Santiago.- "Somos hijos e hijas del neoliberalismo chileno y el malestar que eso genera", pero también parte de un nuevo país cada vez más abierto a los cambios, dice Emilia Schneider, la primera mujer transgénero en liderar la organización estudiantil más antigua del país.

Chile era considerado uno de los países más estables de América Latina, hasta que en octubre un estallido social -protagonizado sobre todo por jóvenes- alteró las estructuras y reveló grietas, desigualdades y demandas de una sociedad insatisfecha y desconfiada de la política tradicional.

"Creo que tiene que ver con años de movilizaciones en nuestro país que no habían sido escuchadas", por el derecho a la educación, a la seguridad social, a la salud, declara Schneider a Reuters en una conversación en la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech), una organización que lidera desde el año pasado.

Según ella, un modelo político "que prescinde de la sociedad" y otro económico "que privatiza todos los aspectos de la vida", es muy probable "que incuben un malestar tremendo y tan profundo como el que se ha expresado".

La Ley de Identidad de Género que permite el cambio de nombre y sexo legal comenzó a regir en diciembre del año pasado en Chile. La normativa no incluye a los menores de 14 años, como sí esperaban defensores de los derechos de esta población, pero resalta en un país donde el divorcio es legal desde 2004 y el aborto se permite sólo en situaciones extremas.

"Es un acumulado histórico de malestar que estalla de alguna manera el 18 de octubre", añade esta estudiante de Derecho sobre las manifestaciones y sus demandas, que si bien el gobierno ha reconocido en parte como legítimas no han sido aún abordadas del todo.

Nacida en 1996, es bisnieta del general René Schneider, jefe del Ejército asesinado en 1970 por un comando de extrema derecha que buscaba evitar la llegada al poder del socialista Salvador Allende, que tres años mas tarde fue derrocado por Augusto Pinochet.

Feminista y militante del partido de izquierda Comunes -que integra el bloque Frente Amplio donde hay varios antiguos líderes estudiantiles-, Emilia Schneider dice que esta ola de protestas "también tiene que ver con una generación que no vivió la dictadura y el miedo a la participación en política".

En un país donde los estudiantes han sido actores clave en las movilizaciones contra gobiernos tanto de izquierda como de derecha, la ola de protestas perdió fuerza durante el verano austral pero recobró ímpetu los últimos días, con la llegada de marzo.

Hasta ahora las movilizaciones dejaron al menos 31 muertos, miles de heridos y detenidos. Organizaciones internacionales han denunciado violaciones a los Derechos Humanos, mientras la economía acusó también el impacto de los disturbios.

A pocas cuadras de la sede de la Fech esta la céntrica Plaza Italia, bautizada "Dignidad" por los manifestantes y punto neurálgico de las protestas en Santiago. El lugar está marcado ahora por decenas de grafitis, pavimento destruido, edificios incendiados.

Rumbo al 8M. La marcha del Día de la Mujer en Chile fue multitudinaria en 2019 y este año se espera una convocatoria incluso mayor, alentada por el estallido social y la demanda actual de las mujeres por una mayor participación política.

El Congreso acaba de aprobar un mecanismo para asegurar la representación paritaria de hombres y mujeres en una eventual asamblea constitucional que redacte una nueva carta magna, de cara a un plebiscito el 26 de abril. El llamado a referendo para decidir si se escribe un nuevo texto es uno de los resultados concretos de las movilizaciones sociales.

"Vamos por una Constitución feminista", dice Schneider, que plantea asuntos como "garantizar derechos sexuales y reproductivos, paridad, participación de mujeres y disidencias sexuales" en los debates del proceso constituyente.

"Movimientos como el feminista han ido quebrando y presionando los límites de los consensos que había en Chile", poniendo sobre la mesa cuestiones como "la desigualdad y violencia estructural que vivimos mujeres y disidencias sexuales".

Pero eso no es suficiente, insiste la dirigenta. "Tenemos que ir conquistando políticas públicas para generar esos cambios. No basta con el empuje del movimiento".

¿Un nuevo Chile? La Ley de Identidad de Género que permite el cambio de nombre y sexo legal comenzó a regir en diciembre del año pasado en Chile. La normativa no incluye a los menores de 14 años, como sí esperaban defensores de los derechos de esta población, pero resalta en un país donde el divorcio es legal desde 2004 y el aborto se permite sólo en situaciones extremas.

Para Emilia Schneider, el país tiene una "deuda histórica" con las personas transgénero, que de acuerdo a organizaciones especializadas registran altas tasas de desescolarización, enfrentan precariedad laboral, discriminación, insuficiente acceso a los servicios de salud, entre otros problemas.

"Creo que mi situación como persona trans es bastante excepcional. O sea, estudio en una universidad, soy dirigenta de un partido, de una organización social, que yo creo que no es la situación que vive la mayoría de las personas trans", reconoce.

Emilia ingresó a la universidad como hombre y ha tenido el apoyo de su familia y amistades en su proceso de cambio.

"La transición no es un proceso que tenga un inicio y un final. Creo que hay una multiplicidad de formas de vivirla. A mí me tocó vivirla con el apoyo de mi familia, de mis amigos y amigas ya estando en la universidad, ya estando involucrada en política", relató.

Quizá por eso, a diferencia de generaciones anteriores, las batallas actuales son más ambiciosas.

"Creo que nos toca convivir con un nuevo Chile que empieza a aceptar estas realidades, a entender estas identidades y el viejo Chile en que todavía hay mucha discriminación, en que todavía da mucho miedo caminar por la calle".