No es leyenda, pero tiene su aura. Cuando David G. Neeleman era el CEO de la aerolínea estadounidense JetBlue, siempre volaba en un asiento de la fila 27, la última de sus Airbus 320. En la fila 27 los asientos no son reclinables. Mormón, padre de nueve hijos y tres líneas aéreas, el paulista Neeleman tiene por costumbre sorprender. Por ello las versiones de que se apresta a comprar la aerolínea portuguesa TAP y JetBlue (el ejecutivo está fuera de ella desde 2008), en US$3.200 millones, con US$600 millones aportados por el BNDES, parecen verosímiles. En particular porque TAP está siendo privatizada y no es un secreto que el gobierno brasileño preferiría que no fuera Avianca la compradora, sino una compañía brasileña, y Neeleman la tiene: Azul Líneas Aéreas, que facturó US$1.800 millones en 2012 y evalúa lanzar una IPO en São Paulo y Nueva York antes de fin de año. El empresario, en declaraciones al diario Folha, lo niega:”No es verdad que yo vaya a comprar TAP o JetBlue”. Los suspicaces dicen que las compraría mediante un fondo privado en que Neeleman tiene el 5%, y el resto lo pondrá un club de magnates locales.

“Sea cual sea la empresa que compre TAP, va a tener un posicionamiento importante en el mercado internacional”, comenta Marcos Barbieri, profesor del Instituto de Economía de la Universidad de Campinas (Unicamp). 

Después de la quiebra de Varig, la empresa que más creció con su desguace fue la portuguesa. La adquiera o no, Neeleman se da mañas para estar en el candelero: en julio inició una campaña conjunta con el fabricante de juguetes Playmobil por medio de la cual los pasajeros de algunos vuelos reciben los famosos muñecos. Para que sus sueños despeguen con ellos.