Santiago. Las calles de Santiago muestran gigantescas imágenes de los candidatos presidenciales Eduardo Frei y Sebastián Piñera. Los semáforos y esquinas están tapizados de propaganda electoral, evidencia de que los candidatos a La Moneda buscan aprovechar hasta el último minuto para influir en la mente de los votantes chilenos, quienes este 17 de enero timbrarán el pasaporte a la casa de gobierno para uno de ellos.

Pese a la ardua lucha de los contendores, los analistas coinciden en que el escenario más probable es la victoria del empresario Sebastián Piñera. “El candidato opositor ha demostrado solidez en la construcción de un relato que ha llevado a la derecha a ser propositiva y recoger nuevas demandas ciudadanas”, dice Patricio Gajardo, cientista político, académico de la Universidad Central (UCCH).

En gran medida, dicho factor ha llevado a Piñera a mantenerse al tope de las encuestas desde el inicio de la carrera presidencial. Por el contrario, “la candidatura oficialista en sí misma no ha sido capaz de construir un relato atractivo para captar al electorado”, agrega Gajardo, quien cree que, a pesar de ser el abanderado del oficialismo, Frei no logró representar la idea de “continuidad-cambio” que el electorado reclamaba.

Para Patricio Navia, académico de la Universidad de Nueva York (NYU) y la Universidad Diego Portales (UDP), las cifras obtenidas por el candidato opositor en primera vuelta son concluyentes. “Hay más de un millón de votos de diferencia entre Piñera y Frei (1.003.012, según cifras oficiales), una distancia difícil de remontar y que podría haber sido reducida sólo con una estrategia correcta por parte del oficialismo, sin embargo, esto no ha ocurrido desde el principio de la carrera”.

Navia agrega que Frei no fue acertado al moverse hacia la izquierda, tratando de trasvasijar el apoyo de la presidenta Bachelet (militante del Partido Socialista) hacia su candidatura. “Eso hizo que descuidara el centro, donde Piñera ha capturado la mayor cantidad de votos y donde además el ex concertación Enríquez-Ominami (candidato independiente que sacó el 20% de los votos en la primera vuelta) generó adhesión”, afirma.

Todos los caminos conducen a la refundación. Más de 20 años en el poder no pasan en vano, factor que, a juicio de Patricio Gajardo, tampoco favorece al ex presidente Frei. “La Concertación, como coalición política gobernante, se muestra agotada”. Ante tan oscuro panorama, las interrogantes apuntan a dilucidar qué pasará con el bloque conformado por el Partido Socialista (PS), el Partido por la Democracia (PPD), el Partido Radical Social Demócrata (PRSD) y la Democracia Cristiana (DC), tras los comicios del 17 de enero.

“La eventual victoria de Piñera tendrá un efecto directo en la Concertación”, dice Gajardo, “dependiendo de si el resultado es holgado o estrecho”. En el primer caso, la coalición sufrirá una fuerte crisis interna, ya que la pérdida del poder siempre es un golpe fuerte. Si la derrota es por un margen mínimo de votos, sólo atrasará un proceso que es inevitable: “la construcción de un nuevo relato que refunde conceptualmente al conglomerado”, asegura el politólogo.

Las renuncias de José Antonio Gómez, presidente del PRSD, y de Pepe Auth, titular del PPD, hace algunas semanas, dan luces sobre el futuro del bloque. La dimisión de ambos líderes fue un guiño para captar los votos del ex concertación Marco Enríquez-Ominami, quien no pasó al balotaje, pese a obtener 1.396.655 sufragios. Pero en una segunda lectura se interpreta que facciones del conglomerado están abiertas a una realizar una cirugía mayor, lo que implicaría una profunda renovación de las ideas y replantear el norte político.

“La Concertación tuvo su génesis en la lucha contra la dictadura de Pinochet y la recuperación de la democracia”, dice Navia. “Tras cumplir con dichos objetivos, la coalición ha sido exitosa en la administración de Chile, sin embargo, se ha quedado sin ideas”, sentencia el académico.

Muchas de las propuestas de cambio surgieron desde la candidatura de Marco Enríquez-Ominami, crítico del funcionamiento del conglomerado oficialista, por lo que parte de la renovación del bloque pasará también por aprovechar sus planteamientos. Un camino que quizás se verá entorpecido por la decidida intención de Enríquez-Ominami de consolidar su capital político. Mientras Navia ve al ex candidato cercano a sectores progresistas como el PPD -partido instrumental que congenia con la propuesta transversal del diputado-, Gajardo cree que Enríquez-Ominami debe construir una fuerza política independiente. “Es ahora o nunca”, afirma categórico.

Con el objetivo de capitalizar el 20% que obtuvo en las urnas, Enríquez Ominami prepara dos proyectos en paralelo a la formación de un partido político lanzada este lunes.

Max Marambio, uno de sus principales asesores y financistas, dijo a Ciper Chile que se trata de una federación que reúna a colectividades ligadas a la campaña, como los humanistas, ecologistas y ex socialistas, e incluso algunos que hoy integran la Concertación, como el PPD y el PRSD. A mediano plazo, también tiene previsto impulsar una fundación que se dedique investigaciones académicas y legislativas.

La luna de miel post victoria. A juicio de los analistas, de ganar Piñera, éste vivirá un período inicial de tranquilidad que le dará capacidad de maniobra para nombrar a su gabinete y poner en práctica el discurso de campaña de “dar la oportunidad a una nueva generación de políticos”.

Tras dicho período, las fuerzas comenzarán nuevamente con el tira y afloja propio del juego político, pero probablemente dentro de un nuevo mapa, donde el nuevo movimiento de Enríquez-Ominami jugará un rol decisivo desde la oposición, aunque por ahora sólo sea desde el discurso, porque no posee escaños en el Congreso.

Sin embargo, pese a la ventaja de la oposición, la segunda vuelta no está cerrada. Gajardo señala que no en vano la Concertación ha ganado cuatro elecciones consecutivas, lo que implica que el conocimiento territorial del electorado, y la experiencia procedimental en los comicios, no serán elementos menores.

“La Concertación peleará voto a voto en todas las mesas, sabiendo exactamente qué debe hacer”, lo que pone una cuota de incógnita al resultado final. “Si pierde Piñera, el golpe para la derecha sería fuerte, ya que desperdiciaría una oportunidad única para ser gobierno”, dice Gajardo.

En tanto, Navia sostiene que una eventual derrota de la derecha también generaría fuertes cuestionamientos al interior del bloque, y daría poder a nuevos liderazgos que hoy no están cómodos con el manejo político de las cúpulas en Renovación Nacional (RN) y la Unión Demócrata Independiente (UDI), los dos partidos que conforman la Alianza. En el lado opuesto, una victoria de Frei generará cohesión en el bloque, pero no evitará los cambios que se vislumbran al interior de la Concertación.

Independiente de uno u otro escenario, lo único predecible es que habrá grandes transformaciones en la política chilena tras los resultados del domingo. Es que probablemente no ha existido otra elección tan trascendente desde los comicios de 1989, cuando se definió la salida de Pinochet del poder. Porque es altísima la chance que tiene la derecha de volver a gobernar Chile, lo que generaría una profunda reestructuración en la administración del Estado, pero más importante, la consolidación de la democracia chilena, capaz de ofrecer proyectos distintos y gobernabilidad a 200 años de haberse constituido como república, y a 20 años de haber recuperado la democracia.