A Glenn Greenwald ya no se le puede enviar una solicitud de amistad en Facebook. La rechaza. Su página dice que ha superado el límite de peticiones, lo cual no sorprende pues este columnista del diario británico The Guardian es hoy uno de los más leídos -y googleados- en la prensa digital y redes sociales.

Hace poco más de un mes se convirtió en el megáfono de Edward Snowden, en el amplificador que subió al máximo el volumen de las revelaciones del ex analista de inteligencia de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA): dejó al desnudo la red de vigilancia masiva orquestada por los servicios de inteligencia de Estados Unidos.

Los más de 214.000 seguidores que tiene en Twitter (@ggreenwald) reciben al menos una vez por hora sus reflexiones sobre la NSA que tanto cuestiona, noticias sobre derechos humanos y lo último que ha dicho o pensado Snowden.

La cantidad de personas que sigue (unos 770) denota que es selectivo: políticos, funcionarios, abogados y escritores de habla inglesa como Eva Golinger, por ejemplo, desde Venezuela.

Hacía más de seis meses que Edward Snowden rastreaba a este bloguero. Sabía que a Greenwald le interesaban los temas de seguridad internacional y derechos civiles. Que se trata de un abogado constitucionalista de 46 años que dejó de litigar para ejercer periodismo en varios medios. Que es un neoyorquino criado en Florida y  vive en Río de Janeiro con su pareja y diez perros adoptados. 

Cuando Greenwald comenzó a recibir los datos que le mandaba Snowden, imaginó que se trataba de un "burócrata anciano a punto de retirarse", nunca alguien de 30 años.

"Me desorientó verlo tan joven. Me pregunté qué lo impulsaba a asumir el riesgo de ir a prisión con toda una vida por delante", relató el columnista vía Skype para la conferencia de Socialismo en Chicago. Cada vez que puede, Greenwald evoca su humor sarcástico para burlarse de ese Gran Hermano que lo tiene vigilado, los de la NSA.

"Si por error prendes la luz, se esconden rápidamente en los gabinetes de la cocina. Ellos creen que no los vemos, por eso siempre les mando saludos para no ser descortés", dijo en esa video conferencia.

No es la primera ocasión que desafía al sistema. Se ha dedicado la última década a denunciar los abusos de las agencias de inteligencia. Pero ya no batalla en tribunales, como hizo luego de graduarse en la Universidad de Nueva York en 1994, sino en los medios de comunicación.

Hace tres años, escribió varios artículos en los que decía que Bradley Manning, el joven soldado que filtró miles de documentos a Wikileaks, merecía una medalla, "no una vida en prisión".

Por esos trabajos ganó en 2010 el Online Journalism Award al mejor comentarista. Ha publicado libros como How Would a Patriot Act (2006) y Great American Hypocrites (2008), considerados controversiales por la crítica. En sus escritos ha cuestionado tanto a demócratas como republicanos,  en las gestiones de Bush y Obama. Aclara que no es ni liberal ni conservador, sino un crítico del poder "tiránico". La política le interesó desde su juventud en Florida. Su abuelo lo inspiró a lanzarse para concejal a los 17 años. Perdió. Así que se fue a estudiar Derecho. Litigó un tiempo y hace ocho años dejó la abogacía para mudarse a Río de Janeiro con su pareja carioca, David Michael Miranda. Están casados y, según Greenwald, las leyes de su país limitan que vivan en Nueva York, su ciudad natal.

Ya mudado a Brasil, comenzó a publicar sus reflexiones en su blog Unclaimed Territory. Los textos le abrieron las puertas en medios digitales como Salon.com y en diarios como The New York Times y The Guardian, el periódico que lo contrató fijo en 2012.  

En Brasil escribió junto a los periodistas de O Globo Roberto Kaz y José Casado reportajes sobre los millones de emails que registró la NSA en América Latina.

Greenwald sabe muy bien que al publicar las informaciones filtradas por Snowden se expone a ataques y a prisión. Pero eso no le quita el sueño.

"No he cometido crimen y puedo apelar la Primera Enmienda para defender la libertad de prensa", respondió al noticiero Democracy Now!Servir de amplificador a Snowden ha causado mucho escozor entre los poderosos.

Pero que esa rabia la desencadenara alguien tan joven como Snowden intrigó mucho al bloguero: "Me dijo que pasó mucho tiempo esperando a un líder que resolviera sus problemas, hasta que se dio cuenta de que el liderazgo es dar un primer paso para defender tus creencias. Me inspiró mucho. La lección es que el coraje es contagioso".