Washington. El peor derrame en la historia de Estados Unidos está poniendo a prueba la reconocida capacidad del presidente Barack Obama de mantenerse tranquilo bajo presión. No, él sigue calmado, pero muchos estadounidenses parecen desear que pierda su autocontrol.

"Si hay algún momento para enfurecerse, es ahora, debido a este desastre", dijo el director de cine Spike Lee, instando a Obama durante una entrevista en la cadena de noticias por cable CNN.

La impavidez e imperturbabilidad de Obama le hicieron merecedor del apodo "Obama sin drama" durante la campaña de 2008, y sus colaboradores cultivaron esa reputación mientras lidiaba primero con la crisis financiera y luego con la peor recesión en décadas en su primer año como presidente.

Desde el primer día, Obama ha buscado mostrar que su gobierno está a cargo de las operaciones para detener el derrame de crudo en el Golfo de México, movilizando barcos, personal militar y despachando a miembros de su gabinete a inspeccionar los esfuerzos de limpieza en la costa.

Pero sondeos de opinión muestran que muchos estadounidenses están descontentos con su manejo del derrame, que se ha extendido por seis semanas, y los residentes de la costa del Golfo se han quejado de que el gobierno federal ha sido lento a la hora de actuar y que depende demasiado del gigante energético BP para sus soluciones.

Obama enfrenta críticas porque no ha mostrado suficientes emociones frente al desastre que amenaza con convertirse en una catástrofe ecológica y las formas de vida de miles de pescadores en la costa del Golfo de México.

El gobernante ha dicho reiteradamente que está furioso y frustrado por los fracasos de BP a la hora de detener el derrame, pero muchos estadounidenses aparentemente desean que en verdad lo muestre.

La influyente columnista del New York Times Maureen Dowd apodó a Obama como "Presidente Spock" en una columna del 29 de mayo, criticando su "incapacidad de resumir las emociones de los estadounidenses".

Obama defendió este jueves su característica calma en una entrevista con Larry King de CNN.

"Estoy furioso con toda esta situación", afirmó, pero precisó que "me gustaría sólo pasar gran parte de mi tiempo ventilando mi ira y gritando a la gente, pero ese no fue el trabajo para el que me contrataron", agregó.

"Mi trabajo es solucionar el problema, y finalmente esto no se trata sobre mí ni sobre cuan enfadado estoy", declaró.

El portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, reiteró eso en su reunión diaria del jueves.

"Si saltar de un lado a otro y gritar fuesen la solución para un agujero en el océano, lo habríamos hecho hace seis semanas", sostuvo.

En una reunión informativa la semana pasada, al portavoz se le preguntó cómo se sentía el presidente frente al desastre, a lo que Gibbs respondió: "Enfurecido".

"¿Puede describirlo? ¿Acaso grita? ¿Qué hace?", preguntó un periodista.

"El ha estado en muchas reuniones, con la quijada apretada, aún en medio de estas reuniones, diciendo que debe hacerse de todo", respondió Gibbs.