Brasilia, Xinhua. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, subrayó este miércoles que la relación con los países vecinos de América del Sur es la prioridad de la diplomacia de su gobierno, y reafirmó que su país no interfiere en la vida de otras naciones con base en un riguroso concepto de no intervención.

En un discurso durante la ceremonia de asunción del nuevo canciller, Luiz Alberto Figueiredo, Rousseff aludió a la crisis que llevó a relevo de Antonio Patriota al frente del ministerio del exterior, resaltando que el gobierno brasileño no pone en riesgo la vida de personas que están bajo su responsabilidad.

El canciller Figueiredo fue designado la noche del lunes por Rousseff tras la polémica desatada por la salida del senador boliviano Roger Pinto Molina, asilado en la embajada brasileña en La Paz, quien fuera trasladado el fin de semana a territorio brasileño sin el salvoconducto necesario del gobierno del presidente Evo Morales.

"No interferimos en la vida de los otros países. No ponemos la vida de quienquiera que sea en riesgo, sean ciudadanos brasileños o de cualquier nacionalidad. Adoptamos rigurosos conceptos de no intervención", destacó.

"La mayor de nuestras prioridades es la integración regional, principalmente con nuestro vecinos de América del Sur, somos 12 países hermanos, iguales en derechos, merecedores del mismo respeto democrático", subrayó.

"Defendemos soluciones negociadas para crisis externas e internas. Propugnamos el respeto a la soberanía de todos los pueblos. Postulamos la democracia como salida para las crisis políticas", manifestó Rousseff.

"Un continente como el nuestro, que ya fue una especia de área de riesgo para la democracia, nosotros recordamos bien eso, marcado por dictaduras cruentas y duraderas, vive hoy una etapa de modernización política", recordó.

Según Rousseff, eso distingue a la región ante otras partes del mundo afectadas por conflictos étnicos y religiosos y por "las marchas y contramarchas en luchas por libertad en todo espacio del mundo aún bajo gran tensión y conflicto".

"Tenemos orgullo, mucho orgullo, del Mercosur, la Unasur (Unión Suramericana de Naciones) y la CELAC" (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños), dijo Rousseff.

Añadió que su gobierno considera a esas entidades para "nuestra política externa, instancias fundamentales para que continuemos en el camino del desarrollo y el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas".

"Además de respeto, los 12 países de este continente merecen de nosotros una actitud de solidaridad y cooperación. Brasil cree en el multilateralismo como única forma perenne de conseguir consensos en el ámbito internacional, de construir armonía donde sólo hay guerras y conflictos", dijo.

En una alusión indirecta al debate sobre una eventual intervención militar externa en Siria, reafirmó que Brasil sólo apoya acciones basadas en el consenso multilateral.

"Sólo aprobamos acciones excepcionales en defensa de la preservación de vidas humanas si pasan por el debido escrutinio y tienen el amparo de la ONU", apuntó.

"Defendemos soluciones negociadas para crisis externas e internas. Propugnamos el respeto a la soberanía de todos los pueblos. Postulamos la democracia como salida para las crisis políticas", manifestó.

La mandataria resaltó que siguiendo esos principios Brasil ganó respeto internacional que permitió que importantes cargos en organizaciones internacionales pasen a ser ocupados por brasileños.

Mencionó en particular la elección del ex ministro José Graziano para dirigir la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO), del ex ministro Paulo Vannuchi para integrar la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y del embajador Roberto Azevedo para dirigir la Organización Mundial de Comercio (OMC).

Rousseff destacó también la importancia dada por su gobierno a las relaciones Sur-Sur, en especial al grupo BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica-, y a la cooperación con los países africanos, manteniendo al mismo tiempo relaciones productivas con los países desarrollados.