Las dramáticas imágenes, resultado del terremoto de Haití, sólo recordaron lo frágil que es la vida humana frente a las fuerzas de la naturaleza. Sin embargo, en este caso en especial, además, vuelve a desnudar lo débil de la situación política, social y económica; aspectos que se han convertido en un problema de carácter endémico para esta nación. Definida, indistintamente, como un Estado Frágil o Fallido, sólo confirma la necesidad de una clara política de ayuda a naciones donde la estabilidad y el desarrollo de las instituciones son prácticamente inexistentes.

Según el The Fund for Peace, el único en condición de total Estado Fallido en nuestra región es Haití. Este tipo de Estado se caracteriza por la completa incapacidad de sostenerse a sí mismo como un miembro de la comunidad internacional.

A este respecto, Haití, principalmente de raza negra y católica, enfrenta serias deficiencias en pilares tan fundamentales como la legitimidad del Estado, la operatividad de servicios públicos, la defensa y protección de los Derechos Humanos; la funcionalidad de sus aparatos de seguridad y la actividad de grupos armados.

Otra lapidaria constatación sobre la realidad de este país son los datos entregados por los objetivos del milenio, los cuales dejan ver las insalvables dificultades que se enfrentan en materias como desnutrición, educación, pobreza, mortalidad infantil y salud. En esencia, es una situación de crisis y violencia permanente en la que, difícilmente, su básica institucionalidad es capaz de resolver las demandas.

Precisamente, hasta antes del terremoto, el sistema internacional había aplicado un  tipo de seguridad humana que permitía una intervención y colaboración limitada en nombre de la estabilidad. Producto de este lamentable nuevo escenario, Haití necesita ahora la implementación de un tipo de intervención más amplia, más cercana a las variables que dan sustentabilidad a la visión de la seguridad multidimensional.

 Sin embargo, parafraseando las palabras de la OECD, si bien los actores internacionales pueden influir positiva (o negativamente) para corregir los problemas de los Estados frágiles, no es posible asumir la ayuda internacional como una solución por sí misma.

Así, luego que Haití se vuelva a levantar, lo fundamental es visualizar cómo esta nueva etapa de ayuda permite, efectivamente, que sean los actores locales los que avancen en la creación de instituciones eficaces, legítimas y comprometidas con su sociedad.