Se trata del proyecto “Los afroargentinos del tronco colonial y la violencia de Estado (1973-1983)”, que encabeza el licenciado en Antropología Pablo Cirio, director de la Cátedra Libre de Estudios Afroargentinos y Afroamericanos de la UNLP.

En diálogo con Télam, Cirio dijo que “los afroargentinos vienen ocupando en la academia la mayor irrelevancia posible ya que ellos fueron objeto sistemático de no-trato. El grueso del cuerpo académico de las ciencias humanísticas poco se interesó”.

“Nuestra obsesión por construirnos o imaginarnos como parte de Europa llevó a obliterar nuestra esencia americana y africana", dijo. “Esto provocó una sistemática acción de borradura de nuestra memoria. La despreocupación sobre qué les pasó entre 1973 y 1983 respecto a la violencia de Estado no fue la excepción y hasta el momento de iniciar mi investigación constituía un área de vacancia”, explicó.

Aclaró que pese a que los casos hasta ahora documentados “atravesaron y atraviesan instancias judiciales, raramente se da cuenta en ellos de la afrodescenencia de las víctimas” y graficó “como en este país todos somos blancos hasta que se demuestra lo contrario, se reproduce así el mito de la inexistencia e irrelevancia de la población afroargentina del tronco colonial”.

Especificó que en la década del `70 no había organizaciones que representen a los afroargentinos y recién en 1986 Enrique Elías Nadal -quien había estado detenido en 1973 y en 1976 hasta que logró exiliarse a Suecia- fundó el Comité Argentino Latinoamericano contra el Apartheid.

Analizó que los militares “se apropiaron de la memoria de los afrodescendientes” y que al hacerlos víctimas del terrorismo de Estado “contribuyeron indirectamente a la acción de borradura que sobre su memoria como comunidad el Estado argentino viene aplicando”.

“Así, a lo largo de los siglos de nuestra historia se ha venido construyendo un relato oficial que minimiza, niega y relativiza la esclavitud local y sus consecuencias, enfatizando, en contrapropuesta, un `natural` vínculo con Europa”, detalló.

Para el investigador, “esta operatoria puede resumirse en la metáfora de un doble certificado de defunción expedido: no fueron incapaces de reproducirse a sí mismos (dimensión biológica) y nada de `sus` prácticas culturales pareció permear a la cultura argentina (dimensión cultural), por lo que la actual conformación identitaria y poblacional del país se halla convenientemente reducida a dos `naturales` raíces: la indígena y la criolla”.

Subrayó que “nuestra negritud fue mal entendida, peor evaluada y nunca investigada, lo que llevó a una total incomprensión de nuestra dinámica histórica respecto a África que aún no ha sido debidamente resuelta”.

Cirio opinó que “nuestra obsesión por construirnos o imaginarnos como parte de Europa llevó a obliterar nuestra esencia americana y africana, pues los pueblos originarios y los afroargentinos del tronco colonial han sido víctimas directas y constantes de este pensamiento y, lo que es más lacerante, capas enteras de población a través de su exterminio físico”.

Al abordar aspectos de la investigación, precisó que “procura contribuir a un mejor conocimiento de la violencia de Estado en la década del `70 atendiendo a la problemática afroargentina, es decir a los argentinos descendientes de esclavizados en este territorio”.

Sostuvo que en la investigación se analizan 11 casos aunque no descartó que la cifra sea mayor, y aseveró que hasta el momento, registró cuatro casos de detención, un caso de detención seguida de exilio, uno de intento de detención seguido de exilio, cuatro casos de detención-desaparición y un asesinato.

A partir del relato en primera persona de quienes estuvieron detenidos y sobrevivieron, junto con el testimonio de familiares directos de las víctimas, el investigador arribó a la conclusión de que el terrorismo de Estado "se ensañó particularmente con los afrodescendientes desatando un plus de dolor motivado por su condición de negros".

"El accionar represivo obedeció a múltiples propósitos y el trato negativamente diferencial que se les propinó está aflorando en las historias de vida documentadas como un dato no menor", afirmó.

Al ser consultado sobre la génesis de la investigación, Cirio contó que “hace muchos años recogí testimonios de una madre y una hija secuestradas por Alfredo Astiz y pensé que sería un caso aislado”.

Sin embargo, aclaró que al ir documentando casos similares “me di cuenta de que había una constante y que el drama encerraba cierta lógica que era posible estudiar desde la perspectiva de los afroargentinos pues tenía particularidades propios respecto al universo de las demás víctimas del terrorismo de Estado”.

Contó que durante la dictadura "no era lo mismo la detención-desaparición de un activista barrial, un empresario, un estudiante de psicología o un líder montonero si, además, era afrodescendiente: había una saña especial en la tortura".

No obstante, remarcó que “no parece que hayan sido víctimas por ser afroargentinos, sino que fueron perseguidos porque mantenían ideales contrarios a los militares” y resumió: “la faceta étnica no constituyó el problema, pero sí contribuyó a agrandarlo”.

"Eso se vincula con el genocidio y desaparición de sus ancestros, que también fueron torturados y asesinados hace siglos", prosiguió y agregó que "en las historias familiares no fue una novedad padecer estas desgracias porque ya se contaba oralmente entre sus ancestros".

El investigador aseguró que le interesa indagar “en la dimensión emocional que para ellos significó estar implicados de este modo, pues les hacía revivir memorias familiares de la desgracia de la esclavitud de sus ancestros, provocando un constante trasvasamiento de dolor que no podía dimensionar otras víctimas contemporáneas”.

Citó también el recuerdo “sobre su reducción a la esclavitud y, en caso de que sobreviviese a la travesía marina rumbo a América, su compra-venta en puertos, la adquisición para su explotación comercial y sexual, su uso como símbolo de estatus para el poder blanco”.

Y agregó que todo ello también los retrotraía a “la prohibición y castigo expreso respecto mantener sus prácticas culturales propias como idioma, religión, música o culinarias; todas acciones de sufrimiento forzoso que el ser víctimas de la violencia de Estado entre 1973 y 1983 no significó una novedad”.