Brasilia. La jefa de Gabinete de Brasil, Dilma Rousseff, proclamada el sábado como candidata presidencial por el gobernante Partido de los Trabajadores (PT), prometió continuar con la actual política económica del presidente Luiz Inácio Lula da Silva si gana las elecciones del 3 de octubre.

Delegados en la convención nacional del partido en Brasilia nombraron candidata a Rousseff, quien podría convertirse en la primera presidenta mujer de Brasil.

Rousseff es superada actualmente en los sondeos de opinión por el gobernador del estado de Sao Paulo, Jose Serra, opositor del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), por entre 5 y 11 puntos porcentuales, según dos encuestas publicadas este mes.

"Estoy aquí para aceptar esta honorable misión que ustedes me han delegado", dijo Rousseff ante la convención del partido. "Estoy totalmente preparada", agregó.

Lula, el presidente más popular en la historia reciente de Brasil, dijo que la candidatura de Rousseff no apuntaba a conservarle un lugar para su posible retorno en el 2014.

"Quiero que ella gane un segundo mandato", aseguró Lula, a quien la ley no le permite competir por un tercer período.

Rousseff prometió mantener los pilares de la política económica afín a los mercados de Lula: disciplina fiscal, libre flotación del tipo de cambio y metas inflacionarias.

"Aseguraremos estabilidad macroeconómica", señaló la política de 62 años, quien también es economista.

Durante los últimos años, Brasil ha consolidado su posición como una de las economías líderes. El país se recuperó rápidamente tras una breve recesión el año pasado y se espera que crezca más del 5 por ciento este año.

Ataviada con un brillante vestido rojo, Rousseff dijo a sus fervientes seguidores que, de ser presidenta, seguiría expandiendo el servicio público, pese a las advertencias de la oposición sobre los riesgos de aumentar el gasto con un aparato estatal desbordado e ineficiente.

Lula dijo que había elegido a Rousseff como su sucesora por su rigor, su ética y su determinación.

Continuidad política. El partido aprobó el viernes una plataforma de campaña que propone prolongar las políticas del presidente Lula. Pero también incluye propuestas para expandir el rol de las empresas estatales, impuestos para los grandes patrimonios y ampliar los programas de bienestar social.

Rousseff también dijo que quiere continuar trabajando con los actuales socios de coalición de Lula, un grupo de 11 partidos que van desde la extrema izquierda hasta el centro político.

"Quiero continuar nuestro camino con ellos. Quiero formar un Gobierno de coalición", expresó Rousseff, quien fue militante izquierdista durante la dictadura militar de 1964 a 1985.

Rousseff deberá abandonar su puesto actual el 3 de abril, en cumplimiento con la ley electoral.

Entonces tendrá que negociar con unos 10 partidos que son potenciales aliados, a a fin de organizar una plataforma de campaña común.

Lula, que logró superar las barreras sociales para convertirse en el primer líder sindical en llegar a la presidencia de Brasil, instó a las mujeres a apoyar a Rousseff para sobreponerse a la arraigada desigualdad entre los géneros.

"Las mujeres aún son tratadas como ciudadanos de segunda clase", afirmó Lula.

Pero en medio de su proclamación, un grupo de indígenas vestidos con ropas típicas, protestaban contra la política indígena del Gobierno, en el fondo del centro de convenciones.

Algunos analistas sostienen que Rousseff carece de la habilidad de Lula para manejar los a menudo volátiles intereses partidarios.

A diferencia de Lula, Rousseff no es carismática y tiene un discurso de corte más técnico, lo que le podría jugar en contra en un país en el que la personalidad de los candidatos tiene un gran peso en las campañas electorales.

"Pienso que el mayor obstáculo que enfrentará Dilma es que carece de la capacidad para comunicarse con la gente", dijo Romulo Carneiro, alcalde del estado de Ceara, en el nordeste brasileño.

A continuación, la visión de expertos sobre las posiciones de Rousseff sobre temas clave:

Mayor rol estatal. Se cree que Rousseff va a favorecer un mayor rol de empresas estatales en la economía, postura que se volvió más popular durante la crisis financiera global.

Esto podría suponer la reducción de la participación del sector privado en industrias como la banca, el petróleo, el gas y las eléctricas.

Rousseff favorece una reestructuración del aparato estatal para mejorar su eficiencia y dinamizar la burocracia, pero no reducirá su tamaño ni los beneficios para funcionarios públicos.

Rousseff tuvo un rol destacado en la redacción del borrador de un proyecto de ley, actualmente en el Congreso, que le daría al Gobierno mayor control sobre la industria petrolera y le otorgaría a la petrolera estatal Petrobras un rol clave en el desarrollo de enormes nuevos hallazgos costa fuera.

Política monetaria. Es improbable que Rousseff abandone las metas de inflación, pero ocasionalmente ha criticado al Banco Central por ser demasiado riguroso con esas metas.

Ha llamado al Banco Central a mirar a la economía en forma más amplia, incluyendo el aumento de los puestos de trabajo, y no sólo a la inflación al momento de tomar sus decisiones de política monetaria.

Superávit presupuestario primario. Rousseff ha dicho que Brasil debe seguir generando un superávit presupuestario primario y reducir la deuda pública por varios años después del 2010.

Algunos analistas sostienen que lograría eso más gradualmente que su rival Serra.

El gasto público subió agudamente en el 2009, llevando el superávit presupuestario primario a un 2 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), su nivel más bajo en ocho años.

Reformas. No está claro cuánto impulsaría Rousseff reformas estructurales que líderes empresariales consideran esenciales para asegurar la competitividad internacional de Brasil. Entre ellas figuran las propuestas de reformas a leyes tributarias, laborales y de pensiones.

Su partido apoya una propuesta para simplificar un sistema tributario complejo y poco manejable, pero Lula no ha conseguido que el Congreso lo apruebe.

Rousseff ha descartado realizar una reforma mayor de las leyes laborales, que los críticos dicen que son demasiado rígidas y costosas.

Política externa. Se espera que Rousseff continúe con la política exterior de Lula, estrechando vínculos con países en desarrollo, presionando por reformas de agencias multilaterales y buscando un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Aborto. En una entrevista el año pasado, Rousseff dijo que favorece la legalización del aborto porque demasiadas mujeres mueren en Brasil como consecuencia de abortos clandestinos y poco seguros.

Su postura podría convertirse en un tema de campaña en una sociedad predominantemente católica.