Sana. Las antiguas callejuelas de Saná todavía están atiborradas. Los compradores se mezclan entre sí, los comerciantes pregonan sus mercaderías y los niños juegan en las calles al rugido de motocicletas y bocinas de autos.

Pero hay algo casi completamente ausente en la parte más antigua y pintoresca de la capital yemení: los turistas.

"No hemos tenido clientes por un año y medio", dijo Madeleine Schaffner de Francia, quien junto a su esposo ha administrado un operador turístico por los últimos 12 años.

El secuestro de dos turistas estadounidenses, la semana pasada, por parte de miembros de una tribu cerca de la capital, fue el tiro de gracia para la industria del turismo en el empobrecido país, dijo el guía turístico Mohammad al-Hubaishi.

"Así es, el 99% del turismo se ha detenido como consecuencia de los secuestro", indicó.

"El gobierno necesita tomar medidas más duras. Si estuvieran vigentes, entonces nadie lo haría", señaló.

Hubaishi, quien ha trabajado en turismo los últimos 20 años, fue secuestrado en Shabwa en el 2006, cuando fue tomado como rehén junto a turistas franceses por 16 días, un período extenso para los estándares yemeníes, donde la mayoría de los secuestros duran unos pocos días.

Yemen, que limita con el máximo exportador de crudo del mundo, Arabia Saudita, pasó a ser una de las mayores preocupaciones de seguridad en Occidente cuando el brazo yemení de Al Qaeda se adjudicó un frustrado atentado contra un avión que se dirigía a Estados Unidos en diciembre.

Además, el país está siendo testigo del aumento de la violencia entre las fuerzas del gobierno y los separatistas del sur. En tanto, una tregua alcanzada en febrero con rebeldes chiitas del norte luce frágil.

Los secuestros de extranjeros y yemeníes son comunes en Yemen, donde los rehenes son a menudo usados por miembros de tribus para llevar sus demandas ante las autoridades.

La mayoría de los secuestros son resueltos en días sin que se inflinja daño alguno a los rehenes, pero algunos han terminado de forma violenta.

En un incidente sin explicación, un grupo de nueve extranjeros fue secuestrado en la región norte de Saada en junio pasado, de los cuales tres mujeres - dos alemanas y una surcoreana - fueron halladas muertas tiempo después.

Amantes de Yemén se alejan. La aquejada economía de Yemen está muy necesitada de los ingresos del turismo, que contribuyen al PIB en 3%. El país ofrece a los visitantes ricos sitios históricos, montañas escarpadas y prístinas playas. Pero una serie de incidentes violentos han ahuyentado a muchos.

En 2008, un atacante suicida de Al Qaeda causó la muerte de a cuatro turistas surcoreanos y sus guías yemeníes mientras visitaban Shibam, un sitio declarado Patrimonio de la Humanidad de la Unesco y apodado el "Manhattan del desierto", por sus torres de viviendas del siglo XVI de hasta 16 pisos de alto.

En enero del 2008, hombres armados mataron a dos mujeres belgas; y en julio del 2007, un coche bomba provocó la muerte de siete españoles en Maarib, al este de la capital.

Algunas de las embajadas europeas en Saná trataron de mantener positivos consejos turísticos sobre Yemen el tiempo que les fue posible, según un diplomático, pero el deterioro de la situación de seguridad hizo que esto fuera inviable.

Todavía hay muchos extranjeros en Saná, pero la mayoría son residentes que trabajan en Yemen. Los visitantes que llegan a menudo lo hacen por razones profesionales o familiares.

"Nunca estoy asustada, no sé por qué, pero nunca lo estoy", dijo Segolene Belier, quien estaba de visita por cuarta vez en Yemen y planeaba crear una entidad privada de ayuda.

"Vivo en París y me digo a mí misma que puedo ser víctima de un atentado allí también", explicó mientras tomaba té en un café sobre los límites de la ciudad antigua de Saná.

Restricciones más severas para los visitantes a Yemen, impuestas tras reportes de que el nigeriano tras el intento de ataque en diciembre había visitado el país recientemente, redujeron el número de turistas.

Los británicos solían obtener visas al llegar, pero ahora deben solicitarlas en las embajadas yemeníes en su país.

"Al principio nos afectó. Todas las agencias e instituciones no estaban preparadas para este procedimiento. Ahora es más fácil", dijo Soraya Abu Monassar, gerente general de Burj Al Salam, un popular hotel ubicado en uno de los edificios altos de la ciudad antigua.

La funcionaria dijo que la mayoría de los clientes de su hotel, que cuenta con espectaculares vistas de Saná y de las montañas circundantes, eran profesionales que trabajaban para organizaciones gubernamentales y no privadas.

Para Yemen, donde más del 40% de sus 23 millones de habitantes vive con menos de 2 dólares al día y la mitad de los jóvenes está desocupado, la pérdida de ingresos para una industria de US$900 millones es otro gran golpe.

"Este es un problema muy muy grande para Yemen. Mucha gente trabaja en turismo, es uno de los únicos trabajos aquí", dijo Schaffner.

Cuando se le consultó qué podría hacer para salvar su negocio, se encogió de hombros y dijo: "Esperar, podemos esperar".