Brasilia. La candidata escogida por el presidente de Brasil Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones de octubre, Dilma Rousseff, está cerrando la brecha que la separa del líder de la carrera, ayudada por la firmeza de la economía local y un creciente apoyo partidario.

Hasta hace cuatro meses, la jefa de Gabinete de Lula estaba lejos en las encuestas que encabeza el gobernador de Sao Paulo, José Serra, del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), con una diferencia que llegó a ser hasta de 30 puntos porcentuales.

Pero la economía del país, la mayor de Latinoamérica, se recuperó con fuerza de la crisis financiera mundial y Rousseff ganó cobertura mediática al lado del popular Lula, mejorando sus posibilidades electorales.

Un nuevo sondeo de opinión divulgado esta semana reveló que Rousseff está alrededor de 5 puntos porcentuales por debajo de Serra en las preferencias del electorado brasileño.

Según la encuesta, Serra tiene cerca de 33% y Rousseff 28%, mientras que otros candidatos acumulan porcentajes menores.

Las elecciones están programadas para el 3 de octubre y el ganador asumirá la presidencia el 1 de enero del 2011.

"Dilma ha reiniciado el marcador, ahora es cuando comenzó la carrera", dijo Ricardo Guedes, director de la firma de sondeos Sensus, que realizó la encuesta.

Hace seis meses la candidatura de Rousseff parecía incierta. La economía aún trastabillaba y la ex militante de izquierda combatía un linfoma, un cáncer del sistema inmunológico, del cual médicos aseguran que ya se recuperó.

Incluso el Partido de los Trabajadores (PT) de Lula no había aceptado totalmente a Rousseff, una recién llegada a sus filas.

Hoy, la precandidata oficialista está ganando apoyo rápidamente de todos los partidos que forman la amplia coalición de Lula y se espera que el PT la proclame formalmente como su candidata posteriormente este mes.

Calma en los mercados. El surgimiento de Rousseff ha tenido poco impacto en los mercados financieros. Operadores consideran que ni ella ni Serra van a desviarse de las principales políticas económicas de Lula: un cambio flotante, metas de inflación y un superávit presupuestario primario para pagar la deuda pública.

Analistas dicen que es más probable que Serra aumente la participación del sector privado en la economía y se distancie de algunos de los aliados de izquierda de Lula en el exterior.

"Por supuesto que difieren de algún modo, pero nadie en el mercado cree que alguno de ellos altere la estabilidad económica", dijo Luiz Guilherme Piva, director de la consultoría LCA en Sao Paulo.

El PSDB se ha quejado de que Rousseff estaba usando dinero de los contribuyentes para realizar campaña ilegalmente al acompañar a Lula en sus viajes por todo el país.

Serra fue previamente alcalde de la ciudad de Sao Paulo y está previsto que confirme su candidatura el mes próximo.

La economía en expansión apunta a generar más de 1,5 millones de nuevos empleos formales este año y, al mismo tiempo, una cantidad similar de potenciales partidarios del actual Gobierno.

El crecimiento económico, los recortes impositivos y la previsión social bajo el Gobierno de Lula no sólo han sacado de la pobreza a casi 20 millones de brasileños, sino que también han impulsado a la clase media y a muchos negocios.

"Hay más trabajos, a más gente le está yendo mejor con Lula, así que pienso que es mejor que Dilma siga", comentó Francisco Teixeira, un obrero en un sitio en construcción en Brasilia.

Aún así, Rousseff, una economista que nunca ha postulado a un cargo público de elección popular, enfrenta sus propios obstáculos.

Con una apariencia rígida y el discurso monótono de un tecnócrata, lucha a menudo para conectarse con su audiencia.

Eso, según analistas, podría costarle votos en un país donde las personalidades pueden ser más importantes que los temas de campaña.

Otra incertidumbre respecto a la probable postulación de Rousseff a la primera magistratura de Brasil será cómo rendirá en la campaña, dada su falta de experiencia en política electoral. "Esta carrera aún está abierta", dijo José Luciano Dias, un consultor político en Brasilia.