Río de Janeiro. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, se arriesga a tener problemas locales y en el exterior con su intrigante postura sobre Irán, mientras la opinión del mundo se endurece contra el programa nuclear de la república islámica.

Lula, un ex líder sindical que fue encarcelado por la dictadura militar brasileña en la década de 1970, se ha negado a criticar el historial de Irán sobre derechos humanos y a fines del año pasado recibió con sonrisas y abrazos al líder de ese país, Mahmoud Ahmadinejad.

Lula planea visitar Teherán en mayo para impulsar los vínculos comerciales entre ambos países, pese a que en Naciones Unidas aumenta el apoyo a una nueva ronda de sanciones contra Irán.

La paciencia de Estados Unidos con Lula fue puesta a prueba una vez más la semana pasada, cuando Lula desdeñó el intento de la visita de la secretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, para convencer a Brasil de votar a favor de nuevas sanciones, advirtiendo que "no se arrincone a Irán".

La aproximación de Lula hacia Irán ha sido una sorpresa para muchos que consideran al carismático líder como una cara amigable del surgimiento económico y diplomático de Brasil en años recientes.

Esta semana, el periódico The Miami Herald publicó un editorial en que calificó la política de Lula sobre Irán de "peligrosamente obtusa y no digna de un país que aspira a ser considerado un igual entre líderes mundiales".

Diferente visión. La postura de Brasil tampoco es bien vista por Israel -donde Lula llegará la próxima semana para promover la paz en Medio Oriente-, que ve los planes nucleares de Irán como una amenaza mortal.

La posición del presidente brasileño también está abriendo divisiones internas antes de las elecciones presidenciales de octubre, pues la oposición critica los vínculos del país con Irán dado que potencias occidentales temen que ese país quiera desarrollar armas nucleares, pese a las negativas de Teherán.

"Definitivamente hay un riesgo político aquí para los brasileños", dijo Eric Farnsworth, vicepresidente del Consejo de las Américas en Washington y ex funcionario del Departamento de Estado.

Analistas afirman que el gobierno de Lula, que tiene un puesto rotativo en el Consejo de Seguridad de la ONU, se ve a sí mismo como un importante freno a cualquier reiteración del consenso apresurado que llevó a la guerra contra Irak en 2003, basado en evidencias poco claras.

"Brasil habla desde la perspectiva de su propia historia. Se vio muy presionada por temas nucleares", comentó Matias Spektor, estudioso brasileño de visita en el Consejo de Relaciones Exteriores de Washington, recordando que el país fue duramente criticado cuando persiguió sus propias ambiciones nucleares pacíficas en décadas pasadas.

Diplomáticos del Consejo de Seguridad esperan que Brasil se abstenga o vote en contra de nuevas sanciones contra Irán, junto a los miembros no permanentes Líbano y Turquía, y al miembro permanente China.