El nombramiento por la unanimidad de sus doce miembros, del ex presidente argentino Néstor Kirchner como el primer secretario general de Unasur, no ha estado exento de polémica, pero también de una significativa carga política para la Unión de Naciones.

Por un lado, los propios argentinos han interpretado que esta podría ser una maniobra del ex presidente Kirchner. Así, esta sería una importante vitrina de exposición internacional, la cual le permitiría obtener réditos locales. En esencia, su nombramiento serviría como plataforma política con miras al proceso presidencial 2011.

Por el otro, derivado el conflicto limítrofe por la instalación de una papelera Botnia-UPN en la ribera de Uruguay, pero en un río de soberanía compartida, el nombramiento ha generado una reacción de parte de los partidos de oposición de dicha nación.

Sin embargo, por sobre las controversias que se hubiera producido por el nombramiento del ex presidente argentino, el que se resolviera este aspecto del funcionamiento de Unasur entrega una potente señal que va más allá de la designación en sí misma.

Unasur necesitaba dar señales claras de seguir avanzando en su consolidación como una verdadera instancia de interacción regional. Es sabido que, de sus doce miembros, solo Bolivia (2008) y Ecuador (2009) la han ratificado, y que Chile, Paraguay, Uruguay y Venezuela están en proceso de hacerlo. A este respecto, solo cuando nueve de sus doce integrantes cumplan con este proceso, Unasur estará en pleno funcionamiento. Así, la elección -que debía ser por unanimidad- era un paso sustantivo en el camino de afianzamiento.

Al mismo tiempo, no cabe duda que la participación de Chile en la reunión fue un importante mensaje, pero no por ello uno claro. Al respecto, previo a ser elegido presidente, el programa de gobierno de Sebastián Piñera, refiriéndose a Unasur, sostenía que “la política regional de los últimos tiempos ha tenido exceso de politización, basada en afinidades ideológicas y personales que a veces nos apartan de los intereses permanentes de nuestro país. Unasur debe demostrar que realmente es una institución que está al servicio de la integración y de los intereses de toda América del Sur, y no puede desviarse y representar solamente intereses de algunos sectores o países”.

Así, no cabe duda de que el nuevo gobierno de Chile está enviando tres mensajes. El primero, que ha resuelto -desde adentro- estudiar cómo Unasur pretende desarrollarse e influir en la región. Esto, sin duda, es una decisión política inteligente. Unasur, por ahora, tiene un claro corte de centro izquierda y es mejor estar que no estar.

El segundo mensaje, es que Chile -mas allá del gobierno de turno- reconoce la proyección e importancia que el Consejo de Defensa Suramericano puede llegar a tener.

Y el tercero, que Chile quiere y debe ser parte del desarrollo institucional de Unasur.