Puerto Príncipe. Líderes mundiales comprometieron su ayuda para reconstruir al devastado Haití después de que las Naciones Unidas se refirieran a la catástrofe como la peor crisis humanitaria en décadas.

Sin embargo, en las calles de la destruida capital, los sobrevivientes al terremoto seguían esperando el domingo lo más básico: alimentos, agua y medicinas.

Cinco días después de un terremoto que podría haber dejado hasta 200.000 muertos, equipos de rescate internacionales seguían hallando gente viva bajo los escombros de edificios derrumbados en Puerto Príncipe.

Cientos de miles de haitianos con hambre esperaban desesperadamente la ayuda, pero problemas logísticos mantenían la mayor parte de la asistencia lejos de las víctimas, muchas de las cuales se refugian en campamento en las calles llenas de escombros y cuerpos en descomposición.

"Voy con un corazón muy grande. Esta es una de las peores crisis humanitarias en las últimas décadas. Los daños, la destrucción, la pérdida de vidas es abrumadora", dijo el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, mientras abordaba un vuelo con destino Haití el domingo.

Las Naciones Unidas brindaban alimentos a cerca de 40.000 personas en el país y esperan incrementar la cifra a un total de un millón por día, señaló.

"El desafío en este punto es cómo coordinar toda esta asistencia. No debemos desperdiciar un sólo ítem, un sólo dólar", dijo Ban.

Ante la generalizada ausencia de autoridad, saqueadores recorrían las tiendas colapsadas en el principal paseo comercial de la ciudad, ahora destruido, portando ropas, bolsas, juguetes y cualquier cosa que pudiesen hallar.

Se desataron enfrentamientos entre grupos de ladrones que portaban cuchillos, picahielos, martillos y rocas.

Muchos haitianos huían de la ciudad a pie con maletas en sus cabezas o en abarrotados autos tratando de llegar al campo para escapar de las réplicas y de la violencia, y conseguir alimentos, agua y refugio.

Otros abarrotaban el aeropuerto con la esperanza de subir en aviones que salían llenos de haitianos.

El Gobierno entregó a Estados Unidos el control del aeropuerto principal del país para guiar los vuelos de ayuda proveniente de todo el mundo.

Disparos y gases. Pero en las calles de la ciudad, donde las pocas patrullas de la policía lanzaban gas lacrimógeno y algunos tiros al aire para dispersar a los saqueadores, la distribución de ayuda parecía ser al azar, caótica y mínima. En el centro, era posible ver a jóvenes portando armas.

La gente se apilaba y peleaba por comida y agua, la que era arrojada en cajas desde helicópteros estadounidenses. Un reportero también vio a trabajadores de ayuda internacionales lanzando paquetes de comida a haitianos desesperados.

"La distribución es totalmente desorganizada. No están identificando a la gente que necesita el agua. Los enfermos y los viejos no tienen posibilidades", dijo Estime Pierre Deny, parada atrás de una multitud que buscaba agua con contenedores plásticos vacíos.

La misión de Naciones Unidas responsable por la seguridad en Haití perdió al menos 36 de sus 9.000 miembros cuando su sede central se derrumbó. Naciones Unidas confirmó que el jefe de su misión, Hedi Annabi de Túnez, y su segundo al mando, el brasileño Luiz Carlos da Costa, murieron en el terremoto.

Más rescates entre escombros. Las secuelas del sismo siguen afectando la capital, aterrorizando a los sobrevivientes y derribando escombros y polvo desde las construcciones.

Tres personas fueron rescatadas con vida de un supermercado en la mañana del sábado. Equipos de Estados Unidos y Turquía rescataron a una niña de 7 años, a un hombre y a una mujer estadounidense desde las ruinas de un edificio de cinco pisos, dijo un fotógrafo de Reuters.

El sábado, un equipo ruso rescató a dos niñas haitianas con vida de entre las ruinas de una casa.

Camiones cargados con cadáveres han estado transportando los cuerpos a fosas comunes excavadas con rapidez en las afueras de la ciudad, pero se cree que miles de víctimas aún están sepultadas bajo los escombros.

El ministro del Interior, Paul Antoine Bien-Aime, dijo que cerca de 50.000 cuerpos han sido recolectados y que la cifra final de muertos podría estar entre 100.00 y 200.000.

Decenas de cuerpos hinchados aún estaban tirados en el suelo afuera del principal hospital de la ciudad, descomponiéndose al sol. Los jardines del centro médico tenían montones de camas con heridos, mientras los sueros colgaban de los árboles y las cañerías.

El debilitado gobierno haitiano está en mala posición para afrontar la crisis. El sismo destrozó el Palacio de gobierno y dejó a la ciudad sin comunicaciones ni energía eléctrica.

Preval y el primer ministro Jean-Max Bellerive están viviendo y trabajando en el cuartel general de la policía judicial.

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