Los cubanos salieron a las calles el jueves por la noche para golpear cacerolas y protestar en varios barrios de la capital, La Habana, mientras el país entraba en su tercer día de apagones tras el paso del huracán Ian.

El huracán, que se desplaza hacia el norte a lo largo de la costa sureste de Estados Unidos, provocó el colapso de la red eléctrica cubana previamente esta semana, dejó sin energía a la isla de 11 millones de habitantes y arrasó casas y campos agrícolas.

Para algunos cubanos, que ya sufren la escasez de alimentos, combustible y medicinas, el prolongado apagón fue la gota que colmó el vaso.

Jorge Luis Cruz, del barrio de El Cerro, en La Habana, estaba en la puerta de su casa el jueves por la noche golpeando una olla de metal y gritando con rabia. En las calles aledañas a su casa se oía a decenas de personas golpeando cacerolas desde terrazas y tejados en la oscuridad.

"Esto no funciona, ya basta", dijo Cruz a Reuters. "Toda mi comida está podrida. ¿Por qué? Porque no tenemos electricidad".

Cruz comentó que su familia no quería que saliera a la calle por miedo a que lo llevaran a la cárcel. "Que me lleven", dijo.

Las protestas en las calles de la Cuba comunista son muy poco frecuentes. El pasado 11 de julio, concentraciones antigubernamentales, las mayores desde la revolución del exlíder cubano Fidel Castro en 1959, sacudieron a la isla.

La policía detuvo a más de 1.000 personas, según estimaciones de grupos de derechos humanos, y cientos de manifestantes siguen en la cárcel, según cifras oficiales.

El gobierno cubano afirma que las personas que encarceló fueron juzgadas justamente y declaradas culpables de vandalismo, agresión y, en algunos casos, sedición. Sin embargo, los grupos de derechos humanos afirman que fueron sometidos a juicios falsos y encarcelados injustamente por ejercer su derecho a la libertad de expresión y de protesta.

Un periodista de Reuters confirmó la existencia de cacerolazos y pequeños grupos que protestaban pacíficamente en la calle en otras zonas de la ciudad.

Los informes en las redes sociales también mostraron pequeñas protestas en toda La Habana, y en algunas provincias, desde el jueves por la tarde hasta la madrugada del viernes.

Las comunicaciones por Internet, por teléfono móvil y fijo, parecieron caer en toda La Habana poco antes de las 21.00 hora local (0100 GMT del viernes). Las comunicaciones permanecieron cortadas hasta alrededor de las 3.00 del viernes (0700 GMT).

No estaba claro por qué se habían caído las comunicaciones. El gobierno cubano no respondió inmediatamente a una solicitud de comentarios sobre la situación.

En La Habana, los cacerolazos parecían coincidir con las zonas sin electricidad. En el resto de la ciudad, las calles estaban muy tranquilas.

Las autoridades habían anunciado más temprano el jueves avances en el restablecimiento de la electricidad en La Habana, donde las luces volvieron a encenderse en diferentes barrios de la capital. Sin embargo, algunas partes de la ciudad, las provincias periféricas y vastas zonas del oeste de Cuba seguían a oscuras.

Las temperaturas sofocantes y los abundantes mosquitos -combinados con la amenaza del dengue- tenían los nervios a flor de piel.

"Es todo una mentira, no consiguen nada. Todavía no tenemos luz y nadie nos dice por qué", dijo Tiare Rodríguez, de 54 años, residente del barrio 10 de Octubre de La Habana. Se había unido a un pequeño grupo que golpeaba ollas y se movía por la calle, con demasiado calor para permanecer en su casa.

"Nuestra comida se está desperdiciando, la leche de nuestros hijos se ha perdido. ¿Quién la repondrá?", preguntó. "Nadie".

APAGONES EN PUERTO RICO

Si la ausencia del retorno de la energía eléctrica podría verse como el resultado de las deficiencias del régimen socialista cubano, el otro lado de la medalla es Puerto Rico, pero con similares reusultados.

