El domingo 11 de agosto se celebraron en Argentina las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias, las famosas PASO. En ellas participaron todos los candidatos que querían seguir en carrera a las elecciones parlamentarias que se celebrarán en octubre próximo, y que sirven como encuestas oficiales financiadas por todos los argentinos.

Son las segundas primarias. Antes fue para la presidencial de 2011 y Cristina Fernández de Kirchner, pese a toda la oposición que hicieron los medios (Clarín, La Nación, etcétera), se impuso claramente sobre el resto de los candidatos. De ahí sólo quedaba esperar el triunfo de octubre, que fue de un aplastante 54%.

Pero hoy la situación es clara y distinta, porque el gobierno obtuvo 31% de los votos. Y si bien no es una elección nacional, sino distrital, la cifra la entrega el sitio web del Ministerio del Interior. En otras palabras, el kirchnerismo representado en el Frente Para la Victoria (FPV) y sus aliados sacaron más de seis millones de votos de un total de poco más de 22 millones de votos válidamente emitidos.

Al igual que en las PASO anteriores, Clarín, el “principal partido opositor”, usó toda su artillería contra el gobierno y al igual que en las primarias anteriores el gobierno hizo lo que mejor sabe: no ponerse nervioso. La presidenta mantuvo la calma y salió a respaldar a sus candidatos, entre ellos uno de los principales: Martín Insaurralde, que iba como diputado nacional por la provincia de Buenos Aires, la más grande de toda Argentina y que junto a la Ciudad de Buenos Aires representan al 38% del electorado. Sin embargo, hubo algo que se le salió de las manos al oficialismo encarnado en la presidenta: el intendente de Tigre, un ex secretario de Estado, Sergio Massa, organizó a otros intendentes, kirchneristas y no kirchneristas, y presentó una lista (Frente Renovador) con él a la cabeza.

3062

Nadie sabe cómo surge un líder que pueda convertirse en un dolor de cabeza (o de muelas) para un gobierno, pero la presidenta pensó que el intendente, tal como había hecho con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli (y que había manifestado su intención de ser presidente), podía mantenerse bajo control. Primera equivocación: Massa, más joven que Scioli, sabía lo que quería, apuntaba alto, y jugó sus cartas y se reunió con el gobernador para saber sus intenciones. Daniel Scioli había demostrado ser timorato, pero a Massa no le tembló la mano; la tercera semana de junio inscribía su lista y ya era candidato. Su apuesta era alta o como recuerda el refrán, “con Perón todo, sin Perón nada”: todo o nada. Y empezó midiendo bien en las encuestas, superando a un desconocido Insaurralde, que se paseaba a todas partes con la presidenta y el gobernador. A dos semanas de la elección se decía que las distancias se acercaban y en los días previos que habría un virtual empate técnico.

La noche del domingo 11 de agosto el intendente de Tigre, Sergio Massa, obtenía más de tres millones de votos, es decir, la mitad que los que sacó todo el kirchnerismo. Había nacido un candidato, pero no solamente para las parlamentarias de octubre, sino que también para las presidenciales de 2015, porque Massa es peronista, es un disidente kirchnerista, por lo que puede encarnar lo que sería el post kirchnerismo.

El resto de las PASO fueron relativamente predecibles, a no ser por tres hechos: la caída del PRO, por primera vez en muchos años, en manos de un pacto progresista, que en algunos distritos se llamó UNEN (capital) y en otros Frente Progresista Cívico y Social; las buenas votaciones del PRO en Córdoba (con el ex árbitro Héctor Baldassi que desplazó al ex ministro de Economía, Domingo Cavallo) y en Santa Fe (con el humorista Miguel del Sel), y la posibilidad de que el Frente de Izquierda y de los Trabajadores tenga representación parlamentaria.

De todos modos, y en vista de la crisis partidaria existente en Argentina (ni el PRO ni Proyecto Sur cuentan con representación nacional, y la Unión Cívica Radical, que sí la tiene, carece de candidatos propios), la alternativa más viable para las presidenciales del 2015 es Sergio Massa, es decir otra vez un peronista. Pero mejor no nos adelantemos.