El editor en jefe de WikiLeaks, Kristinn Hrafnsson, aseguró que “América Latina unida puede generar un enorme impacto para la liberación de Julian Assange”, al visitar la Argentina como parte de una gira por diferentes países de la región que tiene el objetivo de sumar apoyos para la excarcelación del periodista, ante la inminencia del fallo de la justicia británica sobre su extradición a Estados Unidos por la filtración masiva de documentos clasificados.

Hrafnsson indicó en una entrevista con Télam que “hubo un gran entendimiento sobre la naturaleza de este lafware” en las reuniones que, junto al embajador de la organización Joseph Farrell, tuvieron este lunes con el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, tras ser recibidos semanas atrás por el mandatario de Colombia, Gustavo Petro, y el ganador de las elecciones en Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva.

“América Latina puede lograr un efecto multiplicador para presionar a otros líderes mundiales a que acudan a la ayuda de Julian, teniendo en cuenta además que esto no se trata sólo de un individuo, sino de una cuestión fundamental para nuestra democracia: la libertad de prensa y la libertad de expresión”, afirmó el periodista islandés.

Arrestado en abril de 2019 en la embajada de Ecuador en Londres, donde permaneció siete años tras pedir asilo político, el fundador de WikiLeaks está detenido “en las peores condiciones” en la prisión de máxima seguridad de Belmarsh -en las afueras de Londres- y tanto su esposa, Stella Assange, como sus allegados manifestaron “temor por su bienestar y su vida”, explicó Hrafnsson.

"Aprendimos a esperar lo mejor, pero también a ser realistas. El antecedente legal de los tribunales de Londres no es prometedor. Hemos visto jueces parciales, decisiones tomadas con abominación del procedimiento judicial para una sociedad civilizada, así que esperamos lo peor", dice Hrafnsson

Pese a esta situación y los riesgos de un suicidio alertado por sus abogados, el Gobierno británico autorizó la extradición del australiano a Estados Unidos, donde podría ser condenado a 175 años de prisión por la difusión de cientos de miles de documentos clasificados, en un fallo que fue apelado por la defensa y del que se espera una inminente resolución.

-Hrafnsson, la esposa de Assange advirtió que la salud de Julian se está deteriorando en la cárcel, ¿Qué puede decirnos sobre sus condiciones en prisión y su estado de salud actual?

Vi a Julian en prisión hace un mes. Soy uno de los pocos, aparte de su familia y sus abogados, que pueden verlo en ese espantoso lugar. Su salud se deteriora, cada mes parece más frágil. Está perdiendo peso y temo por su bienestar y su vida. Lleva ya tres años y medio en condiciones horribles en Belmarsh, la peor prisión de máxima seguridad de Gran Bretaña.

-¿Esperan conocer la sentencia de la justicia británica en estos días? ¿Qué saben de los abogados de Assange sobre el posible resultado de ese fallo?

Aprendimos a esperar lo mejor, pero también a ser realistas. El antecedente legal de los tribunales de Londres no es prometedor. Hemos visto jueces parciales, decisiones tomadas con abominación del procedimiento judicial para una sociedad civilizada, así que esperamos lo peor. Ahora estamos esperando una decisión del Tribunal de Apelación de Londres, si van a escuchar su caso y si van a permitir una apelación, lo que puede ocurrir cualquiera de estos días o en enero. Parece que hay una tendencia a alargar esto tanto como sea posible. Es parte de un grave lafware que el imperio más poderoso del mundo lanzó contra Julian y que sin duda tiene que parar.

-¿El lawfare fue uno de los temas de conversación con la vicepresidenta y el presidente argentinos?

Tuvimos muy buenas reuniones con la vicepresidenta Cristina y con el presidente Fernández. Por supuesto, hemos hablado sobre el lawfare contra Julian y hubo un gran entendimiento sobre la naturaleza de ese lafware. El presidente tiene formación jurídica y entendió plenamente la gravedad de esta guerra contra Julian sobre la base de utilizar la ley como un arma y los medios judiciales para luchar contra un individuo. Así que hizo muchas preguntas sobre los detalles del caso y obviamente tenía una profunda comprensión de los principios que estaban en juego, y los principios que están siendo violados contra Assange en este caso.

-El contexto político actual de América Latina es muy diferente al que había hace tres años, cuando la policía entró en la embajada de Ecuador para detener a Assange, ¿Qué presión cree que pueden ejercer los líderes de la región para que el Gobierno de EEUU revise su posición?

América Latina unida puede generar un enorme impacto para la liberación de Assange. La región está enviando un rayo de esperanza a muchos países europeos, por ejemplo, donde está ocurriendo lo contrario. Las fuerzas antidemocráticas están en alza, fuerzas que no tienen cabida en una sociedad democrática porque trabajan contra la democracia y sus fundamentos como la libertad de prensa. Este lado oscuro está en auge en Italia, España, Hungría, Polonia e incluso Suecia.

Así que ver que hay un avance en esta región es enviar un rayo de esperanza y todos los ojos están puestos ahora en América Latina, en los presidentes de la región. Nuestro llamamiento es el siguiente: permanezcan juntos, unan fuerzas, porque eso tendrá un impacto. Y tengo que decir que todos han estado de acuerdo, lo que constituye un resultado extremadamente importante y positivo de nuestro viaje hasta ahora.

-Los cinco grandes medios de comunicación que publicaron los cables de WikiLeaks e incluso el primer ministro australiano, Anthony Albanese, reclamaron recientemente “el fin de la persecución” contra Assange. ¿Los gobiernos de EE.UU. y el Reino Unido están cada vez más solos en este caso?

Estados Unidos siente cada vez más presión desde todos los frentes. El año pasado, 25 organizaciones de defensa de la libertad de prensa y los derechos humanos en Estados Unidos instaron a la administración de (Joe) Biden a retirar los cargos por las graves implicaciones contra la Primera Enmienda. Nuestro último recuento suma hoy 50 organizaciones. Ahora, los medios de comunicación que en 2010 y 2011 fueron nuestros socios en las revelaciones importantes que son la base de la acusación contra Julian, finalmente han hablado en conjunto. Me refiero al The New York Times, The Guardian, Der Spiegel, El País y Le Monde, que dicen que esto tiene que terminar, que la libertad de prensa está en juego.

Sobre el primer ministro de Australia, él permaneció totalmente en silencio desde que asumió el cargo, pero al día siguiente de que mantuviéramos una reunión con el presidente electo Lula, finalmente dijo basta y declaró que trataría este asunto, aunque de forma muy diplomática, con las autoridades de Washington. América Latina puede lograr un efecto multiplicador para presionar a otros líderes mundiales a que acudan a la ayuda de Julian. Teniendo en cuenta además que esto no se trata sólo de un individuo, sino de una cuestión fundamental para nuestra democracia: la libertad de prensa y la libertad de expresión.