Florida, EE.UU. Las elecciones de medio término en EE.UU., de este martes 6 de noviembre, se dan en un ambiente de extrema polarización, donde cada bando proclama que si gana el adversario será catastrófico para el futuro del país. Esto en un contexto en que el país ha sufrido en las últimas tres semanas serios atentados terroristas, como el envío de bombas por correos a figuras de oposición, incluyendo al expresidente Barack Obama, al exvicepresidente Joe Biden, al matrimonio Clinton, las oficinas de CNN en Nueva York, y a George Soros, el billonario y filántropo húngaro-americano que apoya causas liberales y al partido Demócrata. Como si esto fuera poco, un atentado terrorista ocurrido en una sinagoga terminó con la vida de once personas de religión judía. Celebraban el sábado santo en Pittsburg. Tanto en este atentado como en el de las bombas, los ejecutores fueron aprehendidos y ambos resultaron ser extremistas de inspiración racista, partidarios de Trump.

El país se encuentra en estado de shock. Una gran mayoría responsabiliza de estos acontecimientos a Donald Trump, cuya retórica odiosa, divisionista y racista ha generado el ambiente facilitador de una violencia extrema. Ahora Trump, para distraer a la opinión publica de estos trágicos y desafortunados acontecimientos y también para inspirar terror y atraer votos, ha presentado como temibles y peligrosos “invasores” a una numerosa marcha de familias hondureñas, de unas 3.000 personas, incluyendo mujeres y niños, que se desplaza en orden y tranquilidad hacia la frontera con EE.UU. para pedir asilo político, pues sus vidas estarían en peligro en su país por la violencia criminal y política, así como por la falta de trabajo. Mas aún, ha dado la orden de movilizar a 15.000 soldados norteamericanos a la frontera con EE.UU. para impedir la “invasión”; y ha expuesto la política (que ya abrazan los bolsonaristas en Brasil) de que en caso de que los soldados reciban piedrazos, deben contestar con fuego de rifles automáticos, si bien luego se desdijo. Para contextuar, en Afganistán hay 15.000 soldados norteamericanos desplegados, lo que hace insólita toda esta agitación a raíz de una caravana de inmigrantes que se encuentra a más de mil millas de la frontera con EE.UU., y que es muy probable que se vaya desintegrando por las dificultades físicas de tan largo recorrido. Al final probablemente solo lleguen unos pocos inmigrantes en algunas semanas más, cuando ya las elecciones hayan pasado.

Con un presidente que no tiene ninguna empatía por los que sufren, que miente de manera patológica, que exalta el odio y el racismo, muchos republicanos moderados, particularmente aquellos de las áreas metropolitanas y de sexo femenino, de las dos costas del país, se han manifestado cansados del odio y la división que provoca el presidente. Han dicho que votarán por los candidatos demócratas como una forma de que EE.UU. recupere aquellos valores históricos que inspiraron a los fundadores del país.

Uno de los temas candentes en estas elecciones han sido las políticas de salud de Trump, particularmente lo que dice relación con la cobertura de las enfermedades preexistentes, las cuales habían quedardo garantizadas en la reforma aprobada durante el gobierno de Obama, conocida como Obamacare y que Trump ha buscado demoler.

Ha llamado la atención la convocatoria sin precedentes en estas elecciones de medio término, donde habitualmente vota menos gente. En efecto, hasta el sábado 3 de noviembre se habían registrado 30 millones de votos ya depositados por los llamados early voters (aquellos que votan antes del día de la elección, sea por correo o en los recintos de votación). En algunos estados como Georgia o Florida, los early voters son más del doble de los que se registraron en las elecciones de medio término de 2014. Y en el caso de Texas, los votos emitidos de manera anticipada son más que todos los votos emitidos en las elecciones de medio término de 2014.

No sabemos a quién terminará beneficiando este mayor interés por votar; lo que sí sabemos es que hay un aumento de la gente joven, de 30 años o menos, que está votando anticipadamente.

En esta elección ambos partidos se están jugando todas sus cartas. Los republicanos están totalmente entregados a Trump (no olvidar que en las elecciones primarias del partido Republicano ganaron mayoritariamente los trumpistas, en relación a los partidarios del establishment republicano), una apuesta, para bien o para mal, a raíz de la cual Trump ha estado haciendo campaña non stop durante el fin de semana, con foco en la elección de senadores, lo que indicaría que el presidente, de alguna manera, estaría dando por perdida la Cámara de Representantes para volcarse a salvar el control del Senado. Especialmente le interesa Florida, donde Rick Scott, gobernador de Florida, está luchando por quitarle el sillón al demócrata Bill Nelson. Ambos se encuentran en virtual empate técnico, según las últimas encuestas. También es clave Texas, donde Beto O’Rourke está tratando de quitarle el sillón a Ted Cruz, republicano, tendencia que ha dominado en Texas por los últimos 20 años. Beto O’Rourke basa su estrategia en conquistar el voto de los jóvenes, los latinos, los afroamericanos y ha conseguido levantar más dinero que Cruz para su campaña. Actualmente, está virtualmente empatado con Ted Cruz.

Los demócratas, al igual que los republicanos, han puesto toda la carne en el asador. Barack Obama ha estado haciendo campaña fuertemente durante la última semana, por el partido Demócrata; ha visitado Georgia para apoyar a la candidata a gobernadora que, en caso de ser elegida, sería la primera gobernadora afroamericana en EE.UU. Ha visitado también Florida en apoyo al candidato demócrata a gobernador del estado de Florida, el afroamericano Andrew Gillum, que está luchando mano a mano con el candidato republicano Roy de Santis. El expresidente Obama se ha enfocado básicamente en la importancia de salir a votar, en cuestionar la figura de Donald Trump, el abandono de la clase media y de lo más pobres. Su foco en las elecciones a gobernadores tiene que ver con la importancia de estos para las elecciones presidenciales de 2020.

Uno de los temas candentes en estas elecciones han sido las políticas de salud de Trump, particularmente lo que dice relación con la cobertura de las enfermedades preexistentes, las cuales habían quedardo garantizadas en la reforma aprobada durante el gobierno de Obama, conocida como Obamacare y que Trump ha buscado demoler.  Muchos candidatos republicanos, como Rick Scott, por Florida, han sido tan descarados que están anunciando que ellos son partidarios de garantizar la cobertura de las enfermedades preexistentes, a pesar de que apoyaron sin restricciones el rechazo a Obamacare y su cobertura de enfermedades preexistentes. Algunos incluso votaron en el Senado o en la Cámara a favor del rechazo a la reforma de salud de Obama.

Considerando toda la información que se tiene a través de encuestas y analizando la situación política, lo más probable es que los demócratas retomen el control de la Cámara de Representantes y los republicamos se queden con el control del Senado. Además, los demócratas podrían dar un buen golpe en la elección de gobernadores. De ocurrir todo esto, según los analistas políticos, se podría esperar que los demócratas trabajarán por expandir el acceso a la salud, incrementar los impuestos a las grandes corporaciones y a los más ricos, y aumentar el control y vigilancia sobre el gobierno de Trump.

Lo más importante de un triunfo demócrata, al menos en la Cámara de Representantes, será que aumentará la probabilidad de que Trump no sea reelecto en 2020, con lo cual podría quedar registrado como un accidente en la historia de EE.UU. y no como una tendencia histórica. De cualquier manera, el partido Republicano sufrirá las consecuencias de haber seguido a Trump en estos años y requerirá de un liderazgo fuerte para enderezar el camino y volver a ocupar su trayectoria histórica.