La Habana. Funcionarios de Cuba y Estados Unidos iniciaron el viernes una nueva ronda de conversaciones migratorias, buscando mantener abierto un canal de comunicación tras recientes tropiezos diplomáticos que han afectado intentos de ambos enemigos por mejorar sus lazos.

El encuentro se inició en la mañana en un lugar no revelado de La Habana, dijo una fuente diplomática estadounidense.

Es la segunda reunión desde que las negociaciones migratorias fueron reanudadas en julio del 2009 después de un paréntesis de seis años, en lo que fue interpretado entonces como una señal de aproximación bajo el Gobierno del presidente Barack Obama.

Pero los contactos en La Habana se realizan en un clima poco optimista y ensombrecidos por la detención en diciembre pasado en Cuba de un contratista estadounidense acusado de repartir equipos satelitales ilegales a disidentes.

"Las discusiones se centrarán en la mejor forma de promover una emigración segura, legal y ordenada entre Cuba y los Estados Unidos", había dicho el Departamento de Estado en un comunicado.

La delegación estadounidense está encabezada por el subsecretario de la Oficina de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Craig Kelly, que podría abordar la situación del contratista durante las conversaciones.

Cuba ha sugerido que el contratista trabajaba para los servicios de inteligencia de Estados Unidos. Washington lo niega.

El presidente cubano, Raúl Castro, dijo que su detención demostraba que Obama busca acabar con el sistema socialista de Cuba, igual que sus predecesores.

Cuba y Estados Unidos tienen previsto emitir comunicados al final de las negociaciones migratorias en la tarde del viernes.

Ambos gobiernos se declararon satisfechos tras la primera ronda realizada en julio pasado en Nueva York.

La inmigración es un tema sensible en Cuba, que acusa a Estados Unidos de fomentar la emigración ilegal para intentar desestabilizar su sistema socialista.

Las dos naciones firmaron en 1995 un acuerdo migratorio para frenar el éxodo de balseros cubanos en medio de la severa crisis económica tras el derrumbe de la Unión Soviética.

Cuba se comprometió a detener salidas ilegales y Estados Unidos a devolver a los emigrantes interceptados en alta mar y entregar 20.000 visas anuales a cubanos.

Las conversaciones semestrales fueron establecidas para supervisar el cumplimiento del pacto. Pero el ahora ex presidente George W. Bush las interrumpió en el 2003 cuando endureció su posición frente a Cuba.