El pasado 18 de septiembre, el huracán Fiona tocó tierraen Puerto Rico, dejando sin luz a gran parte de esa isla caribeña. Unos días más tarde seguían sun luz y muchos ciudadanos manifestaron su enfado por la privatización del sector eléctrico impuesto por Estados Unidos, de acuerdo con Xinhua.

LUMA Energy, la empresa encargada de distribuir la electricidad en Puerto Rico, escribió en Twitter tras este último apagón que "el restablecimiento total del servicio eléctrico podría tardar varios días" y pedía a los usuarios "apoyo y paciencia".

Pero esa paciencia se había agotado, pues antes del huracán habían sufrido también varios apagones.

En septiembre de 2017, el huracán María asoló Puerto Rico, dejando sin luz a gran parte de la isla. Desde aquel momento, todos pidieron mejorar el sistema eléctrico. Sin embargo, la privatización recetada por Estados Unidos no solo fracasó a la hora de resolver los problemas, sino que también agravó las fallas del sistema eléctrico provocando con ello un descontento cada vez mayor.

La insatisfacción con el sistema eléctrico de Puerto Rico se debe, sobre todo, a los frecuentes cortes de luz en gran parte del territorio y al aumento en los precios de la electricidad.

El cantante puertorriqueño, Bad Bunny, lanzó un video-documental de 22 minutos, el 16 de septiembre, titulado "El Apagón", mediante el cual denunciaba los frecuentes cortes de luz en la isla y su impacto negativo sobre la vida cotidiana de las personas.
El video se hizo viral en Internet.

Según la prensa local, los apagones son una constante desde que LUMA llegó a la isla en junio de 2021.

A pesar de los apagones, los precios de la electricidad han seguido creciendo. Según informes locales correspondientes a agosto de este año, hubo siete incrementos del precio de la luz desde la entrada de LUMA en junio de 2021. Muchos ciudadanos, indignados, han publicado sus facturas en las redes sociales.

Según su página web oficial, la empresa fue constituida en Puerto Rico como una empresa conjunta entre la compañía estadounidense, Quanta Services, y la canadiense ATCO. Detrás de la presencia de LUMA en Puerto Rico está el impulso de EE. UU. para privatizar la red eléctrica del territorio insular.

Puerto Rico tenía una deuda de, aproximadamente, US$ 72 mil millones en 2015. Ante un posible impago de sus deudas, Puerto Rico no tiene derecho a solicitar la protección por bancarrota bajo la regulación del Código de Quiebras de Estados Unidos, debido a su estatus legal de Estado Libre Asociado.

Por tanto, para obtener el respaldo del Gobierno y el Congreso de EE. UU., la Gobernación puertorriqueña asumió "receta" estadounidense para reestructurar su deuda, incluido el plan de privatización del sector eléctrico.

El 2016, el Congreso estadounidense aprobó la Ley de Supervisión, Administración y Estabilidad Económica de Puerto Rico (PROMESA, según siglas en inglés de "Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act"), en virtud de la cual se creó la Junta de Supervisión y Administración Financiera de Puerto Rico, con siete de ocho miembros nombrados por el presidente de Estados Unidos, mientras que el miembro restante es nombrado por el gobernador de la isla pero sin derecho a voto.

Con el aval de la Junta, LUMA Energy ganó la licitación para operar la red eléctrica de Puerto Rico en 2020, que se encarga de la distribución y transmisión de la energía por toda la isla, obteniendo un contrato por 15 años renovables si, finalizado el plazo, hubiese acuerdo entre todas las partes. Tras un traspaso de 12 meses, en junio de 2021, LUMA se hizo cargo oficialmente de la red eléctrica de Puerto Rico.

Pero, menos de quince días después, Puerto Rico volvió a registrar apagones a gran escala, explosiones en subestaciones y otros incidentes que afectaron a millones de personas.

En opinión del Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz, la Ley PROMESA trae "más problemas que soluciones". Afirmó que la Junta carece de "cualquier comprensión de la economía básica" y de responsabilidad democrática para favorecer un mayor control sobre su propia incompetencia.


Con información de Reuters y Xinhua.