brasileños dicen que cada estadao es un país diferente y tienen razón. Arroyos y cañadas forman valles bastante profundos, repletos de follaje verde, en postales que dejan a nuestra Quebrada de los Cuervos como una hermana muy menor.

En esa zona serrana, con inviernos fríos (en algunos sitios nieva y en el resto fuertes heladas son frecuentes) y veranos no muy húmedos, Brasil tiene su mayor nodo vitivinícola, concentrado básicamente en un par de valles que rodean a dos ciudades: Bento Gonçalves y Garibaldi.

Cada una de estas ciudades presenta perfiles particulares desde el punto de vista productivo: Bento es la capital del vino, mientras que Garibaldi es la cuna y la meca del espumante. 

El Valle de los Viñedos

Entre Bento, Garibaldi y el pequeño pueblo de Monte Belo se forma un triángulo imaginario con aristas de unos 15 kilómetros, con unos 82 kilómetros cuadrados de extensión. 

El área conformada en su interior (el Vale dos Vinhedos) está tapizada de vides de decenas de cepas diferentes. Allí hay productores pequeños que venden uva a las bodegas más grandes, hay bodegas pequeñas que producen su propio vino, y hay gigantes de la industria del vino en Brasil que producen varios millones de botellas cada año.

Nombres de referencia a nivel local e internacional como las bodegas Miolo, Lidio Carraro (que lanzaron la línea Faces, el vino oficial del Mundial de Fútbol 2014), Vilmar Bettú y Don Laurindo, por nombrar tres muy buenas, se ubican en Valle de los Viñedos, un lugar con una centenaria tradición de inmigrantes de la región italiana del Véneto, que poblaron las sierras a mediados del siglo XIX y llevan la elaboración de vino en su ADN.

A nivel de la industria, el Valle de los Viñedos tiene la importancia de ser la primera región de Brasil con denominación de origen reconocida. 

Otro valle muy cercano, atravesado por el río Das Antas, que le da el nombre, está en proceso de ser reconocido como denominación de origen. Allí se encuentran bodegas boutique, pequeñas y tradicionales, como Cristofoli, y otras gigantes, como Salton. 

A nivel de hospedaje, el Valle de los Viñedos ofrece el Spa do Vinho, un impresionante hotel cinco estrellas literalmente ubicado entre los viñedos, con un aire entre francés y toscano, con una carta de vinos que representa la amplia paleta de ofertas de la región, donde, por ejemplo, no es raro encontrar tannat de alta gama. 

Burbujas y perlas

Hay una forma divertida de hacer el trayecto entre Bento Gonçalves y Garibaldi, además de la ruta asfaltada que salva esa distancia menor a 20 kilómetros.

Se puede hacer en un tren a vapor que los gaúchos llaman María Fumaça. A lo largo de un recorrido de 30 minutos, a los pasajeros se les sirve una copa de vino, escuchan música típica del folklore gaúcho y canciones en dialecto del Véneto, y hasta se puede bailar en los pasillos. 

Con unos 30 mil habitantes, Garibaldi tiene en sus alrededores las mayores bodegas de elaboración de vinos espumantes de Brasil.

Para el despistado que se desayune con la producción de espumantes brasileños, hay que decir que estos han tenido en los últimos años un grado de destaque enorme, y han obtenido premios internacionales, rivalizando con los espumantes franceses.

De hecho, una de las principales bodegas de la zona es Chandon, ubicada en Garibaldi desde hace cuatro décadas.Otra bodega muy tradicional es Peterlongo, una de las pocas del mundo que puede usar el término “champaña” propio de esa región de Francia, por un motivo muy sencillo: en 1913, Peterlongo ya producía vino espumante desde antes que existiera la denominación de origen champagne, que es de 1927. 

En la bodega hay un museo del espumante, donde aparte de poder apreciar todo el proceso de producción, se ven fotos del presidente Getulio Vargas y de la reina Isabel de Inglaterra tomando una copa de Peterlongo.

Los alrededores de Garibaldi están abarrotados de viñedos de las dos cepas emblema para la elaboración de espumantes: chardonnay y pinot noir, a la que se agrega una variedad muy estimada por los locales: el riesling itálico.

Para captar esta importancia en cifras, el 80% de todo el vino producido en Garibaldi es espumante.Más allá del descorcheLa sierra gaúcha ofrece por sí misma paisajes dignos de recorrer, vistas hermosas y pueblos con gustosas tradiciones culinarias, para regar con abundante vino de calidad.

Para los que quieren alternativas al enoturismo, se puede visitar los Caminhos de Pedra, un recorrido por pequeñas cabañas tradicionales donde todavía se mantienen formas de producción artesanales, así como practicar rafting en el río Das Antas, o senderismo en algunos tramos serranos que culminan en miradores para apreciar el paisaje.

Todos estos destinos turísticos, que estimulan los sentidos y la percepción, ayudan a derrumbar mitos y perjuicios. Y además es un formidable viaje al paladar.