Fortaleza, Brasil, EFE. Los jugadores de la selección brasileña que participan en la Copa Confederaciones se mojaron en política este martes, por primera vez en tres décadas, para apoyar las protestas multitudinarias que este lunes se produjeron por todo el país.

David Luiz y Hulk, a quienes este martes les correspondía el turno de comparecer ante la prensa, fueron portavoces de una selección que, en el pasado, siempre era esquiva a cualquier asunto polémico.

El pronunciamiento de los jugadores a favor de las manifestaciones tiene peso en el autodenominado "país del fútbol", donde la opinión de los jugadores acarrea una gran repercusión, sobre todo entre las clases populares.

El diputado y ex futbolista Romario de Souza Faría pidió este martes, a través de las redes sociales, que la selección se pronunciara a favor de las protestas populares que el lunes congregaron a cerca de 250.000 personas en una veintena de ciudades.

"La selección podría y debería también agigantarse y manifestarse positivamente de su mejor forma, contra todo lo malo y negativo que estamos viendo y pasando este momento. Los jugadores y comisión técnica, hagan un gesto de apoyo a nuestro pueblo. Vosotros tenéis ese poder. Usadlo por favor", escribió Romario.

Las protestas comenzaron por el alza de la tarifa de los autobuses y han catalizado la insatisfacción con otros muchos temas, entre ellos el despilfarro con las obras de la Copa Confederaciones, que comenzó el sábado pasado, el Mundial de 2014, la inflación o la mala calidad de la sanidad y la educación pública.

David Luiz opinó que las protestas son un medio legítimo para conseguir que el país "mejore" y se equipare con los países desarrollados en la calidad de los servicios públicos y la reducción de la violencia.

"Las personas tienen derecho de expresar sus opiniones y a manifestarse si no están felices, sólo de esta manera vamos a llegar a ver los errores y mejorar. Brasil tiene todo para crecer y ser un país mejor", dijo el defensa en la rueda de prensa diaria de la selección, que está concentrada para la Copa Confederaciones.

Hulk aludió a sus orígenes pobres para explicar que le dan ganas de sumarse a unas protestas que, en su opinión, "tienen total razón", por lo que pidió a los gobernantes que escuchen las reivindicaciones de los manifestantes.

El propio seleccionador nacional, Luiz Felipe Scolari, vio con buenos ojos que los futbolistas vuelvan a expresar su opinión y que se acabe con la "alienación" que, durante mucho tiempo, les llevó a evitar hablar de cualquier tema que se salga de las cuatro líneas de cal.

"Los jugadores tienen total libertad para opinar sobre cualquier asunto, siempre que cada uno asuma su responsabilidad. Las manifestaciones de los futbolistas son interesantes porque me parece que esta alienación que se impone a nuestros profesionales está dejando de existir", afirmó Scolari.

Por su parte, el entrenador consideró que las protestas son "comunes y normales en una democracia" y deseó que los gobernantes reciban el mensaje de los manifestantes y que estos "continúen siendo pacíficos".

El silencio político de la selección se prolonga desde los años 80, cuando jugadores como Sócrates y Walter Casagrande apoyaron el movimiento popular "Diretas Já", que demandaba la democratización del país y la celebración de elecciones presidenciales directas.

La actitud de la selección coincide con la del pueblo brasileño, que ha pasado dos décadas sin manifestarse en las calles en tal magnitud.

No se vieron protestas semejantes desde que en 1992 una multitud pidió la destitución del entonces presidente, Fernando Collor de Mello, quien estaba envuelto en un escándalo de corrupción y acabó dimitiendo horas antes de que el Congreso lo fuera a someter a un juicio político.