El boliviano Raúl Peñaranda jamás imaginó que el destino lo llevaría a estar justamente donde está: sin trabajo y fuera del proyecto periodístico que formó. A pesar de que fue su decisión, ésta no estuvo exenta de presión, menos considerando que este editor periodístico estuvo en la mira del gobierno de Evo Morales y de un país entero.

Fue en abril de 2010 cuando Peñaranda participó en la creación del medio de comunicación boliviano Página Siete, del que es dueño Raúl Garáfulic, básicamente porque uno de los periódicos líder de La Paz, La Razón, se vendió a Carlos Gil, un empresario venezolano, amigo de Evo Morales y el fallecido presidente, Hugo Chávez. La idea era hacer un diario nuevo.

“El periódico creció muy rápido, tanto en tiraje como en publicidad, porque era un medio independiente que podía decir las cosas que la competencia no decía por sus nuevos propietarios. Seguimos siendo, más o menos, la mitad de la circulación diaria de La Razón, pero ésa es una cantidad que ellos han perdido, porque por cada periódico que nosotros vendíamos de más, era un periódico que ellos vendían de menos”, calcula Peñaranda mientras conversa con AméricaEconomía.com, quien fuera el director de este medio.

Pero de a poco el nivel de libertad de expresión, en lo periodístico, empezó a reducirse, según rememora Peñaranda, porque los medios independientes empezaron a ser cada vez más escasos, ya sea porque el gobierno o partidarios a él lo compraban, o bien porque eran víctimas de acosos y desertaban de informar hechos que no fueran del parecer del gobierno.

“Nuestro medio causó mucha irritación en el gobierno; siempre estaban intentando desacreditarnos y atacarnos desde varias fuentes. Primeros con los impuestos: trataron de ver si había algo, pero como el periódico siempre ha estado manejado bien, no pudieron encontrar nada. Por supuesto, tampoco teníamos publicidad del gobierno, mientras que La Razón tenía muchas páginas al mes”, resalta el periodista.

En medio de ese adverso contexto, comenzó a destacar Página Siete, periódico que sin tener una misión de oposición se empeñaba en hacer un periodismo informativo que cubriera hechos sin importar el color político y buscando la contraparte. Pero como revela Peñaranda, fue así como el medio se ganó la antipatía del gobierno.

Bola de nieve. Vende patria, traidores, derechistas. Así empezó a ser tratado el medio cuando el gobierno boliviano se refería a éste. A juicio de Peñaranda, cuatro fueron los grandes hitos de esta historia que acabó con su renuncia como director de Página Siete.

El primero fue que el ex ministro de Gobierno, Sacha Lorenti, en julio de 2012, fue a un canal de televisión oficialista, adquirido cuando se compró La Razón, para decir que Página Siete era pro chileno. Según detalla Peñaranda, la autoridad consideraba que su gestión ministerial había sido tratada con dureza por parte de Página Siete.

3308

“Al principio nos reímos en la redacción, no le dimos mucha pelota, ni nos imaginamos cómo eso iba a crecer”, recuerda el ex director, pero sin imaginarlo, en agosto del mismo año la agencia boliviana ANF emitió un despacho que reproducía una declaración del presidente Morales donde afirmaba que en el oriente boliviano si había pobreza, era porque son flojos, tema sensible en el país, considerando que uno de los prejuicios es que la gente de la Amazonía no es tan buena para trabajar, a diferencia de los andinos.

Frente a esto, Página Siete publicó la información difundida  que además había sido transmitida por televisión, en una nota pequeña, de unas 150 palabras, es decir, unos ocho centímetros. Pero “esto generó tal reacción de Santa Cruz, que el gobierno no supo cómo resolver la cosa y dijo que los medios habían malinterpretado la declaración y el presidente inició un juicio contra la agencia Fides y contra dos diarios que habíamos publicado esto: El Diario y Página Siete”, dice el profesional.

