El reflejo del espejo no miente. La mujer a sus espaldas está determinada a aprovechar hasta el último centímetro de su cabello. Divide cada mechón del mismo tamaño y con una liga, estrangula varios gramos de la melena azabache que cuelga hasta la cintura. Carla Quintana se sobresalta al sentir los jalones en su cuero cabelludo. La peluquera se concentra en desmembrar rápido y de un solo tijerazo cada mechón.

-Decidí cortármelo por miedo a que me lo roben -lanza Carla-. Tenía seis años dejándomelo crecer.

En cuestión de semanas, el tema de los "roba pelos" ha pasado de ser un chiste de sobremesa a causar pánico en las mujeres que ostentan largas y sedosas cabelleras. Sobre todo en Maracaibo, donde se han reportado varios casos de víctimas de "las pirañas", una banda que se supone se dedica a robar melenas con tijeras de podar -o picos de botella- para venderlas en el mercado negro de las extensiones de cabello natural.

También se han escuchado de casos en Maracay y Caracas. Pero como las autoridades policiales de la capital y el subdirector del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (CICPC) marabino, Douglas Rico, han declarado que no han recibido denuncias, muchos piensan que se trata de una leyenda urbana. Una distracción inventada por los medios.

El presidente Nicolás Maduro pidió investigar a estas presuntas mafias zulianas que están haciendo "una guerra psicológica en todo el país". "¿Qué agresión es esa? Las muchachas son sagradas. Vamos a capturar a esa gente y vamos a legislar. Nos tienen que proponer la nueva legislación para prohibir eso", exhortó el mandatario.

Mientras se diseña una normativa específica (no existe en la legislación venezolana una penalidad para el robo de cabello), algunos abogados han tipificado este acto como delito de violencia privada o de robo impropio (artículos 175 y 456 del Código Penal) para los cuales se prevén penas de hasta 12 años de prisión. Además, la Ley Orgánica sobre el Derecho de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia establece en el artículo 42 que aquel que cause daño físico a una mujer será sancionado con prisión de seis a 18 meses.

La peluquera ya comenzó a cortar en tajadas la melena azabache de Carla. Ella sigue con los ojos cerrados pero sus labios dejaron de temblar. Nunca, en sus 18 años de vida, había sufrido tal mutilación. Su esposo, adolescente como ella, observa todo desde la sala de espera. Ya se ha mordido casi todas las cutículas de su mano derecha. Con cada tijerazo, se tapa la cara.

-No puedo creer que le estén quitando el pelo. Es un cambio muy arrecho. Pero así nadie la va a joder en la calle.

Hasta el momento no hay detenidos por estos robos. Pero el mercado de cabello humano se alimenta de esta tragicomedia colectiva. Por los varios mechones que le cortaron a Carla, la peluquería Ivo Stylos -especializada en comprar, vender y colocar extensiones naturales- pagó menos de dos mil bolívares (unos US$317,6). Una cola de cabello similar vendida por "las pirañas" en el mercado negro, reseña la prensa, se cotiza en más del doble.

Y lejos de verse afectados por la historia de los roba pelos, los comerciantes se han beneficiado. "Antes venían una o dos chicas al día para vender su cabello. Ahora llegan hasta 15. Lo venden por el temor de que se lo roben en la calle", dice Ivo Contreras, el propietario de este local en Caracas y famoso por ser el estilista oficial del Miss Venezuela desde hace doce años.

En su centro estético sólo compran las melenas que ellos mismos podan, nunca las que llegan a ofrecerles. De esta manera garantizan que el producto no contenga fibras sintéticas. De allí los precios de las extensiones: desde 1.500 (US$238) hasta 40.000 bolívares (US$6.352), dependiendo del largo y de la calidad. Pero la belleza se paga y su salón suele llenarse con al menos cinco mujeres que van cada día a colocarse una melena postiza. Ahora, si se trata de una miss, la estadística se multiplica a la ene potencia. "De 32 aspirantes en el reality show televisivo, 30 tienen extensiones naturales", confiesa el estilista.

Las cifras de cuánto mueve el mercado de venta de cabello natural en el país no son públicas. La Cámara Venezolana Profesional de Peluquerías se negó a precisar este dato y evitó declarar sobre cómo les ha impactado el tema de los roba pelos.

En las entrañas del antiguo Teatro Ayacucho, postrado frente a la Asamblea Nacional, conviven junto al antiguo cine (el primer teatro-cine construido en América del Sur) cuatro modestas peluquerías que se dedican a colocar melenas postizas. Como en esta mañana no hay clientes, la peluquera -que en "temporada alta" cobra 600 bolívares (US$95) por la mano de obra- se ofrece a hacer el tour por las tiendas donde venden las extensiones naturales más cotizadas.

-Son las mejores, 100% naturales- promete. ¿De qué largo lo quiere?

