La Habana. El disidente cubano Guillermo Fariñas fue hidratado el miércoles en un hospital en la ciudad de Santa Clara, en el séptimo día de una huelga de hambre para pedir la libertad de los presos políticos, dijo un activista de derechos humanos.

Fariñas, un psicólogo de 48 años, comenzó su huelga de hambre tras el deceso la pasada semana de Orlando Zapata, un preso político que murió después de 85 días de ayuno.

"Fariñas perdió el conocimiento en la mañana y lo llevaron al hospital. Lo hidrataron por vía intravenosa por unas dos horas", dijo por teléfono a Reuters Elizardo Sánchez, portavoz de la ilegal pero tolerada Comisión Cubana de Derechos Humanos.

Sánchez dijo que Fariñas regresó a su casa en Santa Clara, a unos 270 kilómetros al este de La Habana, para continuar la huelga de hambre.

"Recobró la conciencia y le dieron el alta del hospital. Le dijeron allí que lo que debía hacer era comer y beber", agregó Sánchez.

Fariñas, en huelga de hambre para pedir la libertad de unos 30 presos políticos con problemas de salud, dijo a Reuters al comenzar su protesta la pasada semana que persistiría en su empeño "para demostrar al mundo que la muerte de Zapata no fue una casualidad".

Otros cuatro disidentes que se declararon en huelga de hambre tras el deceso de Zapata desistieron esta semana, dijo Sánchez.

Esta no es la primera huelga de hambre de Fariñas. En 2006 protagonizó un ayuno de varios meses, cuando fue internado y alimentado por vía intravenosa hasta que detuvo su protesta para pedir libre acceso a internet.

Sánchez dijo que las autoridades están usando otra "fórmula" con Fariñas, para evitar una "estancia prolongada" en el hospital.

"Parece que lo van a hidratar cada vez que lo necesite pero sin permanecer en el hospital", dijo el disidente.

El gobierno cubano considera a los opositores como Fariñas traidores al servicio de su enemigo Estados Unidos.

Grupos de derechos humanos en la isla sostienen que hay unos 200 presos por motivos políticos en las cárceles cubanas.

La muerte de Zapata, un plomero de 42 años que cumplía una condena de más de 25 años de prisión, fue criticada por Estados Unidos, la Unión Europea y España, cuyos gobiernos pidieron a Cuba la liberación inmediata de sus presos políticos.

Cuba, en cambio, ha rechazado las críticas.

El canciller cubano, Bruno Rodríguez, acusó este  miércoles a Occidente de nombrarse a sí mismo como el supervisor mundial de los derechos humanos.