“Como se trataba de un juicio penal, fue contra los directores de estos medios, es decir, contra mi persona, acusado de racismo. Justamente, hay una ley en Bolivia contra el racismo que contempla una pena de cuatro años de cárcel”, agrega, y detalla que actualmente el proceso se encuentra suspendido por un cambio del fiscal que estaba a cargo.

El tercer hecho, fue en octubre, cuando el vicepresidente realizó una conferencia en el palacio de gobierno, exclusivamente, según el periodista, para aludir al carácter pro chileno del medio y dejar entrever que él podría tener capitales chilenos, todo esto al mostrar un especie de mapa genealógico donde se especificaba los vínculos de Peñaranda y del dueño del medio con Chile. Esto, debido a que la madre del entonces director de Página Siete es chilena y trabaja en el consulado de dicho país en Bolivia, mientras que Garáfulic es cuñado de Mónica Zalaquett, diputada conservadora chilena, perteneciente al partido Unión Demócrata Independiente (UDI).

“La conferencia duró unos 45 minutos y se mostraron fotos. Cuando salió la mía en grande, dijo (el vicepresidente) éste es un personaje nefasto. Incluso para mi seguridad personal tomé precauciones, pero nunca me ha pasado nada”, declara con alivio.

El cuarto hecho ocurrió el 6 de agosto de este año, Día Nacional, cuando el presidente frente al Congreso declaró que hay medios de capitales chilenos que estaban investigando al perjudicar la demanda que el país sostenía con Chile ante de La Haya por salida al mar.

“Nos dimos cuentas que se refería a nosotros, porque ya lo habían hecho”, aclara.

3309

Cuatro días después, Peñaranda escribió una editorial diciendo lo grave que eran ésas declaraciones y emplazó a Evo Morales a aclarar a qué medios se refería, junto con esclarecer los supuestos privilegios ante ciertos medios. Al día siguiente, el ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, respondió durante una hora a la editorial diciendo que Página Siete era el medio responsable y que interfería en este proceso, recalcando su supuesta opción pro chilena y que representaba a la derecha, tanto del país vecino, como a la boliviana.

“Nosotros anticipándonos, habíamos sacado las editoriales donde defendíamos siempre la demanda marítima boliviana, que es la línea mayoritaria en Bolivia, de la cual también somos parte, y resultó que eramos el periódico que más tenía, contrario a lo que ellos decían. Incluso nosotros podríamos ser de otra línea y deberíamos tener la libertad de decirlo”, destaca el profesional, puntualizando que durantes los siguientes días, cada jornada apareció un ministro dando declaraciones que perjudicaban al medio.

Ante esto, se sumó el congresistas Galo Silvestre Bonifaz, quien fue más allá y manifestó que debería haber un juicio en  contra del medio por traición a la patria.

A pesar de todo este ostigamiento, Peñaranda hasta ese minuto no había considerado dejar su cargo, sin embargo, fue un hecho confuso el que motivó su renuncia: Página Siete gestionó una entrevista en exclusiva con el secretario general de la Conferencia Episcopal, monseñor José Fuentes, quien terminó afirmando que cuatro ministros que apoyaban el aborto en el país andino habían sido excomulgados. Pero al día siguiente la Iglesia se desdijo, por lo que el medio subió el audio y la transcripción en su página web logrando una gran cantidad de reproducciones, cuenta el ex director del medio, periódico que anteriormente había publicado dos editoriales que no fueron del gusto de la Iglesia, una sobre el aborto; la otra sobre el matrimonio gay.

Al día siguiente, el sitio web de Página Siete sufrió un ataque cibernético y estuvo un mes sin funcionar, por lo que desde hace una semana se puede ver su edición diaria sólo en formato PDF. En el país andino se especula que después de siete años de mala relación entre el gobierno y la Iglesia, luego de este incidente la relación habría mejorado.

