Volvió a chocar una formación del Tren Sarmiento, aunque esta vez hubo sólo tres muertos. Las cosas en Argentina se repiten pero de manera distinta. Lo curioso del accidente es que fue usado para hablar de las próximas elecciones parlamentarias, a realizarse en octubre; Florencio Randazzo, ministro del Interior y Transportes, se perfilaba como candidato por el Frente Para la Victoria (FPV), que hoy tiene mayoría en ambas cámaras, pero el accidente hizo que muchos hablaran de la inconveniencia de su postulación.

El frente oficialista es el único que no innovó en su política de alianzas. En él confluyen el Partido Justicialista (PJ), el Partido Comunista, el Partido Intransigente, Nuevo Encuentro y otras organizaciones de izquierda. Cuando se inscribieron las listas parlamentarias a mediados de junio ocurrió algo curioso: la estrategia de los frentes comenzó a ser imitada por la oposición. 

Hasta último momento el PRO (de Mauricio Macri) trató de llegar a acuerdo con el peronismo disidente: con el ex ministro de Economía de Néstor Kirchner, Roberto Lavagna, con el diputado provincial y empresario Francisco de Narváez y con el intendente de Tigre, Sergio Massa, un político popular en la provincia de Buenos Aires, donde se encuentra el 40% del total de votos del país.

Capriles no. Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría, cree que la proliferación de frentes es consecuencia de la crisis del sistema de partidos: “Hasta la crisis 2001-2002, la política argentina era básicamente bipartidaria, el peronismo era un eje y el radicalismo el otro. Esto ya no es así, ya que el radicalismo dejó de ser un eje y muchos de sus dirigentes militan en otras fuerzas políticas”. De ahí que se hable de partido único en Argentina. Para Fraga es sintomático que en tres elecciones presidenciales consecutivas el peronismo haya presentado “tres candidatos a presidente”.

Para el economista del PRO Carlos Melconian, quien hasta último minuto iba como candidato a diputado por la provincia de Buenos Aires, esta voluntad de llegar a acuerdos es producto de la voluntad de la gente “que pide la unión de los argentinos, y no el surgimiento de un líder de la oposición como Capriles”. Para el economista la aparición de Capriles significó consolidar la polarización de la sociedad venezolana, hoy difícil de revertir. Por eso reitera la actitud frentista que ha tenido el PRO y da como ejemplos a seguir la Concertación en Chile, el Frente Amplio en Uruguay y el Partido de los Trabajadores en Brasil. 

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Pero al final el PRO sólo pudo sumar al pequeño partido Unión por Todos. Lavagna, en tanto, anunció que iría con el Partido FE, del sindicalista Gerónimo “Momo” Venegas, y con el ultraderechista Acción Ciudadana, mientras que De Narváez pactó con otro sindicalista, Hugo Moyano, y con La Juan Domingo, agrupación creada para apoyar al gobernador de Buenos Aires Daniel Scioli.

Paso o no paso. La carrera por los frentes está abierta. El otro bloque que tendrá que definir sus candidatos definitivos en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), a realizarse el 11 de agosto, es el Frente Progresista, Cívico y Social. Lo integran la Unión Cívica Radical (UCR), parte del Frente Amplio Progresista (FAP), Proyecto Sur (PS), Coalición Cívica (CC), el socialismo y Libres del Sur. Los candidatos que competirán son Margarita Stolbizer (FAP), Ricardo Alfonsín (UCR) y Adrián Pérez (CC). Este frente tiene su correlato en la Ciudad de Buenos Aires en UNEN, donde hay tres candidatos a senador que competirán: el ex presidente del Banco Central, Alfonso Prat-Gay (CC), Rodolfo Terragno (UCR) y Fernando “Pino” Solanas (Proyecto Sur).

El panorama se torna más confuso aún si agregamos al ex ministro de Economía de Cristina Fernández, Martín Lousteau (en subpacto con Terragno), y a la aliada de Grupo Clarín, Elisa Carrió (en subpacto con Pino Solanas). 

Nicolás Tereschuk es politólogo y uno de los editores del blog artepolitica.com. Para él en la construcción de frentes hay una legitimización de las primarias, que en su momento fueron criticadas por la oposición. El motivo sería que se están convirtiendo en un mecanismo para tener más presencia en el debate público y en los medios de comunicación, lo que incluye además los espacios publicitarios televisivos “que ahora el Estado cede”. Desde esta perspectiva las campañas se abaratan, de modo que Tereschuk las considera una estrategia en principio “inteligente” por parte de la oposición.

No a los 90. Carlos Melconian no comparte la visión de Tereschuk. Para él, el peronismo en cualquiera de sus versiones (menemismo, duhaldismo o kirchnerismo) siempre ha tenido como piso el 35% de la votación, por lo que si el Frente Para la Victoria obtiene ese porcentaje “no significará de ningún modo la consolidación del kirchnerismo, sino una derrota”. Melconian también cuestiona al Frente Progresista, al que equipara con la Alianza de finales de los 90, que llevó a Fernando de la Rúa al gobierno y culminó con la crisis de 2001.

En esto coincide Claudio Lozano –el economista que consulta el Papa Francisco y que hasta hace un mes formaba parte del FAP: “Por eso no compartimos que la estrategia para derrotar al kirchnerismo se resuelva yendo para atrás, ni resucitando al radicalismo ni menos al menemismo”. Lozano cree que el frente progresista tiene poco de progresista, ya que en él hay gente que no haría las modificaciones estructurales que Argentina necesita. Para él lo que hay son dos espacios de reconstrucción: el primero es una opción socialdemócrata (el frente “progresista”) y el segundo es una opción socialcristiana (liderada por Roberto Lavagna, el gobernador de Córdoba José Manuel de la Sota, y que a veces incluye a Mauricio Macri). Al progresismo “histórico” lo critica por una eventual pérdida de rumbo: “Pino Solanas puede tener votos, pero Proyecto Sur desapareció como proyecto político”. Candidato a senador por la Ciudad de Buenos Aires en representación de Camino Popular, Lozano no quiere caer en eso.

A último momento el cuadro del oficialismo se modificó con la inscripción, primero, de la lista del Frente Renovador y, más tarde, con la candidatura por esta lista de Sergio Massa. Se habla de kirchnerismo disidente y a la vez de una candidatura funcional a Cristina, cuestión que se dirimirá en un tiempo más. 

Por el momento las mediciones que dan las distintas encuestadoras entregan adhesiones al gobierno, pero no mediciones de los distintos pactos, y éstas han ido desde un 35% hasta un 42%. Esta última cifra la dio hace un par de meses Poliarquía, la consultora más respetada de Argentina y que acertó en los resultados de las elecciones de 2011. ¿Será entonces momento de preocuparse para la presidenta Cristina Fernández, que vio también caerse su reforma judicial?

Tereschuk cree que no. Para este politólogo no están las condiciones para que la oposición repita su triunfo de 2009, ya que fue “en un contexto de fuerte caída del nivel de actividad en el momento de mayor impacto de la crisis financiera internacional”.