Washington. En su segundo periodo como secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza deberá enfrentar una crisis financiera de la institución que obligará a ajustes salariales y de personal.

El organismo de la región cuenta con un presupuesto que representa poco más de 1% de la que tiene la ONU.

Según un informe de la junta externa de auditores, encabezada por Estados Unidos la difícil situación financiera de la OEA “crece conforme la demanda de sus programas y capacidad excede a sus recursos”.

Esta situación ha sido expuesta por Insulza, quien ha señalado que cada año la Asamblea General le impone nuevas obligaciones al organismo, a un ritmo desigual con el de sus ingresos, informó El Financiero.

La OEA cuenta con más de mil 700 mandatos, lo que obliga su carga de trabajo y en algunos casos implica la creación de una mayor burocracia, sin embargo los fondos se mantienen en niveles casi iguales.

Durante los últimos 15 años, la Asamblea General ha aprobado sólo dos aumentos en las cuotas regulares de los países, en 2007 y 2009, para paliar la crisis, pero la demanda de ingresos se mantiene.

El techo de US$91,1 millones al presupuesto regular de la institución para 2011, aprobado por los países miembros, deja a la entidad con un déficit de US$7,2 millones.

Para manejar esta coyuntura, Insulza presentó al Consejo Permanente una propuesta que incluye recortes de personal en edad de retiro y de confianza y el congelamiento por un año del ajuste salarial por costo de vida.

También solicita un aumento de 3% en las cuotas regulares de los países, lo que si llegara a ser aprobado será insuficiente para cubrir completamente el déficit.

El plan de Insulza incluye sustituir reuniones por video-conferencias, los gastos en agencias como la Junta Interamericana de Defensa y suspender los descuentos a los países que pagan por anticipado sus cuotas.

La junta de auditoría indicó que la crisis económica actual coloca a los países frente a la disyuntiva de adoptar las decisiones políticas para determinar “cuales prioridades deben o no ser financiadas”.

Agregó que “frente a la ausencia de ese tipo de liderazgo político de parte de los Estados miembros y los funcionarios electos, la reforma administrativa será sólo un placebo que no va a curar el problema subyacente”.