"Estamos hablando en una COP de sordos”, criticó Robinson López, Coordinador de Cambio Climático y Biodiversidad de la Coordinadora de las Organizaciones Indígenas de la Cuenca Amazónica (COICA), reclamando la inclusión de los pueblos indígenas "con voz y voto en los escenarios climaticos”, ya que "de lo contrario es una feria de negocios sobre los  territorios indigenas”.

La demanda resonó alto en la sala de prensa de la COP25, la cumbre climática  que se está llevando a cabo en Madrid del 2 al 13 de diciembre. No obstante, este es uno de los pocos lugares en el espacio de las negociaciones que pueden utilizar los pueblos originarios que quedan al margen de las discusiones. "No tenemos un diálogo de igual a igual”, lamentó el dirigente, asegurando que "estas dinámicas deben cambiar”.

López volvió a recordar la importancia de "los saberes ancestrales, la conexión con el agua, con la tierra y la espiritualidad”, que "han permanecido en la oralidad”. Se tratan de "prácticas que hemos desarrollado de generación en generación”, apuntó a DW Miguel Guimaraes, del Departamento Ucayali de la Amazonia peruana. "Vemos el territorio de una manera integral, hay un respeto por la naturaleza”, explicó el miembro de la población Shipibo Konibo.

Guimaraes apuntó algunas de estas prácticas amigables con el medio ambiente, como la producción  de madera sostenible. "Nunca tumbamos los árboles maderables, la actividad agrícola se produce en lugares deforestados”, dijo. Igualmente, "nunca se ha practicado pesca indiscriminada” ya que la sabiduría tradicional indica "en qué momentos hay que pescar”. Eso también sucede con la siembra, práctica que fortalece la seguridad alimentaria. "Son aportes que los pueblos indígenas dan, no se han comprobado cientificamente, pero han funcionado para los pueblos”, subrayó.

Esta actividad se ejecuta a través de un plan maestro "con cuatro elementos: ambiental, económico, social y cultural”. Se trata de "un trabajo novedoso de nueva gobernanza”, que cuenta con un "enfoque intercultural en alianza con el Estado peruano” con el que se ha firmado un contrato indefinido y en el que existen compromisos por ambas partes y se "comparten roles y funciones”. "Somos socios, no beneficiarios”, apuntó.

Saberes amenazados. No obstante, estos conocimientos están en peligro. "Nuestra medicina ancestral y saberes se están acabando, la contaminación en los territorios es muy grave”, lamentó Sandra Tukup, dirigente departamental de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de la Amazonia Ecuatoriana (CONFENIAE).

Por este motivo, desde dicha organización se ha elaborado un ‘Plan de Implementacion' que conjuga proyectos relacionados con el cambio climático, la protección de los territorios ancestrales, la alimentación, el ‘Buen Vivir' y emprendimientos vinculados con la artesanía y el turismo comunitario, que se enmarcan dentro de la iniciativa ‘Cuencas Sagradas'. "Nosotros hemos venido protegiendo nuestros bosques, nos hemos expuesto para evitar la tala de árboles y la explotación petrolera”, dijo a DW la lideresa shuar.

Tukup destacó la movilización que se ha llevado a cabo en la conservación de los bosques, así como del agua y la biodiversidad. Por este motivo, la propuesta, que se ha desarrollado conjuntamente con Perú, se plantea como un ‘Pacto Verde' que propone un cambio de modelo, del actual extractivista, a otro enfocado en la conservación de la naturaleza, el bienestar humano y la justicia.

Experiencias exitosas. En la reserva comunal de Amarakaeri, en Madre de Dios (Perú), se está llevando a cabo una experiencia de desarrollo rural sostenible en territorios ancestrales que ha sido galardonada con el Premio Ecuatorial 2019 del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). La distinción reconoce el trabajo de mitigación del cambio climático con la protección de más de 400.000 hectáreas de bosque mientras que se ofrecen medios de vida alternativos a las comunidades locales como "el turismo y aprovechamiento de la castaña ”, dijo Walter Quertehuari,  presidente del Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Amarakaeri.

Esta actividad se ejecuta a través de un plan maestro "con cuatro elementos: ambiental, económico, social y cultural”. Se trata de "un trabajo novedoso de nueva gobernanza”, que cuenta con un "enfoque intercultural en alianza con el Estado peruano” con el que se ha firmado un contrato indefinido y en el que existen compromisos por ambas partes y se "comparten roles y funciones”. "Somos socios, no beneficiarios”, apuntó.

La reserva peruana tiene en cuenta la visión que plantea el REDD+ Indígena Amazónico (RIA), una propuesta con enfoque indígena del mecanismo de mitigación de Naciones Unidas (REDD+) que va más allá de la captura del carbono y en la que se incluyen "los conocimientos ancestrales”, recordó Lopez. Aunque esta iniciativa, que se llevó a cabo en Colombia, Perú y Ecuador y fue financiada en un 90% por el Ministerio de Medio Ambiente alemán, terminó en 2017, la COICA prevé desarrollar una segunda fase que se extienda al resto de países que forman parte de la Cuenca Amazónica. "Es un proyecto ambicioso, está pensado a 10-15 años”, avanzó a DW Lopez, apuntando que la primera etapa de cuatro años empezaría en 2020. Para ello, está en búsqueda de apoyo financiero y aliados, entre los que se encuentra la organización alemana Alianza del Clima.