El Cairo, Xinhua. El ejército egipcio tomó Egipto hacia un nuevo inicio tras forzar la salida del poder del presidente Mohamed Morsi y su grupo Hermandad Musulmana (MB), aunque este último aún tiene oportunidad de sobrevivir, según analistas.

La noche de este miércoles, el ejército egipcio expulsó al mandatario islamista después de darle un plazo de 48 horas para solucionar la creciente división política que había divido a la nación a la mitad, y nombró a Adly Mansour, jefe del Tribunal Constitucional Supremo, para dirigir el país de manera temporal hasta la elección de un nuevo presidente.

En su mapa de ruta para el periodo de transición, el ejército también anunció la suspensión de la vigente y controvertida Constitución y ordenó realizar los preparativos para los venideros comicios generales.

"Egipto comienza ahora una nueva etapa de confianza y reconstrucción que se logrará mediante la redacción de una nueva Constitución y la formación de un nuevo Parlamento", destacó Gamal Salama, jefe del departamento de Ciencias Políticas de la Universidad de Suez.

Aunque Salama no espera la celebración de elecciones presidenciales dentro de un año, se muestra optimista sobre el futuro del país después de Morsi.

Unos dos días antes de la expulsión de Morsi, el ministro de defensa, Abdel-Fattah al-Sisi, señaló en un comunicado que el ejército no formaría parte de la política o las leyes, reafirmando a los egipcios y a las fuerzas políticas del país que (el ejército) no volvería a la política.

El ejército dirigió el país durante unos 17 meses tras las protestas que derrocaron al ex presidente Hosni Mubarak en febrero de 2011.

"El ejército conoce perfectamente su papel nacional y no volverá a gobernar el país", manifestó Salama, quien puntualizó que el ejército aprendió de sus errores anteriores cuando fue criticado por violar la democracia y la libertad durante su etapa al frente del gobierno.

La salida de Morsi fue más rápida pero más difícil que la de Mubarak, pues los millones de personas que salieron a las calles para derrocarlo a él y a la MB fueron enfrentados por masivas manifestaciones de seguidores del presidente, apoyo del cual carecía Mubarak antes de su renuncia.

Sin embargo, Salama cree que la MB es capaz de sobrevivir a la crisis y recuperar un lugar en la vida política y social, pero "con su envergadura normal".

"Si la MB incita a sus seguidores a manifestarse violentamente por la salida de Morsi, entonces sería borrada completamente de la vida política futura", consideró el profesor, quien pidió al grupo entender que había sido expulsado por el rechazo del pueblo, no por el ejército.

Para Mohamed al-Saeed Edrees, experto del Centro de Estudios Políticos y Estratégicos Al-Ahram, el derrocamiento del "presidente de la Hermandad" permite el regreso del país a la normalidad.

Edrees explicó que la Hermandad tiene un líder supremo que está considerado como "el presidente del presidente", refiriéndose a la lealtad de Morsi hacia el líder del grupo como "una catástrofe".

"La Hermandad es aún como cualquier facción o grupo político egipcio que no debe ser apartado de la sociedad y la vida política", indicó el experto, a la vez que precisó que solo quienes han hecho mal al país deben ser procesados, mientras que los demás deben ser tratados como ciudadanos normales.

El grupo, dijo, todavía tiene oportunidad de superar la crisis mediante la legalización de su presencia en Egipto, ya sea como un partido a través de su ala política del Partido de la Libertad y la Justicia, o como una organización islámica caritativa que nada tiene que ver con la política.

Edrees planteó como principal error del grupo, que condujo a la caída de Morsi, intentar monopolizar la autoridad e imponer el control sobre el Parlamento y las instituciones clave, obviando las protestas de la oposición y el pueblo en las calles.

"El gran error del grupo fue imaginarse dueño de Egipto... De manera que comenzaron a usar el país para servir a los intereses del grupo, en lugar de utilizar el grupo para servir a los intereses del país", concluyó.