Ginebra. Las torturas son una realidad en la mayoría de los países del mundo, pero varios gobiernos se niegan a permitir que Naciones Unidas investigue si el flagelo ocurre en sus territorios, dijo un experto de la ONU.

El abogado austríaco Manfred Nowak dijo al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, compuesto por 47 miembros, que el organismo debería prestarle especial atención a las torturas, pero se quejó de que muchos gobiernos, incluidos algunos que forman parte de ese cuerpo, impiden las investigaciones.

"A pesar de que la tortura, como la forma más brutal de maltrato, constituye un delito grave y un ataque directo al corazón de la dignidad humana, es un fenómeno mundial, desafortunadamente", dijo Nowak, investigador especial de la ONU.

"Sólo unos pocos países, como Dinamarca, parecen habérselas arreglado para erradicar a la tortura en la práctica", agregó.

En la mayoría de los estados, el especialista dijo que las torturas ocurrían en casos aislados, de una forma más regular, o de una manera amplia y sistemática.

El experto citó el caso de Guinea Ecuatorial, que visitó el año pasado, como un ejemplo del tercer caso.

El mayor motivo para una práctica generalizada fue el mal funcionamiento del sistema judicial criminal, en el que las confesiones eran la evidencia primaria en muchos países, dijo Nowak, quien ha permanecido en su cargo por cinco años y renunciará a fin del 2010.

Sin embargo, otra razón importante era la extracción de información inteligente en el contexto de la guerra global contra el terrorismo, como Nowak y otro experto de la ONU puntualizaron en estudios sobre el centro de detención de Estados Unidos en la Bahía de Guantánamo.

Intimidación y bloqueos. Nowak dijo que algunos de los países que lo habían invitado -como China, Jordania, Indonesia, Ginea Ecuatorial y Kazajistán- lo habían puesto bajo una fuerte vigilancia y habían intimidado a los testigos y detenidos que visitaba.

China e Indonesia participan del Consejo de Derechos Humanos.

Muchos otros países -como Egipto, Etiopía, India, Irán, Israel, Túnez y Uzbekistán- no respondieron a pedidos de visitas, mientras que otros -como Estados Unidos y Rusia- se habían negado a permitirle entrevistas confidenciales o cancelaron su visita a último momento.

Zimbabwe lo detuvo al arribar en un vuelo nocturno en el aeropuerto de Harare y luego lo expulsó, en un ejemplo extremo de lo que calificó como una creciente falta de respeto de ciertos gobiernos hacia los investigadores especiales de la ONU sobre temas de derechos humanos.