Asimismo, tras este incidente el gobierno salió al día siguiente a decir que Página Siete buscaba dividir a la Iglesia del gobierno. Finalmente, el medio tuvo que pedir perdón. "Nosotros mismos nos dimos una estocada o si no era un error nuestro, parecía un error y frente a una coincidencia de intereses entre el gobierno y la Iglesia mi situación y la del proyecto era muy complicada. Mi renuncia era para evitar que el gobierno siguiera utilizando este supuesto error de la Iglesia y para que el periódico tenga una ventana de oportunidad de salir adelante”, narra el periodista, y recalca que nunca recibió una llamada de algún alto cargo a modo de presión, dado que el acoso era abierto y público, a través de los medios afines al gobierno.

Peñaranda confiesa que su renuncia fue sorpresiva para muchos, también para el gobierno. Pero destaca que luego de un mes del hecho, volvió la calma: el diario no ha recibido más ataques.

“No lo vi venir. Era una declaración de 20 minutos sobre el tema, una nota exclusiva. La verdad es que nunca pude imaginarme que la Iglesia podía desmentirnos así... Todos nos podemos equivocar, pero la Iglesia nos desmiente sin hacer alusión alguna a la declaración del sacerdote Fuentes. Yo ya no tenía más piso por parte de la Iglesia para seguir”, justifica Peñaranda con un tono aún de sorpresa y molestia, como de quien intenta atar cabos ante algo que no encuentra explicación.

La realidad periodística. Sin embargo, Peñaranda es optimista y considera que su renuncia, más que acallar a los medios independientes, los va a fortalecer. “Va a ser difícil que el presidente se ensañe con otro medio más, porque también es mal visto”, especula el profesional.

En lo que concierne a Pagina Siete, no cambiaría su línea editorial, tal como le ha confirmado el editor que llegó en su reemplazo, Juan Carlos Salazar, de 68 años, y que se desempeñó en España en la agencia DPA. “Mi idea es que va a ser dificil para el gobierno volver a montar una campaña de desprestigio, dado que en un año más hay elecciones. Pienso que el gobierno va a atacar otros frentes, tener posiciones más moderadas sobre algunos temas hasta las elecciones. En enero del año subsiguiente, si es que Evo gana, al parecer irá por su tercera gestión, va a tener que tomar decisiones. Entonces, creo que hemos ganado como un año y medio de tranquilidad, para que el periódico pueda hacer su trabajo, que es informar, sin que el director tenga que estar en tribunales o en conferencia de prensa defendiéndose de los ataques del gobierno”, expresa el profesional, aunque añade que mucha gente cree que su planteamiento es equivocado y que pronto el gobierno arremeterá nuevamente contra el diario.

“Espero que no, porque mi renuncia habría sido en vano”, agrega Peñarada, quien considera que en cierto modo era un tema personal. “Si el gobierno quería un trofeo, creen que conmigo lo han obtenido. Querían un trofeo. Este gobierno funciona mucho con las vendetas y demostrar poder. Si es que ellos querían una cabeza, creen que la han obtenido; si lo que buscaban era mi salida, entonces tienen la victoria porque dejan sin cabeza al periódico”.

El profesional sabe que ahora las puertas serán cada vez menos y más estrechas, porque los medios independientes son pocos y los escritos, que es a lo que el periodista se dedica, es una oferta aún más reducida. Por eso, al mirar el futuro, Peñarada quiere crear un instituto de capacitación para el gremio.

No obstante, la tranquilidad de ese futuro se desdibuja cuando lo traemos de regreso al presente, cuando le preguntamos por cómo se siente. Su tono de voz cambia, haciendo evidente lo afectado que aún se encuentra: “debo reconocer que mi renuncia fue bastante triste, porque no pensaba irme tan pronto de un periódico que yo fundé y que habíamos puesto rápidamente en buena posición. Fue algo duro irme antes de que madurara el proyecto... Ha sido terriblemente difícil”.