Buenos Aires. El cantante argentino Sandro, uno de los artistas más populares de América Latina, murió a los 64 años, dejando una obra de más de cuatro décadas que recorrió desde el rock hasta la balada y que le valió comparaciones con Elvis Presley.

Sin poder recuperarse de un trasplante de corazón y pulmones que le practicaron un mes y medio atrás, Roberto Sánchez -su nombre real- falleció en el hospital Italiano de la provincia de Mendoza víctima de una infección, dijeron sus médicos.

"El señor Roberto Sánchez dejó de existir debido a un cuadro de shock séptico que se complicó", dijo Claudio Burgos, uno de los especialistas que estuvo a cargo de atender al cantante, severamente afectado por un enfisema pulmonar producto de su adicción al cigarrillo.

En las puertas del hospital un grupo de seguidores estalló en un lamento al escuchar las palabras de Burgos, y pocos minutos después decenas de personas comenzaron a congregarse frente a la casa del cantante en la ciudad de Buenos Aires.

Una verdadera leyenda, la muerte de Sandro hegemonizó las pantallas de TV, los programas de radio y se convirtió en la noticia central de los principales diarios de habla hispana en sus sitios de internet.

"Pienso en él y pienso probablemente en el artista más importante que ha dado Latinoamérica en el género. La distancia de él como artista con todos nosotros era sideral", dijo el músico y compositor melódico Paz Martínez.

Su impronta provocadora y su afección a bromear sobre su propia mitología le granjeó la simpatía de nuevas generaciones de músicos de rock -como los Fabulosos Cadillacs, Molotov o León Gieco-, que registraron una obra con sus composiciones para homenajearlo.

Los restos de Sandro están siendo velados en el Congreso de la Nación, el mismo lugar donde también fue despedida en octubre pasado la folclorista Mercedes Sosa. .

Trasplantes y complicaciones. Ganador de un Grammy, Sandro grabó más de 40 discos desde sus inicios como pionero del rock en América Latina, cuando grabó temas de Jerry Lee Lewis, antes de dedicarse a las baladas románticas.

Con los años, sus recitales devinieron en verdaderos rituales en los que vestía batas rojas y entonaba sus canciones con una copa de champagne en la mano para delirio de su público, mayoritariamente femenino.

"Las nenas", como gustaba llamarlas, se encargaron de mantener tradiciones surgidas al calor de la década de 1960 y más de cuarenta años después aún arrojaban prendas de ropa interior sobre el escenario en señal de su devoción por Sandro.

"Lo voy a recordar siempre, primero como mi ídolo, después como un amigo adorado y un compañero de trabajo excelente (...) Era la estrella máxima, era indiscutible", dijo la conductora y actriz argentina Susana Giménez.

"Desde que está enfermo me levanto y pongo su música a todo lo que da. Nadie cantó al amor y a la mujer con ese sex appeal que les hacía sentir a las mujeres que se los estaba diciendo a ellas", añadió en una entrevista con el canal TN.

En cada uno de sus cumpleaños, decenas de mujeres se agolpaban frente a su casona amurallada del barrio de Banfield para desearle felicidad a viva voz, mientras los numerosos imitadores que tenía el cantante aprovechaban la televisión en directo para mostrar sus habilidades.

Incluso con su enfermedad ya desatada, "El Gitano" siguió saliendo para responder a sus admiradoras.

Sandro dejó éxitos como "Rosa Rosa", "Dame Fuego", "Penumbras", "Ese es mi amigo el puma" y "Trigal", además de participar en 13 películas que lo popularizaron en toda Latinoamérica.

El cantante había esperado largamente la posibilidad de recibir el transplante, que llegó cuando ya estaba severamente afectado en su capacidad respiratoria y debía hacerlo asistido por una máquina que le proveía oxígeno.

Luego del doble trasplante, que fue seguido minuto a minuto por los medios de comunicación, la progresión de su deterioro obligó a realizarle varias cirugías adicionales de las que salía cada vez más debilitado. "Dejó todo lo que tenía como artista", resumió la cantante argentina Violeta Rivas.