Tras la masacre producida este lunes en la que murieron al menos 51 personas, los seguidores de destituido presidente Mohamed Mursi convocaron para este martes a nuevas movilizaciones en medio de una verdadera guerra mediática donde las acusaciones cruzadas están a la orden del día.

Paralelamente, los Hermanos Musulmanes hicieron conocer este martes su rechazo al calendario electoral propuesto el presidente interino, Adly Mansour.

La brutalidad vivida durante toda la jornada del lunes, la cantidad de muertos y heridos (más de 400), la inmensa mayoría islamistas que cayeron bajo el fuego de los militares egipcios, tuvo una tregua en la madrugada, aunque la indignación continuaban flotando en el ambiente.

Fue así que no sorprendió que desde esos sectores convocaran nuevamente a las calles en la cairota plaza Rabea al Adauiya y en Nasr City, donde se perpetró la masacre de la víspera.

Aunque la gente nunca dejó las calles, no sólo por el campamento con más de medio millar de improvisadas tiendas, sino también porque en los alrededores de la mezquita Rabaa al-Adaweya continúan con los funerales de muchas de las víctimas del lunes.

Algunos mostraban féretros, de ellos sin la tapa y otros envueltos en la bandera egipcia, pasándolos entre los brazos alzados y al grito de "venganza, venganza".

El Cairo amaneció este martes presagiando lo que ya es una insoportable realidad: más de 35 grados de temperatura, un sol calcinante y un clima de gran tensión que este enviado pudo constatar, sobre todo en los barrios periféricos, donde predominan los islamistas.

En el centro de la capital egipcia, la situación es diametralmente opuesta: la vida continúa con la gente concurriendo a sus trabajos y los comercios con el ritmo habitual, ya que la realidad económica no da como para tenerlos cerrados (la pobreza es muy alta).

La histórica plaza Tahrir, escenario de las mayores movilizacones contra la dictadura del destituido Hosni Mubarak y contra el también derrocado Mursi, tiene su aspecto normal aunque con un aire festivo, casi de alegría por "haber sacado a los barbudos del poder", como comentó un ocasional transeúnte del lugar.

Los anti Mursi utilizan ese término despectivo (barbudos) para referirse a los islamistas, pero cada sector se encarga de aceitar una impresionante maquinaria propagandística mediática para acusar al otro por lo que sucedió el lunes.

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La televisión estatal, antes utilizada a placer por el gobierno de Mursi, es el medio elegido para acusar a los islamistas -a los que llaman sin eufemismos "terroristas"- de ser responsables de la masacre.

Allí sólo pueden verse imágenes asépticas brindadas por el Ejército en las que se ve gente caminando en el lugar donde tuvo lugar la represión como si nada hubiese pasado, así como de militares heridos pero casi ningún islamista y mucho menos muertos de los seguidores de Mursi.

Desde el otro lado, al quitársele los medios estatales y perseguir fuertemente a los que están contra el golpe de Estado, el espacio propagandístico quedó reducido a las redes sociales, aunque el poder de inserción que tienen no es menor, como quedó demostrado desde la "primavera árabe" contra Mubarak hasta la fecha.

Un caso increíble pasa con el diario qatarí Al Jazzira, ya que el Ejército y los funcionarios interinos les prohíben a sus periodistas participar de cualquier rueda de prensa y son los propios colegas "oficialistas" los que se encargan de echarlos a los gritos de cualquier lugar, en una vergonzosa actitud.

Así, el único medio equilibrado que por estos convulsionados días parece haber quedado en Egipto es el diario Al-Watan, que publica información de ambos sectores y no dudó en denunciar que Estados Unidos estuvo detrás del golpe de Estado.

En esas maquinarias de promoción, que de tan polarizadas por momentos se las puede calificar de "desinformación", desde la televisión estatal y redes sociales adictas acusan a los islamistas de "armar" el escenario de ayer provocando a los militares para que estos repriman.

Aseguran que los islamistas mienten cuando dicen que fueron atacados al momento del rezo, porque "para orar mirando hacia La Meca hay que darle la espalda al cuartel de la Guardia Republicana y ninguno de los muertos o heridos tiene disparos por atrás".

Asimismo, aseguran que los videos mostrados con niños muertos o heridos, en realidad corresponden al conflicto en Siria y "fueron editados" y que los cartuchos que mostraron no son los que usa el Ejército.

Los islamistas, en tanto, dicen que "precisamente usaron las armas no convencionales para ocultar su responsabilidad en la matanza".

"¿Cómo puede ser que tengan imagenes detras de las barricadas si ellos no estaban allí? Eso demuestra que están infiltrados", se preguntó y respondió al mismo tiempo Abdel, un seguidor de Mursi que se preparaba para manifestar nuevamente este martes.

La realidad es que tanta polarización y tanta gente en las calles genera honda preocupación y en el punto más alto se encuentra la caliente región del Sinaí, donde predominan los salafistas más radicalizados y donde tienen lugar las persecuciones más importantes contra los cristianos coptos.

Pero sobre todo, el Sinaí es la región fronteriza con Israel desde donde Egipto le provee el gas. Durante su dictadura, Mubarak siempre garantizó tranquilidad para su vecino y aliado.

Tras su derrocamiento se produjeron al menos diez atentados que finalizaron al asumir Mursi. Pero hace dos días hubo uno de mediana importancia y tanto los golpistas como los propios israelíes temen que los salafistas vuelvan a tener esa sensible región como objetivo.