Un tema habitual cuando se intenta explicar la globalización es el de los denominados problemas sin fronteras. Se trata de problemas que tienen su origen en más de un Estado y que, por ende, no pueden ser resueltos sin una cooperación eficaz entre los Estados involucrados.

El narcotráfico es un buen ejemplo de un problema sin fronteras, en el cual opera además el  denominado efecto globo. Éste a su vez explica por qué la guerra contra el narcotráfico nos hace recordar las trincheras de la Primera Guerra Mundial: tras haberse librado durante unas tres décadas, la línea del frente permanece virtualmente en el mismo lugar.

El tema del efecto globo puede explicarse con un par de ejemplos. El primero de ellos se refiere a las rutas de comercialización: cuando se neutraliza una, poco tiempo después se abre otra. Hasta la década del 90, por ejemplo, la producción peruana de hoja de coca y de pasta básica era transportada a través de avionetas hacia Colombia, donde era convertida en cocaína antes de ser internada en los Estados Unidos, a través de rutas que atravesaban el Caribe. Cuando el Estado peruano comenzó a cooperar con Estados Unidos para detener (o incluso derribar) esas avionetas, y cuando el Estado colombiano comenzó a cooperar con los Estados Unidos logrando incautar una proporción creciente de esa droga, el negocio sin embargo no sufrió mayores estragos. La producción de hoja de coca y de pasta básica del Perú comenzó a ser transportada hacia la costa norte del país, para partir por vía marítima hacia México, donde nuevos carteles se encargaron de introducir la droga al mercado estadounidense por otras rutas.

El segundo ejemplo que explica el efecto globo es el del desplazamiento en las zonas de producción: cuando la producción se reduce a un país o una región de esa nación, habitualmente ésta se desplaza hacia algún país vecino o hacia otras regiones del mismo país. En el caso del Perú, por ejemplo, cuando la producción de hoja de coca en zonas como el Alto Huallaga comenzó a reducirse por efecto de diversas políticas públicas (desde la erradicación forzosa hasta la sustitución de cultivos), ésta se desplazó hacia el valle de los ríos Apurimac y Ene (región conocida por las siglas VRAE).

De otro lado, según estimaciones de la CIA, la producción de hoja de coca en el Perú y Bolivia representaba en 2001 poco más de un tercio de los niveles que alcanzaba en 1995. La implementación del programa “Coca Cero” aporta parte de la explicación en el caso boliviano, pero el Perú consiguió resultados similares sin haber modificado su estrategia de combate al narcotráfico, y sin haber incrementado en forma significativa los recursos destinados a ese propósito. Aunque según la misma fuente, la producción de hoja de coca en el conjunto del área andina se redujo en forma marginal durante el mismo período, dado que entre 1995 y 2001 su producción en Colombia se incrementó más de 100%.

El denominado “Plan Colombia” tenía como propósito precisamente revertir tal estado de cosas, al modificar la correlación de fuerzas en favor del gobierno. Desde su adopción, el incremento de la presión militar sobre la guerrilla, las campañas de fumigación y erradicación de cultivos, y los acuerdos de desmovilización con organizaciones paramilitares (vinculadas también al narcotráfico), lograron reducir la producción de látex de opio y hoja de coca en Colombia.

Sin embargo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (Onudd), en 2004 las áreas bajo producción de hoja de coca crecieron en los países andinos por primera vez en cuatro años. Ello se debió al hecho de que, si bien las hectáreas cultivadas con hoja de coca se redujeron en Colombia en 7%, las hectáreas bajo producción en Bolivia y Perú crecieron en 17% y 14%, respectivamente. A lo cual habría que añadir como agravante el hecho de que también se estarían desplazando hacia ambos países algunos cultivos de amapola.

En cuanto a la erradicación forzosa de cultivos con participación militar, esto también se aplicó en Bolivia en el marco del programa “Coca Cero”. Y si bien ese programa contribuye a explicar la reducción de los sembríos de coca durante la segunda mitad de los 90, también contribuye a explicar las movilizaciones sociales que derrocaron dos gobiernos constitucionales en ese país. Con el agravante de que, a fin de cuentas, la reducción de cultivos obtenida por esa vía fue sólo temporal.