Alejandro Pérez, Plaza Pública. Sin las remesas que muchos guatemaltecos reciben del extranjero, el Producto Interno Bruto (PIB) estaría 11 puntos porcentuales por debajo de su valor actual. El ingreso de divisas por remesas ha mantenido un incremento constante año tras año y alcanzó una cifra récord en mayo pasado. A simple vista, esto representa un beneficio para Guatemala como país de origen de cerca de millón y medio de migrantes en el extranjero, la mayoría de ellos en Estados Unidos. Esta visión se refuerza con los efectos negativos que han sufrido varias comunidades del país como resultado de políticas de migración más severas en la unión estadounidense.

No obstante, Raúl Delgado Wise, sostiene que “se trata de una ilusión”, pues existen muchos elementos que demuestran que el saldo final para un país exportador de migrantes puede ser adverso a pesar de los ingresos que, en forma de remesas, representa la migración.

Delgado Wise, director ejecutivo de la Red Internacional de Migración y Desarrollo, es doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Pensilvania, Estados Unidos. Ha escrito nueve libros y es autor o coautor de más de 100 ensayos sobre el tema migratorio. Ganador del premio anual de investigación económica Maestro Jesús Silva Herzog en 1993, es miembro de la Academia Mexicana de Ciencias, del Sistema Nacional de Investigadores, así como de varias asociaciones internacionales. Dirige la colección América Latina y el nuevo orden mundial de la editorial Miguel Ángel Porrúa, y actualmente es director del Programa de Doctorado en Estudios del Desarrollo de la Universidad Autónoma de Zacatecas.

Según explica, el mito procede de la visión dominante en la que se presenta la migración como una posibilidad de desarrollo para el país de origen por medio de las remesas. “Esta visión aborda los impactos de la migración en el país de origen y los reduce a las remesas”, sin tomar en cuenta los costos.

La visión alternativa, planteada por Delgado Wise y dos coautores más en el documento "Elementos para replantear el debate sobre migración, desarrollo y derechos humanos", establece que el país receptor no sólo cubre una necesidad de trabajadores, sino que obtiene un gran beneficio puesto que no ha invertido en su formación, tanto en el caso de inmigrantes calificados como no calificados.

“Si esta población (de migrantes) hubiera nacido, crecido y se hubiera educado en Estados Unidos, a ese país le hubiera costado cuatro o cinco veces más”, sostiene Delgado Wise.

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En la publicación ¿Quién subsidia a quién?, que también cuenta con su coautoría, se ejemplifica con el caso de México. “En 2008 México transfirió US$83 millones a su vecino del norte”, en capital humano. El estudio establece que si los niveles de escolaridad –tomando en cuenta los más bajos y los más altos– con los que los migrantes mexicanos llegaron a Estados Unidos, se hubieran conseguido en ese país, su costo habría sido de US$613 millones, a precios constantes de 2008, en el mismo periodo.

El país de destino obtiene muchísimos beneficios. Más del 30% del Producto Interno Bruto (PIB) de Estados Unidos es el resultado del trabajo del migrante. El 52% de su fuerza laboral está constituido de migrantes que aportan su trabajo al crecimiento de ese país.

Los resultados son más evidentes si el enfoque se hace sobre la mano de obra altamente calificada. “Ahora cambiaron el término de fuga de cerebros a circulación de talentos para que no suene tan feo y hacer una apología de ello”, señala. “Creen que simplemente por hacer el contacto con la diáspora calificada, por ejemplo, con doctores guatemaltecos en Estados Unidos, y emplearlos en algún laboratorio, ya con eso automáticamente le llegará el beneficio al país de origen”, menciona, pero añade que se trata de supuestos totalmente falsos porque dejan de lado quién compra y para quién están realmente trabajando. ¿Quién es el que se beneficia de sus capacidades?

Según expone, en muchos casos hasta existe un subsidio directo. Su ejemplo es que hay muchos investigadores tecnológicos mexicanos que trabajan en Silicon Valley, San Francisco, California, y en muchos casos es el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de México el que está poniendo el capital de riesgo y que muchas veces los gobiernos de los países de origen subsidian las tesis doctorales, “que también son caras”.

“Al final, la que se beneficia de esto es la gran corporación”, concluye.

¿Fortuito o intencional?

Delgado Wise explica que aun con la reforma migratoria gran parte de la población migrante se quedaría en la clandestinidad. Pero según supone, no se trata de una situación accidental: “Están generando una política no explícita de población indocumentada”. A Delgado Wise le cuesta creer que con toda la tecnología y el endurecimiento de las políticas migratorias, Estados Unidos no pueda evitar que haya tantas personas penetrando su frontera: “Si pueden encontrar un alfiler con satélite, que no me vengan con que no han podido impedir que les hayan llegado once millones de migrantes”.

