Río Bravo. El año pasado, soldados mexicanos irrumpieron en una casa en Río Bravo, un ruinoso pueblo que hace frontera con Texas, como parte de un operativo contra el narcotráfico.

Ahí encontraron una especie de trastienda propiedad del cártel del Golfo, uno de los mayores organizaciones del narcotráfico en México.

Dentro de la gris casa de una planta, un grupo de trabajadores ayudaba a introducir cargamentos de cocaína a Estados Unidos ocultos en camiones de aguacate, dijeron soldados que patrullan el pueblo.

Desde esa oficina también se rastreaban los embarques con equipo GPS, y los datos se iban almacenando en hojas de cálculo en computadoras portátiles.

Los integrantes del Golfo y sus sicarios se refieren a la organización como "La Compañía", y no sin justificación.

En medio de la violencia y el caos que generan en el país, muchas veces se pierde de vista que los cárteles son capaces de administrar negocios que se han convertido en algunas de las empresas criminales más lucrativas de la historia.

Al igual que en el comercio formal, los cárteles usan modelos de negocio y planeación estratégica para administrar y expandir sus operaciones, hacer adquisiciones y buscar alianzas, dijeron los funcionarios.

"El día de un capo de la droga es tan ajetreado como el de alguien que trabaja en cualquier gran corporativo", dijo un alto funcionario del Gobierno estadounidense en México. "Tienen contadores vigilando cada centavo", agregó.

Surgidos de un puñado de familias que arrebataron el poder a los narcotraficantes colombianos en la década de 1990, los principales cárteles de México han desarrollado franquicias en las principales ciudades de Europa y Estados Unidos.

Ofrecen una amplia gama de productos para los diversos usuarios, desde cocaína y marihuana hasta metanfetaminas. Los gerentes envían de vuelta las ganancias a las entidades que funcionan como casa matriz en México.

Grandes cifras. El presidente Felipe Calderón está intentando acabar con los cárteles utilizando el Ejército, y más de 17 mil personas han muerto en el país por la violencia de estas bandas desde que asumió el cargo a finales del 2006.

Pero parece que la campaña ha tenido poco éxito interrumpiendo las operaciones o limitando las ganancias.

Estimaciones conservadores ubican entre US$25,000 a US$40,000 millones anuales las ganancias del tráfico de drogas en México, monto superior a los ingresos del país por sus exportaciones petroleras en el 2009.

Todo inicia con los productores en los Andes, que venden la pasta de coca a intermediarios como las guerrillas colombianas en unos US$500 a US$800 por kilo, según expertos estadounidenses.

Luego la cocaína es procesada a su forma más pura y vendida a los cárteles mexicanos hasta en US$6,000 por kilo.

Los distribuidores de los cárteles en Estados Unidos y Europa dividen la mercancía en paquetes de gramo que se venden por entre US$80 y US$100, generando entre US$80,000 y US$100,000 por kilo, según datos de la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA).

Algunos distribuidores le restan pureza a la cocaína mezclándola con otras sustancias para generar una utilidad mayor, pero bajo el riesgo de ahuyentar a sus compradores.

Los costos para los cárteles no son poca cosa, empezando por la necesidad de cubrir una larga cadena de sobornos, pero las ganancias son considerables.

"Es como un negocio de materias primas, con grandes márgenes (de utilidad)", dijo José María Ramos, investigador del Colegio de la Frontera Norte, con sede en Tijuana.

Organización corporativa. El despiadado cártel del Golfo y su brazo armado, conocido como Los Zetas, controlan el tráfico de drogas en la región oriental del país hacia Texas.

Además de estar bien organizados y armados, están divididos en tres grandes áreas: una para la distribución internacional de drogas y logística, otra para las finanzas y lavado de dinero, y los Zetas a cargo de la seguridad y las ejecuciones.

Las líneas de mando son difusas, y los Zetas -que también controlan el creciente mercado local de las drogas y la compra de policías, políticos y jueces- se convirtieron el año pasado en una fuerza dominante en la organización, según el Ejército.

"Los líderes de La Compañía siempre están en movimiento, pero tienen una base desde la que hablan con sus administradores, que transmiten las órdenes hacia abajo en la cadena de mando", dijo una fuente cercana al cártel del Golfo que pidió el anonimato.

Motivado por la fortaleza del euro frente al dólar, el cártel del Golfo expandió sus operaciones hacia Europa, en donde formó una alianza con el grupo criminal italiano 'Ndrangheta, según oficiales de la DEA y de Italia.

En una redada en el 2008 se capturó a 500 colaboradores del cártel del Golfo en México, Italia y Estados Unidos, pero no está claro que tanto impacto tuvo sobre las alianzas.

En México, la campaña militar de Calderón ha afectado a algunos cárteles logrando la captura de varios capos, inspeccionando casas de seguridad e incautando armas y dinero.

Pero ese progreso a la vez también complica los esfuerzos gubernamentales para seguir la pista de los cárteles, que buscan nuevas formas de ocultar sus operaciones.

"Antes sabíamos que le pertenecía a cual capo o a cual lavadinero; ahora qué es de tal o cuál capo es muy difícil determinar", dijo Lucinda Vargas, economista y experta en el tema del tráfico de drogas en Ciudad Juárez, que por el número de asesinatos del narcotráfico en los últimos dos años se convirtió en una de las urbes más violentas del mundo.

Los puestos altos de los cárteles mexicanos -como los encargados de lavar el dinero o trazar rutas para el trasiego de la droga- están reservados para familiares o amigos cercanos de los jefes, pero las bandas a menudo buscan en el mercado asesinos profesionales.

En el 2008, el cártel del Golfo colocó mantas invitando a soldados a desertar para sumarse a sus filas, ofreciéndoles mejores salarios para ser miembros de los Zetas, que originalmente fueron un grupo militar que desertó del Ejército a mediados de la década 1990.