Washington. El presidente de Estados Unidos, Barack Obama, inició este jueves un último y desesperado intento por salvar el estancado proyecto de reforma de salud, y dijo en una cumbre televisada, que la iniciativa es clave para impulsar la economía.

Tras meses de un acalorado debate parlamentario sobre la reforma al sistema de asistencia médica, líderes de ambas partes tienen poca esperanza de lograr un compromiso durante la reunión de un día que tiene más potencial para un enfrentamiento político que para resolver el problema.

Pero Obama declaró que espera que la reunión produzca más que un teatro político y acusaciones partidistas.

"Este es un tema que está afectando a todos, está afectando no sólo a aquellos que carecen de seguro, sino que también a aquellos que tienen seguro", expresó ante líderes del Congreso. "Creo que esta preocupación es bipartidista", agregó.

Pero el senador republicano Lamar Alexander dijo que la reforma al sistema de asistencia médica implicaría más impuestos, más regulaciones y menor rango de elección para los consumidores.

La oposición republicana, aseguró, representa la voluntad de la mayoría de los estadounidenses.

Alexander instó al mandatario a comenzar con la iniciativa de reforma desde el principio y a no intentar forzar su propia medida a través del Congreso, frente a un muro de oposición republicana.

"Tenemos que comenzar tomando el actual proyecto y poniéndolo en un estante y comenzar con una hoja en blanco", dijo Alexander. "Este es un auto que no puede ser retirado y arreglado", afirmó.

Buscando el consenso. Obama y sus pares demócratas no tienen intenciones de hacer eso, pero el presidente espera influenciar a titubeantes legisladores demócratas y a votantes que han perdido entusiasmo en el esfuerzo de reformar la industria de asistencia médica estadounidense de US$2,5 billones.

El presidente señaló que el dinero que se gasta en asistencia médica podría ir a la creación de empleos y otras vitales necesidades económicas.

Los proyectos aprobados el año pasado por la Cámara de Representantes, controlada por demócratas, y el Senado fueron diseñados para controlar los costos, regular a compañías aseguradoras y expandir la cobertura a decenas de millones de estadounidenses.

Pero los esfuerzos por fusionarlos y enviar una versión final a Obama colapsaron en enero después de que demócratas perdieron la crucial mayoría de 60 votos en el Senado, en una elección especial en Massachusetts, en medio de amplio descontento público por la conducción de la reforma.

Obama ofreció su propia versión del plan de asistencia médica en un esfuerzo por superar un estancamiento legislativo, pero republicanos lo rechazaron de inmediato. Aún así, la Casa Blanca prometió buscar un consenso con los republicanos.