No obstante, aclara que una política de migración clandestina tampoco es del todo beneficiosa para el país receptor. “También ellos (Estados Unidos) se están haciendo el harakiri y no lo entienden”, afirma al explicar la conflictividad y criminalidad que puede generar esta situación, pues opina que al enfrentarse tantas personas a la escasez de oportunidades de desarrollo, muchos de ellos optarán por integrarse a las estructuras locales del crimen, “en un país cuyos índices de encarcelamientos van en aumento”.

“Están engendrando en su propia sociedad un germen de descomposición muy grande”, sentencia.

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Las políticas del Consenso de Washington

Su punto de vista es que estos flujos migratorios favorecen más a los países receptores, pero sus efectos redundan en las mismas causas que provocan el éxodo de los países periféricos o “del sur global”: las políticas de la globalización liberal.

Las causas de la necesidad económica que llevan a las personas a migrar, las atribuye en gran medida al Consenso de Washington, término acuñado en 1989 por Jon Williamson para referirse a una decena de prescripciones de política económica que, según él, Washington presentaba como la alternativa estándar para el desarrollo de América Latina, pero que cimentó también algunas de las políticas económicas aplicadas en el resto del mundo.

Los artífices, a su juicio, son el Banco Mundial (BM), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Internacional del Comercio (OIC). “Este trío de organismos internacionales al servicio de los intereses imperiales de Estados Unidos son los que diseñan esta estrategia de manera muy clara”.

El objetivo: “desmantelar el aparato económico de nuestros países, desde las economías más fuertes como la mexicana, hasta otras más débiles como podría ser la guatemalteca”. Tras la desarticulación, se busca readecuarlo a la economía de Estados Unidos y los países periféricos se convierten en “pequeños enclaves”, que según los intereses pueden servir para el desarrollo de las industrias extractivas o para instalar plantas de ensamble, que funcionan como maquilas.

“Nunca hemos tenido formas tan severas de intercambio desigual como las que existen hoy”, enfatiza.

Los medios que Delgado Wise identifica se centran en tres prácticas desarrolladas para los países latinoamericanos: la apertura, la privatización y la desregularización.

En el caso de la apertura, explica, las empresas nacionales tienen problemas para competir porque las otras grandes empresas además de que tienen varios cientos de miles de millones de dólares de capital pueden hacer alianzas entre ellos, desencadenar una guerra de precios y hacer quebrar a sus competidores. “El pez grande se come al chico”.

La segunda fase consiste en quitarle de las manos al Estado gran parte de su riqueza en empresas mediante la privatización. Según expone, en este proceso también participan las empresas públicas que en muchos casos intervienen en la compra de estas compañías “a precios de rebaja”.

Finalmente, con la desregulación, se desarticulan los sindicatos y los mecanismos para garantizar los derechos laborales.

Mano de obra más barata

Pero, ¿cómo inciden estas políticas en el tema migratorio?

Delgado Wise explica que los países subdesarrollados se convierten en paraísos para las grandes corporaciones que incursionan con una imagen de entidades salvadoras que generarán mucho trabajo, pero que como resultado de sus políticas monopólicas tienden a hacer lo contrario, ya que cuando sus competidores cierran operaciones, se deja de generar empleo.

Entre los elementos con los que refuerza su teoría es el porcentaje de la Población Económicamente Activa (PEA) que trabaja en la informalidad. A nivel mundial, se estima que la mitad de los trabajadores se encuentran en esta categoría. En Guatemala, el porcentaje asciende al 75%.

“Se desmantela el bienestar social. El mercado laboral formal se reduce, se hace muy estrecho y con los salarios cada vez más bajos”.

Esto obliga a las personas a buscar oportunidades en otros países. Según Delgado Wise, no se trata de un acto libre y voluntario, “como lo plantea la visión dominante”. Más bien lo define como migración forzada porque es lo que deben hacer estas personas para sobrevivir. En ocasiones, ni siquiera se debe sólo a motivos económicos: “Hay gente que incluso debe irse porque una industria minera o de cualquier tipo deja inhabitable su parcela”.

En Elementos para replantear el debate sobre migración, desarrollo y derechos humanos, se identifica el despojo, la exclusión y el desempleo como causas de las migraciones forzadas, junto con la violencia, los desastres naturales y la trata de personas.

El resultado final es que pierde valor el trabajo, ya no sólo en los países de origen, sino también en los de destino, lo que implica mano de obra más barata a nivel global. El académico atribuye a esta fase del ciclo una parte de la responsabilidad de que el 1% de la población tenga ganancias cada vez mayores, mientras el resto vive en condiciones precarias. En sus palabras: “Hay una embestida contra la clase trabajadora a nivel mundial”.