Constitución, Chile. Cuando Sebastián Piñera aterrice este jueves en Constitución, ya será el nuevo presidente de Chile y tendrá la primera impresión del titánico desafío que lo espera tras el sismo y los tsunamis.

Para llegar desde el helipuerto a la plaza central deberá esquivar baches y grietas en el asfalto. A su alrededor verá a personas hurgando en el amasijo de piedras y tejas de lo que hace un par de semanas eran sus casas.

El aire de Constitución, una ciudad de 50.000 habitantes a unos 360 kilómetros al sur de Santiago a donde Piñera prometió viajar este jueves apenas sea investido, olerá a pescado podrido.

El panorama que lo espera tras el terremoto y los tsunamis del 27 de febrero es tan desolador que las autoridades locales compararon la ciudad con una "zona de guerra".

Allí, entre las ruinas del casco histórico, Piñera pretende anunciar sus medidas de recuperación para esta ciudad y muchas otras destrozadas por uno de los peores terremotos de la historia moderna, que dejó unos 500 muertos y más de 2 millones de damnificados.

Constitución ya recuperó el suministro eléctrico, pero las necesidades de los sobrevivientes son enormes y las expectativas de soluciones moderadas.

"La esperanza es que haya un cambio (...) pero las cosas se ven difíciles con todo lo que se cayó", dijo Enrique Rodríguez, un chofer de camiones de 42 años.

Rodríguez, igual que muchos otros en la ciudad, está sin trabajo.

El motor de la ciudad, una planta de celulosa que da trabajo directamente e indirectamente a más de 3.700 personas, está paralizada y con ella gran parte de la actividad económica de la zona.

Zona de guerra.  Marcelo Sepúlveda, un empleado público de 41 años que perdió su casa en el casco histórico donde se derrumbó 80% de las viviendas, tiene fe en Piñera.

La respuesta del gobierno saliente de Michelle Bachelet ante la emergencia fue demasiado burocrática, dijo mientras hacía fila para recibir ayuda humanitaria.

"Quieren entregar la papa caliente (el problema). Después de que asuma él (Piñera), se va a reactivar", añadió.

Los habitantes de Constitución, que en una amplia mayoría no votaron por Piñera, dependen ahora del empresario de derecha.

Al dolor de los 86 muertos identificados y las 41 personas cuyos familiares están tratando de encontrar, se suma la precaria situación en que quedaron los sobrevivientes.

La mitad de la población todavía no tiene agua corriente, las escuelas que atienden a 40% de los niños están dañadas y la población sobrevive con unas 14.000 raciones y 4.000 canastas de alimentos que distribuyen el gobierno y otras organizaciones.

Miles de personas viven en campamentos y albergues y otras se hacinan en casas de familiares que resistieron el temblor y el embate de las olas.

Los pescadores están volviendo a la mar, abrieron algunos comercios y la gente bajó de los cerros donde se había refugiado por miedo a nuevos tsunamis.

Pero casi dos semanas después de la tragedia, Constitución sigue bajo toque de queda y militarizada para evitar saqueos y la situación está aún lejos de volver a la normalidad.

"Constitución requiere de una reestructuración absoluta", dijo Laura Albornoz, delegada del gobierno central en la ciudad.