Seguidores y detractores del depuesto presidente Mohamed Mursi se enfrentaron hoy a los tiros en El Cairo y otras ciudades y al menos cinco personas murieron en el este y norte de Egipto, con el país al borde de la guerra civil tras la reciente matanza de opositores al golpe de Estado.

La violencia estalló luego de que decenas de miles de partidarios de Mursi tomaran este viernes las calles en numerosas ciudades en desafío a un estado de sitio impuesto por el Ejército luego de la matanza de más de 600 de ellos perpetrada el miércoles pasado por policías y soldados tras el desalojo de dos campamentos de protesta.

Fuentes médicas y de seguridad informaron que al menos cuatro personas murieron hoy y 22 resultaron heridas en choques entre seguidores y detractores de Mursi en la localidad de Ismailiya, junto al canal de Suez, en el este del país, informó la agencia de noticias EFE.

Otra persona murió por hechos de violencia en el puerto mediterráneo de Damieta, informaron fuentes médicas, y también hubo enfrentamientos en la norteña Alejandría, la segunda ciudad más grande Egipto, y en la localidad de Tanta, sobre el canal de Suez, dijo la policía.

En los disturbios en Alejandría se emplearon armas de fuego y cócteles molotov, y, además, grupos de desconocidos atacaron la sede del Club de Jueces en Alejandría, contra la que lanzaron bombas incendiarias, informó la TV estatal egipcia.

En la capital también se produjeron enfrentamientos en el centro, sobre el puente 15 de Mayo y en la calle Tahrir y en el barrio de Doki durante las protestas de la Hermandad Musulmana, el grupo islamista al que perteneció Mursi hasta que accedió a la Presidencia, pese al amplio despliegue de fuerzas de seguridad.

Fuentes de seguridad dijeron que varias personas resultaron heridas por la violencia en El Cairo, informó EFE.

El ejército redobló su presencia sobre todo en el centro de El Cairo, en las inmediaciones de la plaza Tahrir y en los puentes sobre el río Nilo. Blindados bloquearon el acceso a otras plazas importantes, mientras que soldados con ametralladoras fueron estacionados en esquinas clave.

Miles de islamistas marcharon por uno de los puentes sobre el Nilo, cantando en apoyo a la Hermandad y contra el golpe militar del 3 de julio, que fue dado por el Ejército y avalado por millones de personas que salieron a las calles a pedir la renuncia de Mursi acusando a su movimiento de haber monopolizado el poder.

Una de las mayores concentraciones se dio en torno a la mezquita de Fath, en el céntrico barrio cairota de Ramsés, donde los islamistas increpaban a las personas que veían en las azoteas de las casas por temor a que pudieran tener armas y las dirigieran contra ellos, informó la agencia de noticias EFE.

Además del despliegue militar y policial, cientos de seguidores de los movimientos juveniles opuestos a Mursi también salieron a las calles con palos y armas blancas, luego de una convocatoria lanzada ayer a formar comités populares para vigilar las calles.

El peligro a una guerra civil en Egipto se magnificó esta semana luego de que policías y soldados apoyados por blindados y helicópteros desalojaron a los tiros dos campamentos de protesta que miles de seguidores de Mursi mantenían en El Cairo para exigir la restitución del mandatario en su cargo.

El Ministerio de Salud egipcio dijo ayer que 638 personas, casi en su totalidad seguidores de Mursi, murieron y 3.994 resultaron heridos en los desalojos y otros hechos de violencia posteriores en otras ciudades.

Pese a la unánime condena mundial por la masacre, las autoridades egipcias amenazaron ayer con seguir reprimiendo con balas de plomo ante cualquier ataque a edificios gubernamentales, luego de que la municipalidad de la ciudad de Giza, cerca de El Cairo, fuera incendiada ayer por seguidores de Mursi.

Tras dar el golpe, el Ejército, controlado por el general Abdel Fatah al Sisi, dijo que no quería detentar el poder e instaló un gobierno civil que prometió elecciones para el año próximo.

A pesar de la determinación de la multitud de islamistas de seguir reclamando la vuelta de Mursi, un juez ordenó ayer extender por otros quince días la prisión preventiva que pesa sobre el mandatario derrocado, quien permanece detenido en un lugar desconocido desde el mismo día del golpe de Estado.