La revista colombiana Semana realizó una entrevista a John Jairo "Popeye” Velásquez, el único sicario que queda vivo de los que trabajaban para Pablo Escobar, el líder de Medellín, uno de los más grandes de Colombia. Luego de 23 años de cárcel, a Popeye le dieron la noticia de que estará preso siete años más. En la entrevista, que recoge La Nación, Popeye cuenta que llegó a matar a 300 personas, aunque organizó cerca de 3000 asesinatos.

"Yo personalmente creo que (maté a) alrededor de 300. Pero he participado y coordinado alrededor de 3.000 muertes", expresó el sicario, quien, por orden de su "patrón"(como llama a Escobar), tuvo que matar a su novia y a su mejor amigo.

"Es uno de los episodios más dolorosos de mi vida. Ella se llamaba Wendy Chavarriaga. Era una mujer muy hermosa, podía ser una reina de belleza. Ella había sido novia del patrón, pero quedó embarazada y para él la familia era sagrada. Un hijo fuera del matrimonio era impensable. Entonces la hizo abortar a la fuerza y a partir de ese momento ella decidió vengarse. Como yo la había conocido, nos encontramos una vez en una discoteca, comenzamos a salir y nos enamoramos. Como al patrón había que informarlo de todo, le pedí permiso para ennoviarme con ella, me lo dio, pero me dijo que tuviera cuidado", contó Popeye a la revista colombiana.

"Resulta que ella en su obsesión de vengarse del patrón por haberle hecho perder el niño se volvió informante del bloque de búsqueda. Y el patrón, que tenía su servicio de inteligencia por todas partes, llegó a grabarle una conversación en la cual ella estaba hablando con un tipo que tenía contactos con la DEA. El patrón me llamó, me puso el casete y me dio la orden. "Popeye, vaya y mátela". Como las órdenes no se discutían, me tocó. Usted no sabe lo que es matar a una persona a la cual uno adora", agregó.

Popeye también tuvo que matar a Quico Moncada, su mejor amigo. "En el mundo nuestro uno siempre está listo para esas cosas. Cuando uno es bandido, la muerte le puede llegar en cualquier momento. Uno tiene una preparación para eso diferente que el resto de la gente. Yo esposé a Quico y lo bajé al sótano. Él era muy varón y lo único que me dijo era que si podía leerle algunos salmos de la Biblia antes de disparar. Conseguí la Biblia y le leí todo lo que me pidió y después de eso le metí un tiro", expresó Popeye.

Es que, para él, Pablo Escobar era un líder a quien había que seguir. "Pablo Escobar era un genio, tal vez un genio del mal, pero en todo caso un genio. Tenía una mente privilegiada y un detector de mentiras en el cerebro. Si usted decía algo que no era verdad, inmediatamente lo captaba. Y eso podía costarle a uno la vida. Inspiraba una lealtad infinita en todos los que creíamos en él. Yo llegué a creer que era inmortal. El día más triste de mi vida fue el día que lo mataron", dijo Popeye sobre su “patrón”, quien fue abatido en 1993.

Sin embargo, para Popeye Escobar no era un asesino. "Yo creo que él no mató a más de 20 personas en toda su vida. Él ante todo era un líder, un organizador de bandidos y un gran secuestrador", dijo y agregó que el líder de la banda "murió sin un peso". "Tenía edificios, fincas, diamantes y cuadros, pero cero liquidez", aseveró.

Para el sicario, que cayó preso en 1990, todas las muertes se justificaban en su lucha. "Yo sentía que estaba en una guerra justa contra la extradición y que en esa guerra todo se justificaba. Ahora veo las cosas dentro de otra perspectiva y me parece increíble lo que hice y lo que ha sido mi vida", afirmó.

Una especialidad del cartel de Medellín era matar policías. Cada uno tenía un precio estipulado dependiendo del cargo que ejercía. El hábito se generó cuando mataron al cuñado de Escobar, Mario Henao, a quien el líder guardaba gran cariño.

"El patrón quería tanto a Mario que se derrumbó cuando se enteró de la muerte. Al otro día nos citó y nos dijo: 'Vamos a matar policías. Eso es más útil que matar jueces porque finalmente son ellos los que nos llevan donde los jueces'. Y nos dio la tarifa: 2 millones por policía, tres por sargento, diez por teniente, 30 por mayor, 50 por coronel y 100 por general. Yo directamente (maté) a unos 25. Pero yo dirigía casi todos los operativos y yo creo que en total matamos unos 540", explicó.

A pesar de la frivolidad de los hechos que relata, Popeye considera que su experiencia es positiva para el aprendizaje de la sociedad. "Me gustaría usar mi experiencia para contribuir en el posconflicto. Lo que yo he vivido no lo ha vivido nadie. Fui sicario de Pablo Escobar. Fui compañero de celda de los peores enemigos de Pablo Escobar. He sido amigo o enemigo de todos los muertos de las guerras recientes de Colombia. Todo eso me da un conocimiento y unas experiencias que creo se pueden canalizar hacia algo constructivo. Quiero enseñarles a los jóvenes de Colombia que no tienen por qué vender sus vidas por un Mercedes-Benz o por los cucos de una reina de belleza, como hice yo. Ojalá que me den esa oportunidad", concluyó.