Montevideo. "Pepe Mujica está de moda en la Argentina, sobre todo porque habilita una comparación fácil con el gobierno local. Su discurso de asunción propuso un modelo que depende absolutamente del diálogo y el esfuerzo por acordar”. Así comienza la nota del diario argentino La Nación, escrito por la ensayista Beatriz Sarlo.

En el artículo, Sarlo destaca que Mujica aceptó el resultado de las consultas por la Ley de Caducidad, en las que en dos oportunidades los ciudadanos se pronunciaron por mantener la norma. “Mujica reconoció esa derrota democrática y se movió hacia delante”, señala el artículo.

Para Sarlo el pasado de Mujica “no es un fantasma que visita el presente” porque “falta un balance de los actos realizados y las ideas que entonces los impulsaron, y, por lo tanto, se ha quedado preso de aquello que no se conoce del todo o no se ha vuelto a revisar a fondo”. “Pepe Mujica sabe perfectamente de dónde viene y quién fue”, agrega.

El artículo publicado en el diario argentino se detiene en las alusiones de Mujica sobre la “utopía” en su discurso de asunción.

“Nada más difícil que examinar críticamente una utopía sin abandonarla; nada más complicado que buscar el ajuste a un tiempo presente de un horizonte futuro que, más que un programa, es un principio de esperanza. Sin embargo, este es el gran desafío de la izquierda contemporánea: cómo traducir una utopía en reformas”, reflexiona Sarlo.

La ensayista argentina dispara también algunas definiciones sobre el presidente Mujica como “realista” o “de principios”.

A juicio de Sarlo, Mujica “armó una estructura frágil pero indispensable entre realismo y voluntarismo. Es su gran apuesta, porque no cree que todo lo provoque el destino o venga del mercado”.

“Este hombre, que ha declarado su respeto por la ortodoxia económica al reconocer la mano de acero que rige las condiciones materiales, no perdió la impronta de una sensibilidad progresista ni su creencia en la acción política más allá de los cargos: la ‘militancia’, ese protagonista a construir. Si la economía tiene sus leyes, la buena sociedad tendrá las suyas”, concluye la ensayista argentina en su artículo.