Al menos dos muertos y dos heridos fue el saldo que dejó en la noche de este viernes la explosión de una granada en la celda de la Pandilla "18", en el centro penal de San Pedro Sula, Cortés, al norte de Honduras.

Una de las víctimas fue identificada como Veyra Perdomo, una reclusa que estaba en el pabellón junto a la celda de los pandilleros, informaron fuentes policiales.

Herida de gravedad la mujer fue trasldada al hospital Mario Catarino Rivas, donde falleció.

Mientras que al interior de la celda de los pandilleros quedó el cuerpo inerte de Sergio Jair Canales Vindel, alias “El Conejo”.

En el hecho también resultaron heridos los reclusos Carlos Zúniga y Brayan David Sauceda, quienes fueron atendidos por los socorristas del Cuerpo de Bomberos quienes los trasladaron al centro asistencial.

Según fuentes policiales, la explosión se registró entre las 9:00 y las 9:30 PM, cuando la mayoría de los presos dormían.

Al inicio se pensó que un comprensor de los aires acondicionados había explotado, pero después se confirmó que la explosión fue en la celda de los pandilleros.

El cuerpo de Bomberos recibió la llamada de emergencia, pero las autoridades penitenciarias no les permitieron el ingreso a sus elementos, que tuvieron que hacer los trabajos desde el exterior de la cárcel.

Los internos usaron baldes con agua para controlar el fuego dentro de la celda.

Los bomberos no lograron determinar la causa de la explosión, pero según versión de los presos ésta habría sido provocada por una granada.

Las autoridades penitenciarias realizan las investigaciones para esclarecer si la granada estaba en poder de los pandilleros o si les fue enviada en alguna encomienda.

Las cárceles de Honduras son consideradas como una bomba de tiempo debido a sus deplorables condiciones y hacinamiento.

En este mismo centro penal, en 2004, unos 107 reclusos fallecieron durante un voraz incendio, por el cual el Estado fue condenado a pagar una indemnización a sus familiares.

El 31 de mayo del 2013 autoridades del gobierno central tuvieron que reconocer públicamente la responsabilidad por el suceso.