Sale del centro comercial y a pocos metros, penetra en un pasillo donde gritan los compradores de oro y el reggaetón. Al final, aparece un local imponente forrado con mechones que cuelgan de arriba a abajo de la pared. Rubios claros, rubios oscuros, rubios con mechitas, castaños claros, oscuros, negros claros, azabaches. Largos, medio largos, cortos.

-Este castaño de 22 pulgadas de largo rinde porque viene en dos cortinas, más de un metro de ancho - precisa el vendedor. Son 4.800 bolívares (US$762). Tiene que decir en el paquete "human hair" porque te pueden estar vendiendo natural, pero de caballo.

- Hermoso. Sí, te alcanza perfecto. Mira cómo te da volumen. Las extensiones naturales duran más porque las puedes teñir y secar cuantas veces quieras. Las artificiales en la primera teñida se ponen como un palo de escoba- advierte Carmen, la del tour.

Carla y su esposo tardaron una semana en tomar la decisión. Una amiga les comentó que en esa peluquería compraban cabello, pero dudaron varias veces. Esta mañana salieron desde su casa en Las Adjuntas a hacer diligencias y sin planificarlo mucho, se bajaron en la estación de metro Chacaíto. Entraron en Ivo Stylos, le ofrecieron 1.500 bolívares (US$238) por la melena y accedieron.

-Me parece poco dinero por el tiempo que invertí en dejármelo crecer. Pero ya estoy aquí- se lamenta Carla.

El robo de cabello no es una modalidad inédita en Venezuela o en otros países. Desde finales del año pasado comenzaron a reseñarse casos en los medios marabinos y desde mucho antes, se reportaron denuncias en medios colombianos como El País de Cali y Kienyke.com o argentinos como Infobae y La Razón. Otros países como Brasil, Ecuador, Perú, México, Cuba y República Dominicana también reportaron esta práctica delictiva. Hace dos años, una ola de asaltos de extensiones naturales valoradas en cientos de miles de dólares extraídas de peluquerías de Chicago, Filadelfia y Houston alertaron al FBI.

En Estados Unidos, cada paquete de extensiones naturales puede costar hasta mil dólares. Y en Inglaterra, donde también causa estragos esta moda, las empresas de extensiones facturaron unos US$90 millones el año pasado.

Lucir un cabello largo se ha consolidado entonces como un estilo muy cotizado. "Es un símbolo de feminidad y belleza. Un recurso de sensualidad. Toda mujer linda debe tener una linda cabellera", explica el psicólogo social y docente universitario Leoncio Barrios.

Estos patrones femeninos de belleza están muy acentuados en un país como Venezuela, donde la cabellera larga y lisa se ha convertido en un código cultural, señala Barrios. "La preocupación fundamental de una mujer venezolana invitada a una reunión social es ir antes a la peluquería. El peinado es su carta de presentación. Aquí hay todo un mercado diseñado sólo para atender el cabello". Cortarlo para robárselo, refiere el especialista, sería un acto de mutilación a la feminidad. "Una agresión sexual comparada con la violación", sentencia.

Eliana Leal tiene 32 años y se siente ultrajada. Recuerda perfectamente el día y la hora cuando le sucedió: 24 de mayo de 2013, 6:30 pm. Iba camino a su casa, situada al oeste de Maracaibo. Hizo una parada en el abasto, compró cinco paquetes de harina pan, y una cuadra antes de llegar donde vive con sus dos hijos, vio cómo un par de motorizados la rodeaban.

-Contra la pared, dame los cobres, me dijeron. Uno se bajó, partió una botella, me agarró el cabello y comenzó a picarlo con el pico. Yo gritaba y él me decía, ¿qué quieres, que te mate?

El pico de botella no funcionó. Entonces el otro motorizado sacó una tijera y se la dio. Se llevaron la cola de cabello y los cinco paquetes de harina pan, mientras ella gritaba auxilio.

-¡Ayúdenme, me atracaron, se llevaron mi pelo!, grité. Una vecina salió y me ayudó a llegar a mi casa. Al verme, mi hijo de cinco años me preguntó: mami, ¿por qué te hicieron eso?

En Maracaibo, asegura, casi todas las mujeres lucen el cabello largo. Pero desde hace unas semanas, se amarran la melena con una media panty con un moño. Eliana no quiso denunciar el robo en su momento. Tampoco piensa hacerlo ahora. Pero accedió a contar su historia con la esperanza de que no siga sucediendo. Jura que jamás se lo dejará crecer por debajo de los hombros, como lo tenía antes, casi hasta la cintura. La apodaban Pocahontas.

La peluquera está cortando el último mechón de Carla. Su esposo ya no se muerde las uñas y el espanto desapareció de su rostro.

-Es un cambio fuerte pero quedó bella- dice aliviado.

Carla se levanta, se quita la bata por la que resbaló por última vez su cabellera, y se mira al espejo. Sonríe, todavía nerviosa. Voltea buscando a su esposo y se acerca. Él le pasa la mano por el cuello, ahora descubierto, y la saca de allí.