Río de Janeiro. Kelly Samantha, de 24 años, dejó la escuela hace nueve cuando detectó el embarazo del primero de sus cuatro hijos, una historia que se repite en forma acelarada en Brasil donde se multiplican los llamados "ni-ni", una alusión a los jóvenes que ni estudian ni trabajan.

Otra historia similar es la de Eva Marcelli Lima,  que en 2010, poco después de enterarse de que estaba esperando un hijo, dejó el octavo año de la enseñanza primaria.

Glaucy Rodrigues Hilário, de 22, interrumpió sus estudios hace unos tres o cuatro años, cuando terminó el octavo curso, y paró de trabajar hace un año, poco antes de quedar embarazada de María Eduarda, que hoy tiene 3 meses.

Las tres jóvenes forman parte de un grupo de cariocas que crecieron significativamente entre los censos realizados por el Instituto Brasileiro de Geografía y Estadística (IBGE) en 2000 y 2010.

Se trata de jóvenes entre 15 y 24 años que ni estudian ni trabajan. En la última encuesta demográfica, los "ni-ni" eran poco más de 157.000, de los 972.856 cariocas (16%).

En 2000, sumaban unos 124.000 o 12,3% de los habitantes en este segmento de edad.

Un estudio del Instituto Pereira Passos (IPP) sobre el mercado laboral, la educación y la juventud en Río de Janeiro reveló que la mitad (48,9 por ciento) de los jóvenes entre 15 y 24 años constituyen la población económicamente activa del municipio, los que están trabajando o buscan un empleo.

También muestra que el desempleo juvenil en la ciudad en 2010 registró una tasa del 17,5%, inferior al 29% en 2000.

Marcelli vive con sus padres en la zona oeste de Río de Janeiro. El padre de su hijo vivió con ella en la casa de su familia, pero hace unos meses volvió a la residencia de sus padres, en Campo Grande, Mato Grosso del Sur (sur de Brasil). En enero último, la chica cumplió 18 años y, animada por un amiga, aceptó un trabajo del cual tenía poca información.

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Sin embargo, fueron sólo cinco días de trabajo. "No dan oportunidades a las personas. A veces miro en el internet, pero se necesita tener la educación primaria acabada y experiencia. Cómo voy a tener experiencia si nunca trabajé. Estoy desmotivada", admite.

Kelly, que vive con su pareja en una casa de apenas una habitación en la colina del Pavo-Pavozinho, en Copacabana, tiene un argumento similar.

"Mi marido trabaja como repartidor de periódicos y pasa los días fuera. Si yo trabajara, a parte de ganar poco, no tendría con quién dejar a mis dos hijos pequeños", dijo.

Glauciane dice a su vez que necesita encontrar una guardería para su hija a tiempo completo para poder volver a trabajar.

"Era muy agotador trabajar y estudiar a la vez. Pero me arrepiento de haberlo dejado. Cuando mi hija crezca, tengo la intención de volver a la escuela e ir incluso a la universidad", senala.

Para los especialistas, sin embargo, las causas del aumento de los "ni-ni"  van más allá de las explicaciones habituales, relacionados con el embarazo o la falta de motivación y apoyo para buscar empleo.

Andrea Ramal, doctora en educación, dice que el hecho de no asistir a la escuela secundaria es uno de los factores que agrava la situación.

"El Censo Escolar de 2011 mostró que dos millones de jóvenes brasileños de entre 15 y 17 años están fuera de la educación secundaria.

Los jóvenes dejan los estudios por una serie de factores, entre ellos la falta de estímulos, la necesidad de obtener una renta, el entorno familiar con baja escolarización y con pocas oportunidades para ampliar el repertorio cultural, baja motivación para el desarrollo personal y la falta de un proyecto de vida, según Ramal.

"Para muchas niñas, el embarazo precoz es también un factor de abandono escolar. Como resultado, en Brasil se constata el crecimiento de esa generación "ni-ni", añade.

Por su baja calificación, estos jóvenes no entran bien en el mercado laboral y, con los años, tienen más dificultad para permanecer.

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Esta generación de jóvenes será, sin duda, imprescindible en el horizonte de crecimiento sostenible para la ciudad, añade.

A pesar del aumento de jóvenes fuera del mercado laboral, la tasa de desempleo medio en Río de Janeiro mejoró significativamente entre los años 2000 y 2010, según el Censo en el municipio.

En Río, según el IBGE, el porcentaje de ocupados en el comercio es similar en las capitales del Sudeste, alrededor del 17% del total de empleados.

Sin embargo, en el caso de la industria de transformación, la proporción de empleos  en Río es mucho menor - 6,3 por ciento-, mientras que en Belo Horizonte y Sao Paulo, el porcentaje se eleva al 9,1 y 11,3, respectivamente.

Las cifras también muestran que Río tiene cerca de dos millones de estudiantes que asisten desde guarderías hasta cursos de doctorado, incluyendo los programas de educación para jóvenes y adultos, y revelan que aumentó considerablemente el porcentaje de niños y jóvenes que asisten a la escuela desde el año 2000.

En aquel año, sólo el 18,1% de los niños de edades comprendidas entre 0 y 3 años estaban matriculados en una guardería. En 2010, la tasa aumentó a 33,9%.

Para niños de entre 4 y 5 años que asisten a la educación de la primera infancia, la tasa mejoró de 70% a 88%. El estudio, sin embargo, muestra que el 23,5% de los estudiantes de primaria tienen dos o más años de atraso en la escuela.

Para Andrea Ramal, varias razones ayudan a explicar esta situación. Y la manera de cambiar eso está en superar los dos factores clave: la enseñanza, volviendo la escuela más interesante, motivadora y eficaz, y las políticas sociales, que tengan un impacto en la reducción de la pobreza y la desigualdad.